La mecha del antisemitismo vuelve a arder en Alemania

Jueces y policías se preguntan dónde comienza el antisemitismo y cuándo es una mera crítica al Gobierno israelí

Una mujer con bandera de Israel junto a agentes de policía asiste a un mitin denominado 'Solidaridad con Israel y contra el antisemitismo' frente a la Puerta de Brandenburgo en Berlín, Alemania, el 20 de mayo
Una mujer con bandera de Israel junto a agentes de policía asiste a un mitin denominado 'Solidaridad con Israel y contra el antisemitismo' frente a la Puerta de Brandenburgo en Berlín, Alemania, el 20 de mayo FOTO: FILIP SINGER EFE

Quema de banderas de Israel, pancartas con insultos, piedras arrojadas a las sinagogas. El conflicto en Oriente Medio ha vuelto a encender en Alemania la mecha del antisemitismo. Un país donde la presencia hebrea se remonta hasta hace 1.700 años y donde los avatares de la historia, 75 años después del Holocausto, arrojan una especial sensibilidad hacia el trato a esta comunidad.

Miles de personas se manifestaron en diversos puntos de Alemania durante los últimos días y en muchos se repitieron diferentes escenas que han devuelto a la sociedad germana una única pregunta: ¿por qué es tan difícil trazar una línea entre las críticas a la política israelí y el antisemitismo? Numerosos incidentes alimentan el debate. En Wurzburgo, un desconocido arranca una bandera israelí de un mástil y la destroza. En Bonn, varios hombres rompieron los cristales de una sinagoga. El pasado fin de semana, numerosos manifestantes corearon en Berlín: “Israel asesino de niños” e “Israel asesina mujeres”. Unos actos hacia los que el Gobierno alemán se mostró inflexible. “La gente ha salido a la calle a protestar contra Israel. El derecho a la protesta es parte de la democracia pero los que usan esas protestas para cultivar el odio abusan del derecho a manifestarse”, advirtió hace unos días el portavoz del Gobierno, Steffen Seibert. “Eso nos enoja y es vergonzoso para nosotros”, añadió.

No fue el único. El copresidente del Partido Socialdemócrata (SPD), Norbert-Walter Borjans, habló de “tolerancia cero”, la líder verde Annalena Baerbock de “imágenes terribles” y Armin Laschet, el jefe de la Unión Cristianodemócrata (CDU) -el partido de la canciller-, dijo que el antisemitismo debe ser condenado “de la manera más enérgica, sin importar de quién venga”.

Sin consenso sobre los castigos

No obstante, parece que las advertencias han caído en saco roto y de ahí que Charlotte Knobloch, una de las personalidades más escuchadas de la comunidad judía en Alemania y sobreviviente del Holocausto, haya exigido a las autoridades que se limite la libertad de reunión cuando se cuestiona el derecho de Israel a existir. La pregunta que resuena en diferentes esferas es, ¿cómo se podría castigar el antisemitismo en Alemania? Hay varias sugerencias pero apenas consenso y aunque todos los juristas apuntan al Código penal, tal y como defienden varios políticos, actualmente no hay ningún plan en el Gobierno federal para endurecer la Ley, según dijo el pasado lunes un portavoz del Ministerio del Interior.

Esencialmente, se pueden castigar cuatro posibles delitos: insultos, sedición, propaganda y la llamada “denigración del Estado y sus símbolos” que prohíbe quemar banderas. Además, en abril entró en vigor una ley que tiene como objetivo perseguir el antisemitismo de manera más consistente. Los actos antisemitas se consideran ahora “motivos punitivos” pero, en realidad, los jueces e incluso la policía se enfrenta todavía a una pregunta: ¿dónde comienza el antisemitismo y cuándo es una mera crítica al gobierno israelí? La aplicación suele ser difícil ya que, en palabras de la abogada Vladislava Zdesenko, “el antisemitismo a menudo se disfraza como una deslegitimación de Israel” y añade que el párrafo sobre la sedición está formulado de tal manera que se protege a los grupos étnicos y religiosos, pero no a los ciudadanos de un estado. Una circunstancia que para esta letrada se evitaría modificando la ley lo que, por el momento, no está en los planes del gobierno de Angela Merkel, aunque el Gabinete federal sí aprobó la semana pasada una propuesta de reglamento que castiga los llamados “insultos” como mensajes, correos electrónicos o cartas antisemitas. Algo que, hasta el momento, no estaba incluido en el delito de sedición.

Ralph Brinkhaus, jefe de la facción de la Unión en el Bundestag, aludió incluso a la deportación, aunque enseguida se quedó solo en su iniciativa. Laschet le recordó que no sería de ninguna ayuda y añadió que “en Alemania hay antisemitismo por parte de grupos de derecha, izquierda e inmigrantes”.

Por su parte, la policía no cree que sean necesarias sanciones más severas o nuevas leyes y aboga más por aumentar el personal o coordinarse mejor para que la policía pueda evaluar mejor las situaciones y prepararse para ellas. En este aspecto, el ministro federal del Interior, Seehofer, ya ha ofrecido apoyo personal y material a los “Länder”. Como siempre, muchos aludieron a una mejor educación. Cualquiera que viva en Alemania, independientemente de si nació allí o no, “es responsable de la historia alemana”, dijo Laschet aunque muchos dudan de que los inmigrantes de origen árabe sean entrenados “en una relación especial con los judíos”. Hasta responder todas estas preguntas de una forma certera, en Berlín y otras ciudades alemanas se han reforzado los dispositivos de vigilancia en torno a sus sinagogas y otros edificios de la comunidad judía. En su último informe anual sobre delitos de trasfondo político, el Ministerio del Interior alertaba del fuerte aumento de los delitos antisemitas -un 15,7 %- procedentes principalmente de la ultraderecha, pero también del islamismo radical.