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Alarma en Bruselas ante la dimisión de May

Aunque se daba a la primera ministra como amortizada, el ascenso de Boris Jonshon intranquliza a las cancillerias

  • Theresa May anuncia que dimitirá el 7 de junio
    Theresa May anuncia que dimitirá el 7 de junio /

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Tiempo de lectura 2 min.

24 de mayo de 2019. 14:44h

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Mirentxu Arroqui 24/5/2019

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“La primera ministra es la que es”, aseguraba hace apenas unas semanas un alto diplomático mostrando el poco entusiasmo de la capital comunitaria por Theresa May. En los últimos meses, las cancillerías europeas daban a la primera ministra por amortizada, ante su incapacidad para conseguir una amplia mayoría parlamentaria capaz de aglutinar a tories y laboristas. May ha dado muestras de un capacidad de resistencia sin igual, pero esa cabezonería y tesón se habían convertido en los últimos meses quizás en su mejor virtud, pero también en su peor defecto.

“A Junker le gustaba y apreciaba trabajar con Theresa May. Como ya ha dicho en anteriores ocasiones. Es una mujer de gran valentía y por la que tiene un gran respeto. También respetará y establecerá una relación de trabajo con cualquier nuevo primer ministro”, aseguró ayer la portavoz comunitaria Mina Andreeva quien también quiso incidir en que la posición de los Veintisiete sobre el Brexit (el acuerdo no se renegocia) permanece invariable.

Los elogios de Juncker son comprensibles. a pesar de este pesimismo y de las constantes casandras de dimisión, May ha sido durante estos meses el único anclaje seguro ante los constantes conatos de motín en el partido conservador y la cascada de dimisiones (hasta tres negociadores diferentes del Brexit). Por eso, en Bruselas no es momento de descorchar la botella de champán ya que los candidatos a sucederla pueden convertir a May en una líder añorada. “En realidad en Reino Unido hay cuatro partidos”, explican fuentes europeas ante la división tanto en el flanco conservador como en el laborista, sobre la salida al laberinto del Brexit. Si Boris Johnson se convierte en el próximo inquilino de Downing Street – tal y como augura la prensa británica- las posibilidad de aglutinar a los dos partidos en un acuerdo nacional parece una quimera, ya que su liderazgo parece tan sólo consagrado a frenar el auge del nuevo partido de Nigel Farage y escorando a los tories al lado de los brexiter duros. La peor pesadilla de las cancillerías europeas que pueden enfrentarse a un divorcio a las bravas o a un Brexit eterno.

La dimisión de Theresa May coincide con un periodo de oasis en la capital comunitaria en el que el sentir mayoritario intentaba olvidar, al menos por unas semanas, la propia existencia del Brexit con el objetivo de que contaminara lo menos posible los comicios europeos (a pesar de la presencia de Reino Unido en el hemiciclo) y la reflexión sobre el futuro de los socios en la nueva legislatura. La percepción de los Veintisiete es que están dedicando al Brexit excesivos desvelos en un momento en el que el peso de la UE en el mundo se desdibuja y acechan los populismos de diferente signo. Pero la participación de Reino Unido en las elecciones europeas y el auge de Farage se ha convertido en el golpe de gracia para una May exhausta. Ella se va, pero el Brexit continúa.

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