«Carromero es un testigo incómodo»

Entrevista a Guilleromo Fariñas, periodista y opositor cubano

Guillermo Fariñas, periodista y opositor al régimen de los Castro, todavía siente la pena por no haber podido enterrar a su «hermano» Oswaldo Payá en el cementerio habanero de Colón. La Policía lo detuvo a la salida de la Iglesia donde se celebró el funeral. Pero Fariñas es un veterano de guerra. Protagonista de maratonianas huelgas de hambre que a punto estuvieron de acabar con su vida, ha estado encerrado en la misma prisión donde encarcelaron al joven español Ángel Carromero.

–¿En qué situación queda el español Ángel Carromero en todo esto?

–El vicesecretario de Nuevas Generaciones del PP fue sometido a presión en las dependencias policiales de Bayamo. Es importante que la opinión pública internacional y el Gobierno español comprendan que Carromero fue interrogado por expertos. El joven fue doblegado y dijo lo que le conviene a los Castro. Suena exagerado pero yo fui militar y conozco los sistemas que nos enseñaban para coaccionar a los prisioneros políticos, aprendidos de la STASI, de la Alemania oriental. Durante nuestro servicio militar recibimos, antes de viajar a la Unión Soviética, varias conferencias de oficiales que habían estudiado en Alemania. Existe un método, el de «enseñar los dientes sin morder». Es el que creo que aplicaron a Carromero. En este sistema se amenaza con dañar a los familiares, por lo que la víctima opta por callarse. Pienso que Carromero pagó su libertad mediante el silencio. Por otra parte, el aparato cubano tiene otro sistema que se llama «la muerte en frío». Si una persona no asimila la coacción, le crean una muerte fingida. Los servicios cubanos buscan la destrucción psicológica de los individuos. A Carromero lo encerraron en una prisión que bajo el punto de vista físico es aceptable pero psicológicamente, no.

–¿Tuvo un juicio justo?

–El Gobierno español dijo que sí porque si no lo hacía, la condena sería mayor. Todo lo que ha dicho Carromero está manipulado. Hasta que no esté en España, donde sí existe un Estado de Derecho, no se pueden valorar sus opiniones. Es un testigo incómodo y España sabe el precio que pagó por la vuelta del joven. Cuba vive en una suerte de estado de excepción no sólo legal. La población se encuentra en un precipicio político y social que podría abrirse más si Venezuela cambia de Gobierno.

–¿Todavía quedan por conocerse los detalles de la muerte de Oswaldo Payá?

–Pienso que fue un atentado contra su vida para evitar que se convirtiera en un interlocutor válido entre la disidencia y la dictadura. Se esperaba que entre este año y el siguiente recibiera el Nobel de la Paz y pasara a ser una figura sumamente importante dentro de la oposición. Si esto hubiera sucedido, el régimen cubano no hubiese estado dispuesto a sentarse a negociar con Payá bajo ningún concepto. Su familia denunció que su vehículo había sido embestido semanas antes del accidente y no mienten....

–¿Se ha planteado ser la cabeza visible del Movimiento Cristiano de Liberación?

–No. Será Ofelia Acevedo, su esposa, quién continuará con el legado. Ella es la cofundadora del movimiento y sabrá guardar su espíritu. Y, si sus hijos no se marchan de Cuba, también lucharán por su continuidad. Lo más importante es que algún día podamos decirle que su proyecto triunfó y por lo que él murió se logró.