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Unión Europea

Brexit: Tusk abre la puerta a un largo retraso de la negociación

El presidente del Consejo Europeo descarta una prórroga técnica y apuesta por conceder más tiempo a Reino Unido para celebrar nuevas elecciones o un segundo referéndum.

Seguidores a favor y en contra del Brexit, ayer a las puertas del Parlamento británico
Seguidores a favor y en contra del Brexit, ayer a las puertas del Parlamento británicolarazon

El presidente del Consejo Europeo descarta una prórroga técnica y apuesta por conceder más tiempo a Reino Unido para celebrar nuevas elecciones o un segundo referéndum.

A veces el peor veneno puede venir envuelto en papel de celofán. Ayer, el presidente del Consejo, Donald Tusk, abrió por primera vez la puerta a que la prórroga concedida a Reino Unido sea de larga duración y no se limite a una extensión de carácter meramente técnico. «Durante mis consultas antes de la cumbre europea, pediré a los Veintisiete que estén abiertos a una larga extensión si Reino Unido ve necesario repensar su estrategia del Brexit y construir consenso sobre ello», escribió en Twitter.

Hace tan solo dos semanas, la posibilidad de una prórroga de larga duración era considerara prácticamente un disparate que solo tendría como objeto prolongar la agonía. En las conversaciones de los últimos días fuera de micrófono persiste este dilema entre las capitales que no tienen un mensaje unívoco, pero se abre la puerta a una extensión larga siempre y cuando esté circunscrita a un vuelco en el tablero que propicie un nuevo punto de partida: elecciones o un segundo referéndum sobre el Brexit.

Es bien conocida en los pasillos comunitarios la querencia de Tusk por esta segunda opción, pero aunque esta última propuesta puede parecer una forma de ampliar el espectro de alternativas, la realidad es que tan solo consigue estrechar el margen de actuación y apuntalar la estrategia de Theresa May. La primera ministra siempre ha defendido que su acuerdo es el único posible y que la alternativa a éste es la no consecución del divorcio, una hipótesis que constituye una auténtica pesadilla para los «brexiters». Tusk, con su tuit, refrenda el argumento repetido hasta la saciedad en los últimos días de que la prórroga no puede servir como un intento para renegociar el actual acuerdo y que, en los actuales términos, la capacidad de introducir algún tipo de cambio está agotada.

Esta estrategia del miedo también viene acompañada por la exigencia de participar en las elecciones europeas si Reino Unido consigue extender el artículo 50 más allá del 23 de mayo. Tanto el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, como May defienden esta interpretación de los tratados, aunque las dudas jurídicas y políticas son muchas. En los últimos días, este escollo parece haberse convertido en la mejor razón para intentar forzar que Westminter acabe capitulando en el último momento y dando luz verde al tratado de 585 páginas negociado entre Londres y los Veintisiete. Según este plan de la «premier», a la tercera votación iría la vencida y May acudiría a Bruselas el próximo jueves con los deberes hechos y la petición de una prórroga de corta duración que serviría para que Londres introdujera en su ordenamiento el tratado de salida.

Pero a nadie se le escapa que esta estrategia puede resultar fallida, ya que hasta ahora, todo lo que podía salir mal ha salido mal. Por eso, en Bruselas no se descartan elecciones generales y un nuevo liderazgo en Reino Unido. Para algunos podría ser un alivio y la única solución. El cansancio ante la terquedad de May ha conseguido que muchos cargos europeos den a la «premier» por amortizada, aunque no sea fácil vislumbrar un mirlo blanco que emerja al otro lado del Canal de la Mancha para encauzar las negociaciones. Pero Bruselas no quiere tan solo un nuevo nombre, quiere una especie de examen de conciencia que haga posible un acuerdo entre los sectores más moderados de los «tories» y los laboristas.