El Estado Islámico está lejos de ser derrotado un año después de la muerte de Bagdadi

Ha sabido adaptarse a las circunstancias y opera ya en 20 países, según reconoce Estados Unidos

El fallecido líder yihadista Abu bakr al Bagdadi/ Europa Press
El fallecido líder yihadista Abu bakr al Bagdadi/ Europa Press

Un año sin Abu Bakr Bagdadi, califa del Estado Islámico (ISIS, Daesh) y de su portavoz, Abu Hassan al Mujahir, muertos como consecuencia de una operación militar estadounidense. Pasados doce meses, ¿la banda yihadista está más débil, se ha resentido de la pérdida de sus cabecillas? La respuesta, lamentablemente, tiene que ser negativa.

El Estado Islámico ha demostrado que sabe adaptarse a las circunstancias y, bajo el liderazgo de un misterioso Ibrahim Hashimi, que no ha aparecido en público ni ha lanzado ningún mensaje, mantiene la actividad terrorista sobre todo en las “wilayas” (franquicias) en las que está implantado (Irak, Siria, Afganistán, Sahel...).

Recientemente, en su semanario oficial, “Al Naba”, recogían una información facilitada por EE UU en la que se admitía que el Estado Islámico ya está presente con sus atentados en 20 países.

“Estados Unidos reconoció nuevamente que el Estado Islámico continúa su expansión y actividad en el mundo a pesar de las guerras que se libraron en su contra. Así lo admitió Christopher Miller, director del Centro de Antiterrorismo estadounidense durante una audiencia antes el Comité de Seguridad Nacional del Congreso”.

Los terroristas se mostraban entusiasmados de que se les reconociese que “han demostrado su capacidad para recuperarse de las pérdidas a lo largo de los años, gracias a un cuadro de líderes veteranos de grados medios y redes secretas”.

Gran versatilidad

No es oro todo lo que reluce, pero es verdad que el Estado Islámico está muy lejos de estar derrotado y que ha acreditado una gran versatilidad para acomodarse a las circunstancias de cada momento.

Cuando apareció el coronavirus, tuvieron unos momentos de dudas (llegaron a dar consejos sanitarios para no contraerlo), pero rápidamente lo convirtieron en un “castigo de Alá” contra los occidentales por oponerse al Islam. Como si a ellos no les amenazara la pandemia.

Lo mismo ha ocurrido con la estrategia “militar”. En números sucesivos de “Al Naba” explicaron lo que era un tratado de guerra de guerrillas, de dar golpes de mano y desaparecer. Lo pusieron en práctica, en especial en las franquicias donde están más asentados y les ha dado resultados. Combinan la rapidez y la sorpresa con una brutalidad extrema y se retiran de los lugares atacados antes de que los ejércitos regulares les puedan interceptar.

“Cibercalifato”

Siendo relevantes estas actividades criminales, el Estado Islámico concede una gran importancia a su “cibercalifato” que, día a día, de forma machacona y tenaz, difunde, a través de las redes sociales, mensajes, vídeos y proclamas dirigidas a musulmanes de occidente para que se conviertan en actores “lobos” solitarios.

El mensaje que hace unos días les lanzaba el nuevo portavoz de la banda, Abu Hamza Qurashi, era claro y directo: “Si no puedes detonar una bala, no puedes apuntar al americano o al infiel francés, o a cualquiera de sus aliados, bombardéale la cabeza con una piedra; o atropéllale con tu auto; o tírale de una torre; o ahógalo; o envenénalo; o quema su casa, coche o o comercio; o destruye su agricultura... luego escupirle en su cara.”

El efecto de esta propaganda, sobre todo entre personas vulnerables por falta de formación o en situaciones económicas precarias, es demoledor.

La opinión pública no da la importancia que tienen las operaciones de las Fuerzas de Seguridad para detener a difusores y captadores del Estado Islámico, pero, si no se les impidiera operar, los atentados en Occidente serían tan numerosos que la población viviría aterrorizada.

Disciplina y terror

Una de las constantes del Estado Islámico a lo largo de este año ha sido la de obligar a los combatientes a que juren fidelidad, mediante una fórmula impuesta, al nuevo “califa”, al que sólo conocen por su nombre. En una organización tan disciplinada (a base de terror y purgas) no ha sido muy difícil obtener esas adhesiones inquebrantables al jefe.

Los expertos se preguntan sobre cuánto tiempo podrá el Estado Islámico mantener a Hashimi en las tinieblas. Hay discrepancias, desde los que dicen que su nombramiento es provisional hasta los que opinan que es un líder consolidado. La realidad es que Daesh funciona sobre la base de unas referencias generales, aceptadas por todos, para volver a implantar un “califato”, que esta vez debería tener una dimensión mundial. Y que esté gobernado por la Sharia (la interpretación más rigorista del Islam).

La banda yihadista es uno de los grandes peligros que acechan a occidente, aunque la opinión pública no lo interiorice como tal. No basta con horrorizarse cuando un profesor es decapitado en plena calle, cerca de su colegio; hay que luchar para que un mal, que está ya entre nuestra sociedad, no se extienda. Todos los esfuerzos humanos y económicos son pocos contra quienes tratan de imponer sus tesis mediante el crimen y la destrucción.