¿Se acabarán las protestas en Chile tras el referéndum constitucional?

El profesor Gilberto Cristian Aranda analiza las posibilidades de cambio en el país latinoamericano tras la histórica votación

Los chilenos salieron a la calle para celebrar que habrá una nueva ConstituciónDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

¿Cree que la aprobación en referéndum de una nueva Constitución va a cambiar el sistema político de Chile? ¿Está convencida la mayor parte de la clase política de la necesidad de hacer cambios en el sistema?

La clase política nacional experimenta una alta desaprobación ciudadana, y los movimientos sociales -que no tiene liderazgo visible- operan completamente divorciados de la élite política. El acuerdo de noviembre del año pasado para un plebiscito constitucional fue resultado de un acuerdo del mundo político, una parte convencido de la urgencia de un cambio, y otra presionado por la efervescencia de una situación en descontrol de la calle. La eventual aprbación del referendo puede abrir una etapa de cambios profundos, que sin embargo no están garantizados. Va a depender, en primer lugar si se trata de una vía constituyente mixta (mitad congresistas y mitad electos especialmente) o si se trata de una convención constituyente con 155 miembros electos directamente por medio del voto ciudadano. Pero incluso en este último caso depende de quienes sean elegidos, si se trata de una mayoría que desea realizar ajustes a un sistema, básicamente para corregir los abusos, o si se trata de quienes quieren avanzar a un sistema representativo de la diversidad y, sobretodo una constitución que instituya un Estado social de derecho, dejando atrás la noción de Estado subsidiario, legado de la dictadura cívico militar.

¿Las protestas van a continuar después del referéndum? ¿Qué demanda ahora la gente?

El ciclo de protestas podría amainar con el resultado del referendo, más no culminar. La legitimidad y respeto por los resultados va a depender de dos factores: la cantidad de gente que vote -un baja en el caudal electoral merma la fortaleza de la decisión- y el porcentaje de diferencia entre el rechazo y el apruebo. Las demandas son variopintas -fin de abusos, hartazgo con la corrupción, un sistema social incluyente- y continuarán expresándose en la protesta pacífica hasta con métodos violentos por parte de grupos anti sistema poco interesados en el referendo. Pronostico que el ciclo de movilizaciones proseguirá, con distinta intensidad, al menos que se apruebe una nueva constitución y se elija un nuevo gobierno. Es decir finales de 2021.

¿Por qué todos estos años Chile ha sido un país estable?

Chile fue un país estable en gran parte de la post Guerra Fría, pero no todo el período. Durante los primeros quince o veinte años, las altas tasas de crecimiento y las promesas de una vida mejor encontraron eco en gran parte de la población. Es evidente que el país progresó en aspectos materiales como la infraestructura o la tecnología, pero no fue un cambio parejo, incrementándose la brecha social entre los que más y los que menos tienen. Pero el desencanto se hizo evidente al final de la primera década del siglo XXI y las condiciones para un estallido o rebelión se fueron concatenando. El ciclo de protesta tuvo un primer brote en 2006 con los secundarios, en 2011 con los universitarios y en 2018 con las movilizaciones feministas. Se han sedimentado frustraciones con las promesas de una democracia moderna, adicionando las demandas post modernas de una sociedad diversa que exige equidad en identidades de diverso tipo. La desafección sistémica podría haber sido un caldo de cultivo para una vía populista, pero no hay liderazgos mayoritarios. En consecuencia, la movilización ha seguido expresándose de diversas formas y al menos continuará un año más, dependiendo de los resultados de las distintas fases del período electoral que comienza el domingo.

¿Saldrá reforzado el Gobierno de Piñera o por el contrario quedará más debilitado pase lo que pase el día de la votación?

Con una participación masiva con tasas superiores al 60% significa en primer lugar que se invierte la tendencia decreciente y que la ciudadanía ha logrado conectarse con el tema constitucional, que recordemos originalmente no estaba ni en los peores pronósticos del gobierno actual. Si el apruebo supera por un amplio margen (dobla por ejemplo) al rechazo, el gobierno quedará en una posición incómoda, ya que a pesar que no haber abrazado oficialmente el rechazo, tampoco se plegó al apruebo. Esa es la opción de una fragmentada oposición -de las pocas cosas que tiene en común-, y de sectores de una derecha más liberal que aspiran a dotar con mayores rangos de legitimidad a un sistema que perdió parte relevante de la credibilidad ciudadana.