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Argentina, entre la continuidad y el populismo

La crisis financiera y el malestar social lastran la reelección de Mauricio Macri, que confía en dar la sorpresa. Alberto Fernández encabeza los sondeos sin haber disipado las dudas sobre el papel que jugará Cristina Kirchner.

La crisis financiera y el malestar social lastran la reelección de Mauricio Macri, que confía en dar la sorpresa. Alberto Fernández encabeza los sondeos sin haber disipado las dudas sobre el papel que jugará Cristina Kirchner.

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Los argentinos entre la espada y la pared. O elegir por el continuismo de un Gobierno que ha hundido al país en su peor crisis desde el «corralito» de 2001, o volver a un pasado peronista cuya anterior gestión estuvo marcada por la corrupción. Con este panorama unas 33,8 millones de personas votarán hoy para elegir presidente y vicepresidente, renovar parcialmente la composición del Parlamento y, además, votar para gobernador en las provincias de Buenos Aires, Catamarca y La Rioja y para alcalde en la capital del país. El voto es obligatorio entre los 18 y los 70 años y, de hecho, la participación suele ser alta, rondando el 80%.

Por un lado Mauricio Macri impulsó un plan de apertura que incluyó medidas de austeridad –bajó el déficit del 7% al 0,5%–, como la eliminación de subsidios y la restricción de la base monetaria, que sostiene eran necesarias para corregir los desequilibrios económicos dejados por su predecesora Cristina Fernández de Kirchner, ahora aspirante a la Vicepresidencia en fórmula con Alberto Fernández. Según los últimos sondeos, el «ticket» F-F se impondría con más de 15 puntos de ventaja, sin que haya lugar a una segunda vuelta.

A cambio de estos recortes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) le concedió un préstamo por 57.000 millones de dólares a tres años, de los cuales ha desembolsado 44.000 millones desde mayo de 2018, cuando los mercados internacionales le cerraron la puerta. Esta medida resultó muy poco popular entre los argentinos, que consideran a este organismo como «un estafador de traje negro» que siempre se aprovechó de Argentina. El objetivo del Gobierno era crear un ambiente de tranquilidad en los mercados, trasmitir que no habría otro «default» para atraer inversiones. Pero la reacción fue adversa. Las empresas empezaron a desconfiar de un país que solicita una megadeuda y abandonaron a Macri, quien acabó utilizando el dinero del préstamo para pagar más deuda y sobre todo, contener el dólar frente al peso. Resultado: el país ha gastado 40.000 millones para comprar dólares que ya se han esfumado. Ahora la deuda del Estado ha aumentado al 100% del PIB.

La inflación, que ronda el 40% y, la pobreza que ascendió al 35% –algunos dicen que el próximo semestre los datos serán del 37%–han convertido a Argentina en un país demasiado caro para los argentinos. Esto ha dividido a la clase media desencantada con el presidente, desesperada porque no llega a fin de mes. Las clases más humildes argentinas tampoco votarán por la formula oficialista de Cambiemos.

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En el Obelisco se celebra una jornada de ollas populares. El centro permanece cerrado, el cielo luce albiceleste. La avenida Nueve de Julio se encuentra tomada por organizaciones y piqueteros que hacen sonar los bombos a ritmo de murga. Mientras, el puchero empieza a hervir. Los platos de patatas con oso buco y un trozo de pan por persona son repartidos entre la muchedumbre que se agolpa entorno a las cazuelas.

María aguanta a su hijo mientras ultima un segundo plato. «Si no fuera por los comedores populares, no se como haríamos. Solo el sueldo se va en luz, gas y apenas comida. Somos el granero del mundo, pero la comida es carísima, incluso la carne, con toda la que tenemos», afirma.

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Dicen que el peronismo es inexplicable, que abarca a la derecha y la izquierda. Hasta hace poco, excepto el Partido Radical, nadie se atrevía en política a declararse como no peronista. Incluso Macri en sus comienzos se catalogó como peronista. Dicen también que siempre estuvieron divididos y que el día que todas las facciones se unan, serán imparables.

En parte, una alianza «in extremis» podría devolver el poder a la vieja guardia. Alberto Fernández, un hombre fiel como nadie a Néstor Kirchner –fue su jefe de Gabinete– pero que luego se desligó de Cristina Kirchner e incluso la criticó públicamente, tiene todas las papeletas para convertirse en el nuevo presidente de Argentina. Ambos sabían que el peronismo federal daba «la espalda» a la «Dama del Sur», pero que ella también mantenía todavía por lo menos un 25%-30% de los votos. Alberto daría una visión de cambio, más moderado que su candidata a vicepresidenta, Cristina Kirchner.

Por su parte CFK quien se enfrenta a trece causas por corrupción –de hecho el primer juicio oral se celebra después de los comicios–, volvería al poder, y enfrentaría estas casos desde su trono en la Casa Rosada. Si bien pierde los fueros como Senadora, podría ser indultada por el propio Fernández. Durante la campaña ha sabido mantener un perfil más bajo. La pregunta es qué pasará una vez alcancen la Presidencia. ¿Quién gobernará «de facto»? Alberto, quien ha sido tildado como títere de la ex mandataria, asegura que será él quien tome las decisiones, pero lo cierto es que la Cámpora –la organización de «cachorros peronistas» comandada por Máximo Kirchner, se ha encargado de buena parte de las listas, incluido el candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien también parte como favorito-.

Hasta el momento, Alberto Fernández no ha revelado prácticamente nada sobre su futuro Gobierno. Tan solo ha dicho que renegociará la deuda y que pondrá «plata» en los bolsillos de los argentinos para aumentar el consumo interno. «Aunque lo ha negado tampoco se descarta un cepo al dólar para frenar la fuga de capitales. También se prevén medidas proteccionistas para proteger la industria nacional, congelación de tarifas, y una aumento de los subsidios, salarios mínimos y pensiones. Pero «¿de dónde sacara el dinero?», se pregunta el economista Eduardo Dusteo.

Y luego están los temores de que el lunes pueda producirse un nuevo terremoto en los mercados, tal como ocurrió el día después de las primarias de agosto. El dólar ha vuelto a subir frente al peso en la víspera. Aun quedan 41.000 millones en las reservas, de los cuales en la última semana se han liquidado 1.500 millones. Por ahora, el Gobierno podrá contener la debacle pero a ese ritmo hasta cuándo aguantarán. Se espera que ambos mandatarios, el electo y el vigente, se unan durante la transición para dar tranquilidad a los mercados y lograr una transición sin sobresaltos en un país tan voluble y convulso. Pero por ahora, los teléfonos están desconectaos.

Los resultados del recuento provisional empezarán a difundirse a las nueve de la noche, con vistas a tener contabilizado el 90% de las mesas de votación antes de la medianoche (cuatro de la mañana en España).

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En las elecciones primarias de agosto, la difusión de los datos del escrutinio provisional se retrasó debido a que la Justicia electoral determinó que los datos solo se difundieran una vez contabilizado el 10 % de las mesas de votación de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe y de la capital, los cuatro mayores distritos electorales del país, así como por un fallo técnico en los sistemas de transmisión de los datos.