El niño soldado que se convirtió en jefe rebelde y ahora es condenado por sus crímenes

Dominic Ongwen fue secuestrado por el LRA de Joseph Kony cuando tenía 9 años y se convirtió en sanguinario comandante

Dominic Ongwen, juzgado por el TPI por crímenes de guerra
Dominic Ongwen, juzgado por el TPI por crímenes de guerra FOTO: TPI TPI

Dominic Ongwen apenas se inmutó esta mañana cuando la Corte Penal Internacional (CPI) le declaró culpable de 61 crímenes de guerra y de lesa humanidad en Uganda entre 2002 y 2005. Tras cinco años de juicio, el excomandante ugandés del sanguinario Ejército de Resistencia del Señor (LRA), el grupo de Joseph Kony, podría enfrentarse a una cadena perpetua.

Ante el tribunal se han enumerado todos los crímenes de los que es responsable con más de 250.000 víctimas directas e indirectas. Atrocidades que nadie querría oír: los ataques del LRA a los campamentos para civiles desplazados en el norte de Uganda a principios de la década de 2000, el abuso de Ongwen a mujeres obligadas a ser sus “esposas”, asesinatos, torturas, persecuciones, esclavitud, embarazos forzados y reclutamiento de niños soldado. Esos crímenes de guerra que el tribunal internacional ha oído demasiadas veces en demasiados casos.

Ser víctima no es exculpatorio

Pero en este juicio hay una circunstancia que no es común. Antes de verdugo, Dominic Ongwen, de 40 años, fue víctima: con tan solo nueve años fue secuestrado por la milicia y obligado a convertirse en niño soldado. Recibió entrenamiento militar con oficiales del LRA y se convirtió él mismo en comandante y, según dicen, de los más crueles.

El juez, sin embargo, lo ha tenido claro: ser víctima antes no justifica lo que hizo. En la sala se han examinado los actos de Ongwen como adulto plenamente responsable. No están de acuerdo sus abogados, quienes describen a su defendido como un hombre mentalmente dañado que fue despojado de su libre albedrío durante años de brutalidad en las filas del LRA después de ser capturado camino a la escuela. “Ongwen es una víctima y no una víctima y un verdugo a la vez “, insisten.

Para los fiscales, Ongwen fue “una figura fundamental en la campaña de terror del LRA en el norte de Uganda a principios de la década de 2000”. Y consideran que tomaba decisiones independientes de Joseph Kony, quien libró una guerra brutal en Uganda y otros tres países para establecer un estado basado en los Diez Mandamientos de la Biblia.

Cinco “esposas”

De todos los crímenes, el relato de los abusos que cometió a mujeres ha conmovido especialmente a los presentes en la sala. Y es que Ongwen tenía siete mujeres y nombró esposas a cinco de ellas. Todas ellas sufrieron palizas ordenadas por el comandante y algunas de ellas terminaron “inconscientes, incapaces de caminar y con cicatrices permanentes”, según se ha contado en el juicio. Es la primera vez que la CPI considera culpable a un acusado por embarazo forzoso.

Ahora, declarado culpable, aguarda en el centro de detención de la Corte Internacional la vista que decidirá de cuántos años será su condena.

Qué es el LRA

El Ejército de Resistencia del Señor (LRA) es un grupo rebelde armado dirigido por Joseph Kony. Formado alrededor de 1987, primero luchó contra el gobierno de Uganda en el norte del país, al tiempo que realizaba incursiones en Sudán del Sur. Las operaciones militares de las fuerzas gubernamentales obligaron al grupo a abandonar Uganda entre 2005 y 2006. Después de eso, el LRA se convirtió poco a poco en una amenaza regional, operando en zonas fronterizas del sur de Sudán, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana. Human Rights Watch documentó el asesinato de más de 2.600 civiles y el secuestro de más de 4.000 cometidos por el LRA entre 2008 y 2012 en el noreste de la República Democrática del Congo, la República Centroafricana y Sudán del Sur. Más de 400.000 personas han sido desplazadas de sus hogares en esta región como resultado de los ataques del LRA.
A lo largo de su historia, este grupo ha sido culpable de numerosas atrocidades, incluidas masacres, ejecuciones sumarias, actos de tortura, violación, saqueo y trabajos forzados. La brutalidad del LRA contra los niños ha sido particularmente terrible. El grupo reconstituyó sus filas secuestrando niños, entrenados e involucrados a la fuerza en operaciones militares, mientras las niñas se convertían en esclavas sexuales, ejerciendo un control total sobre estos jóvenes a través de amenazas, violencia y manipulaciones.
Si bien el grupo se ha debilitado en los últimos años, los combatientes del LRA continúan lanzando ataques a menor escala en el noreste de la República Democrática del Congo y la República Centroafricana.