Jill Biden, la antítesis de Melania Trump

La esposa del presidente electo podría convertirse en la única Primera Dama con un trabajo remunerado fuera de la Casa Blanca

A sus 69 años, Jill Biden, casada desde 1977 con el presidente electo Joe Biden, va a convertirse en enero en primera dama. sucediendo así a Melania Trump.

Pero no parece que tenga intención de abandonar su carrera, como tampoco lo hizo cuando su marido fue vicepresidente con Barack Obama y siguió dando clase de inglés en el Northern Virginia Community College. De una manera tan discreta, dicen, que muchos de sus alumnos ni siquiera sabían quién era su marido, que la conocían como “Doctora B”.

Cuando se instale en la Casa Blanca, Jill Biden pretende seguir enseñando a los estudiantes del centro de formación profesional donde trabaja, lo que la convertiría en la única primera dama de la historia de Estados Unidos con un trabajo remunerado fuera de la Casa Blanca.

La esposa del futuro presidente se define a sí misma como “educadora de por vida” en su perfil de Twitter. Doctorada en Educación de la Universidad de Delaware en 2007, no solo no quiere dejar su trabajo, sino que piensa aprovechar su situación para mejorar las condiciones de enseñanza y la calidad de vida del profesorado. No en vano ha demostrado en esta campaña ser mucho más que una acompañante y ha actuado como consejera, especialmente en temas de educación e inmigración.

Jill Jacobs nació en junio de 1951 en el estado de Nueva Jersey, pero se crió en Filadelfia. Madre de una hija con el candidato demócrata, Aschley, nacida en 1981, educó como propios a los dos hijos mayores de su marido, Beau y Hunter, huérfanos de madre debido a un trágico accidente. Biden no fue su primer marido. Se casó con apenas 18 años con Bill Stevenson, un jugador de fútbol de su universidad. Juntos llegaron incluso a abrir un bar, pero se separaron cuatro años después.

Conoció a Joe durante una cita organizada por la hermana de él, tres años después de que el recién elegido senador por Delaware perdiera a su esposa Neilia y a su hija pequeña Naomi en 1972. Una relación que avanzó despacio y de la que Biden recuerda los comienzos de vez en cuando en algún acto público. Dos años y cinco propuestas de matimonio le costó que Jill aceptara casarse con él. “Ella me devolvió a la vida”, dice.

Jill tiene muy claro que su marido puede curar las heridas del país. Y ha estado a su lado durante la campaña, mostrando fuerza en sus discursos y fuera de ellos, cuando durante un acto protegió a Joe de un grupo de manifestantes.