Borrell y Calviño, las dos bazas de Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acudió ayer a Bruselas dispuesto a que se oiga su voz después de haberse convertido, con 20 eurodiputados, en la delegación más poderosa de su familia política. Pocas capitales socialdemócratas pueden reivindicar un cargo de la cúpula comunitaria con mayor contundencia que España tras el éxito electoral de Sánchez y la infrarrepresentación de los últimos años. Aunque aún no hay nada definitivo, España se dirime entre dos nombres y dos posiciones. Por un lado, el Gobierno ha promovido a Josep Borrell como Alto Representante de la diplomacia comunitaria en sustitución de Federica Mogherini, pero no se descarta que prefiera colocar a la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, al frente de una vicepresidencia económica.

El primer caso otorgaría gran visibilidad a España y permitiría cerrar el círculo. Javier Solana ya ostentó el cargo cuando no formaba parte del Ejecutivo comunitario y no tenía a su disposición la red de embajadas europeas. A pesar de esto, se trata de un puesto con poca influencia real, ya que cualquier paso en acción exterior necesita la unanimidad de las cancillerías (incluso los comunicados), y los constantes viajes imposibilitan, en muchas ocasiones, acudir a la reunión semanal del Colegio de Comisarios, por lo que el país en cuestión suele perder, con estas ausencias, información valiosa. En la anterior legislatura, Italia consiguió el cargo para Mogherini sin gran esfuerzo, ya que es un puesto poco ambicionado.

En el segundo escenario, el conocimiento de Calviño de los pasillos bruselenses, al haber sido directora general de Presupuestos, le otorga prácticamente una alfombra roja para hacerse con la vicepresidencia económica. Ésta daría a España ventaja en un momento en el que –tras la salida del brazo correctivo del Pacto de Estabilidad y Crecimiento– Bruselas mirará con lupa el esfuerzo estructural para reducir del déficit, no sujeto a los vientos a favor o en cola del ciclo económico.