Portugal, el viaje de un país modelo hacia el caos

La ruptura de los partidos de izquierda que gobiernan acerca al país a elecciones anticipadas

Este domingo continúa como hipótesis más probable la idea de que Portugal celebre elecciones anticipadas después de las fiestas navideñas
Este domingo continúa como hipótesis más probable la idea de que Portugal celebre elecciones anticipadas después de las fiestas navideñas FOTO: MIGUEL A. LOPES EFE

Ha bastado una semana para que Portugal pase de dar ejemplo a sumergirse en el caos. En convertirse, en realidad, en otro tipo de ejemplo, el de los riesgos que comportan las alianzas precarias. En siete días, el primer ministro, el socialista António Costa, ha perdido los apoyos que le sostuvieron durante seis años al ver rechazados sus Presupuestos para 2022; está ahora en el aire la segunda mitad de una legislatura que ha sobrevivido a la covid pero amenaza con no superar las desavenencias de la izquierda, y está también en suspenso el propio futuro de la recuperación pospandémica de un país en el que ningún sondeo se atreve a vaticinar si se podrá conseguir un pacto de gobernabilidad a la izquierda o a la derecha.

El abismo, en suma, en siete días. Este domingo continúa como hipótesis más probable la idea de que Portugal celebre elecciones anticipadas después de las fiestas navideñas, una opción que el propio presidente del país, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, presentó hace semana como órdago si los Presupuestos de 2022 no eran aprobados en el Parlamento y que, una vez consumado el fracaso de las cuentas, se ve obligado a materializar. La amenaza que nadie quería cumplir, resumen los medios portugueses, empezando por el propio jefe de Estado, que pensó que la advertencia de inestabilidad sería suficiente para que la izquierda lograra un entendimiento que evitara el abismo. No ha sido así, y el reloj sigue avanzando inexorable en Lisboa, donde en las últimas horas Rebelo de Sousa se ha entrevistado con líderes de todos los partidos con representación parlamentaria para conocer sus impresiones. El resultado anuncia otra creciente división: la izquierda quiere dar más tiempo a Costa para que elabore un Presupuesto alternativo, y la derecha, que trata a contrarreloj de renovar sus liderazgos, quiere elecciones anticipadas.

Qué decidirá el presidente es un misterio que no se resolverá al menos hasta el miércoles. Ese día reunirá al Consejo de Estado para abordar la crisis, tal y como manda la Constitución antes de que se proceda a disolver el Parlamento, que sigue trabajando en una normalidad forzada entre rumores cada vez más fuertes de que la solución será llamar a los portugueses a votar el 30 de enero o el 6 de febrero.

Opciones vistas sin desagrado desde la patronal y sindicatos, a los que el presidente sondeó el viernes. Los agentes sociales coinciden en la necesidad de estabilidad, con la patronal poniendo el acento en el «tono» con que se desarrollen unos eventuales comicios y los sindicatos alertando de que la subida del salario mínimo puede producirse incluso con una campaña electoral en marcha. Mientras las reacciones se suceden, siguen aún en el aire las explicaciones para comprender cómo el suelo de los lusos se ha abierto bajo sus pies.

Es el propio Costa quien más dificultad muestra en reaccionar. Desaparecido desde que acudió a Trujillo junto a Pedro Sánchez para participar en la cumbre hispano-lusa, centra la mayoría de las dudas, especialmente en lo referido a su continuidad. Costa ya ha asegurado que, en caso de elecciones, permanecerá al frente de un gobierno en funciones hasta que se abran las urnas y que incluso será candidato del Partido Socialista, pero dentro de la formación afilan los cuchillos. Hay preguntas sobre su capacidad de conseguir nuevos acuerdos con el Partido Comunista y el marxista Bloco de Esquerda, que le abandonan por haber dinamitado los puentes tras sucesivos desencuentros en los últimos años, y aún más sobre las posibilidades que tendría de conseguir una mayoría absoluta si el país va a comicios. Se habla ya abiertamente la era «pos-Costa», incluso con nuevos líderes, como el actual ministro de Infraestructuras, Pedro Nuno Santos, que se mantiene en prudente silencio, el mismo que guardan comunistas y marxistas, que insisten en que la confianza con Costa está rota.

En esta situación, se abren dos escenarios a corto plazo para Portugal. El primero es que el presidente del país rectifique sus anunciadas intenciones y acabe por no disolver el Parlamento, dando un tiempo extra al Gobierno para que elabore unos nuevos Presupuestos. La duda en ese caso es quién los apoyaría, con un izquierda reticente y una derecha que ve llegar por fin su oportunidad de sumar una mayoría para gobernar.

La segunda opción, la más probable, será convocar elecciones anticipadas. Los socialistas lucharán por conseguir una mayoría absoluta, algo que no le da ninguna encuesta por el momento, y en caso de no lograrlo tendrían que buscar entendimiento con otros partidos, algo que parece utópico al final de esta frenética semana. Por último, se asoma la oportunidad de los partidos de derecha, en especial de PSD, que elige a principios de diciembre si mantiene como líder a Rio, que no descarta acuerdos con Costa, o el eurodiputado Paulo Rangel, que quiere ir a por todas y que su partido vuelva a gobernar el país. Después de que en las municipales de septiembre el candidato del PSD Carlos Moedas ganara la Alcaldía de Lisboa, en manos socialistas durante los últimos 14 años, la formación ve acercarse un cambio de ciclo.