Política

Assange, condenado a un año de cárcel por violar la libertad condicional

El australiano, de 47 años, se personó ante la corte de Southwark para conocer el dictamen

Imagen de mayo de 2017 de Julian Assange  en el balcón de la Embajada de Ecuador en Londres
Imagen de mayo de 2017 de Julian Assange en el balcón de la Embajada de Ecuador en Londres

El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, fue condenado a 50 semanas de cárcel por un tribunal londinense por haber violado en 2012 las condiciones de libertad condicional impuestas por la Justicia británica sobre una orden de extradición a Suecia.

Julian Assange fue condenado ayer por la justicia británica a una pena de cárcel de 50 semanas por haber infringido en 2012 las condiciones de libertad condicional en el Reino Unido sobre una orden de entrega a Suecia. El país escandinavo le requería por unos supuestos abusos sexuales que él siempre ha negado. Tras agotar todos los recursos legales, el australiano de 47 años se refugió en la embajada de Ecuador en Londres, donde vivió asilado durante casi siete años, hasta que finalmente el pasado mes de abril fue detenido por los agentes de Scotland Yard.

Es complejo todo lo que envuelve al hombre que saltó a la fama en 2010, después de revelar, a través de WikiLeaks, cientos de miles de documentos secretos que hicieron temblar los despachos presidenciales a ambos lados del Atlántico. Entre ellos, 92.000 informes sobre la Guerra de Afganistán.

El hacker se enfrenta ahora a diferentes batallas legales. Aparte de la disputa con las autoridades británicas y suecas, este jueves comparecerá -esta vez por videoconferencia desde la prisión de alta seguridad de Belmarsh- ante la corte de magistrados de Westminster para iniciar el proceso sobre su posible extradición a EEUU, donde le reclaman por “conspiración por intrusión en los ordenadores del Gobierno”, un delito que podría tener condena de hasta cinco años de prisión.

El perfil del australiano está plagado de luces y sombras. Mientras que para unos es un héroe para otros tan sólo es un pirata informático que busca notoriedad.

En la audiencia celebrada ayer en el tribunal londinense de Southwark, el abogado que representa a Assange, Mark Summers, leyó una carta escrita por su defendido, en la que éste pidió “disculpas sin reservas” a aquellas personas que consideren que les ha “faltado al respeto” por la manera en la que ha conducido su caso.

“Me encontré en apuros con circunstancias difíciles. Hice lo que en aquel momento me pareció que era lo mejor o quizás lo único que podría haber hecho”, se justifica Assange en la misiva, al tiempo que dice “lamentar el curso que ha tomado” la situación. Esas dificultades -prosigue- “tuvieron un impacto en muchas otras personas”.

Por su parte, la jueza Deborah Taylor se dirigió al australiano para reprocharle que se hubiese aprovechado de su “posición privilegiada” para burlar la legislación británica. “Es difícil imaginar un ejemplo más grave de este delito”, consideró la magistrada, quien indicó que “al haberse escondido en la embajada” ecuatoriana Assange se había “quitado de en medio de manera deliberada al tiempo que continuaba en el Reino Unido”. “Usted se quedó ahí durante casi siete años, explotando su posición privilegiada para incumplir la ley y hacer público internacionalmente su desprecio por la legislación de este país”, señaló.

Tras escuchar la carta del activista, Taylor también observó que es la primera vez que Assange expresa algún tipo de pesar por sus acciones, que han costado al Reino Unido, en concepto de fondos públicos, al menos 16 millones de libras (18,6 millones de euros).

Por su parte, en sus argumentos de la defensa, el letrado del hacer subrayó que durante los últimos años su cliente había sido “controlado” por el “temor” a una posible entrega a Estados Unidos. “Mientras le llovían las amenazas desde EEUU, éstas empañaron todo lo que tenía que ver con él. Dominaron sus pensamientos. No fueron inventadas por él, le fueron controlando”, explicó el letrado.

El abogado incidió en que los temores de Assange a ser llevado a Suecia y, de allí, eventualmente extraditado y puesto en manos de la Justicia estadounidense, estaban bien “fundados” y “no eran producto de su imaginación”.

En aquel momento, Suecia contaba además, recordó, “con un bien documentado y desafortunado historial de enviar a personas a Estados donde se exponían a un riesgo significativo de sufrir un trato vejatorio, que incluía tortura y muerte”.

Wikileaks acusa a “actores poderosos”, incluida la CIA, de orquestar una “sofisticada operación” para “deshumanizarle”. En cualquier caso, el australiano no ha estado quieto durante este tiempo. En varias ocasiones, el gobierno de Quito reprochó a su huésped que se involucrara en los asuntos de terceros países, como la crisis política en Cataluña, donde se posicionó a favor de los independentistas.

En julio de 2016, WikiLeaks también hizo públicos 20.000 correos pirateados del partido Demócrata, entre los cuales hubo algunos muy dañinos para la campaña de la entonces candidata presidencial demócrata Hillary Clinton, que según analistas, sirvieron para llevar a Donald Trump a la presidencia.

El destino del hacker tomó otro rumbo desde que Lenín Moreno se convirtiera en 2017 en el nuevo presidente de Ecuador. A pesar de estar apadrinado por Rafael Correa, el actual mandatario no tardó en distanciarse de las políticas de su antecesor y nunca estuvo especialmente cómodo con la situación del “inquilino”, a la que llegó a denominar una “piedra en el zapato”.