Asia inaugura una carrera armamentística

El desafío nuclear de Corea del Norte acelera la pugna bélica que mantienen las grandes potencias de Extremo Oriente.

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El desafío nuclear de Corea del Norte acelera la pugna bélica que mantienen las grandes potencias de Extremo Oriente.

Las nuevas travesuras nucleares de Corea del Norte complican aún más la tensa situación que atraviesa Extremo Oriente, una zona del planeta donde se vive lo que algunos expertos consideran una carrera armamentística en toda regla. Se trata de uno de los tableros estratégicos más complejos y delicados desde el fin de la Guerra Fría y en el que se juntan nuevas y viejas alianzas y cambiantes intereses estratégicos. El auge y la actitud cada vez más agresiva de China, por un lado, generan alarma en el vecindario, donde el único aliado de Pekín es el menos fiable de todos: Corea del Norte. El gigante asiático, a su vez, se siente rodeado de fuerzas hostiles, empezando por Japón y Estados Unidos, potencia que pretende reforzar la presencia de su VII Flota.

Con permiso de Kim Jong Un, la casilla más inestable es la que ocupa el espacio aéreo de las Diaoyu/Senkaku, un diminuto y remoto archipiélago del Pacífico cuya soberanía reclaman desde Pekín y Tokio. Es allí, en sus costas y en sus brumosas alturas donde más posibilidades hay de que se libere la tensión acumulada por el ascenso de la nueva potencia hegemónica de la zona. En las últimas semanas se han repetido los encontronazos entre aviones de reconocimiento chinos y cazas F-15 nipones y el peligro, advierten los expertos militares, se incrementará si ambos países sacan a pasear sus «drones», las máquinas no pilotadas de las que sus ejércitos están haciendo acopio. China, con tecnología propia en desarrollo; Japón, gracias a Estados Unidos. La polémica viene de largo y tiene raíces históricas. El propio himno chino está montado sobre una canción antijaponesa compuesta durante la invasión de Manchuria. Desde septiembre, la tensión se ha disparado por encima de lo habitual a causa de la pelea territorial. Los islotes en marras están despoblados y tienen un dudoso valor económico, pero Pekín y Tokio han repetido que entrarían en guerra para defenderlos.

El problema de fondo es la reconfiguración del poder en una región donde Japón (con el respaldo de Estados Unidos desde la II Guerra Mundial) lleva muchas décadas ejerciendo de potencia. Ahora China, en plena ebullición nacionalista, pide paso. No sólo es Japón. El gigante asiático, que tiene prácticamente ganada la batalla que ha mantenido en las últimas décadas (la del estatus de Taiwán), se ha metido en nuevas disputas territoriales con varios de sus vecinos. Tensiones que han propiciado un repunte del gasto armamentístico. «Los presupuestos de defensa de los países asiáticos han venido creciendo mucho y esto es fundamentalmente a causa de los temores que despierta China. No todos están igual de preocupados. Japón, India, Vietnam y Filipinas son los más preocupados», explica a LA RAZÓN June Teufel Dreyer, sinóloga del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Miami. Tokio es en realidad el único que puede plantar cara a China sin que sus amenazas suenen ridículas. Su Gobierno anunció este mes que el presupuesto de Defensa iba a crecer después de once años de retrocesos y a pesar de la mala situación económica y la ingente deuda pública. Tokio aseguró que se dejará unos dos mil millones de dólares en reforzar y modernizar sus equipos militares. «Tenemos la necesidad de mejorar nuestros equipos en un momento en que la situación de seguridad de Japón es más dura: Corea del Norte ha llevado a cabo dos ensayos balísticos y las tensiones con China continúan», se dijo desde el Ministerio de Defensa de Tokio. La decisión está enmarcada en lo que el nuevo primer ministro, Shinzo Abe, colocó como prioridad mientras hacía campaña electoral a finales del año pasado: plantar cara al Partido Comunista Chino. Dentro y fuera de su Gobierno (considerado el más belicista de la historia democrática japonesa) cada vez más voces piden que sea modificada la Constitución aprobada tras la Segunda Guerra Mundial, que sólo permite el uso de la fuerza en caso de agresión contra ciudadanos japoneses o su territorio. Quienes hablan de rearmar al país recuerdan que mientras Japón ha pasado una década recortando el presupuesto militar, China ha hecho exactamente lo contrario, incrementándolo en un 200% en el mismo periodo, hasta convertirlo en el segundo más abultado del mundo, sólo por detrás del estadounidense. «La principal preocupación de Japón es China, algo que se admite ya sin tapujos desde septiembre de 2010, a raíz del accidente con la guardia costera. Hasta entonces, el mantra era hablar de Corea del Norte», concretó Dreyer.

El ambiente, al menos el mediático, es también el de una escalada militar. La propaganda china utiliza desde hace meses las consignas bélicas contra Japón y otros vecinos de manera cotidiana. Desde Tokio tampoco se quedan cortos y advierten de que se defenderán con las armas ante cualquier provocación.