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China se infiltra en la democracia de Taiwan y asfixia su economía

Desde que el partido separatista PPD llegó al poder hace más de un año, Pekín ha aumentado su presión sobre Taipéi y asfixiado su economía a través del turismo, que ha caído un 40%.

Desde que el partido separatista PPD llegó al poder hace más de un año, Pekín ha aumentado su presión sobre Taipéi y asfixiado su economía.

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Durante más de sesenta años, desde que en 1949 Mao expulsó a los nacionalistas del Kuomintang a la isla del Pacífico tras ganar la guerra civil, China ha mantenido bajo control a Taiwán y ha impedido que sea reconocida como país soberano y bloqueado su acceso a cualquier institución internacional. Sin embargo, desde la victoria electoral del Partido Democrático Progresista en 2016, que por primera vez en la historia se hacía no sólo con la presidencia (que ya la ocupó entre 2000 y 2008) sino también con la mayoría del Parlamento, Pekín se revuelve por tres aspectos fundamentales que pueden hacer tambalear el statu quo que mantiene con Taipéi, lo cual podría alterar las relaciones con otras regiones como Hong Kong y poner en jaque su autoridad.

La llegada a la Casa Blanca de un presidente impredecible como Donald Trump –que nada más llegar al poder hace un año hizo temblar a China al aceptar la llamada de la presidenta taiwanesa–, las ansias independentistas del PPD y una nueva generación de taiwaneses que no siente ninguna conexión con el continente y reivindican su identidad, ha puesto al presidente Xi Jinping en alerta. Por estos motivos, el gigante asiático ha intensificado durante todo este año la maquinaria para tratar de revertir esta situación y advertir a los vecinos del otro lado del estrecho de Formosa de los riesgos que conllevará seguir por este camino. Su estrategia: infiltrarse en las instituciones democráticas para mermar el sistema taiwanés así como difundir una campaña de «fake news» en redes sociales, comprar medios a través de la coacción publicitaria y, por supuesto, estrangular económicamente al país a través, principalmente, del turismo.

«Nuestra democracia no está totalmente madura, tiene ciertos fallos, pero vamos por buen camino. Son los jóvenes los que deben seguir empujando en esta dirección. Sin embargo, esto es algo que no gusta en la China continental y lo que están haciendo con Taiwán es lo mismo que hace Vladimir Putin en determinadas regiones de Rusia y del resto del mundo. Han aumentado las infiltraciones del régimen comunista en nuestras instituciones a través de diferentes medios. Todo lo hacen desde la oscuridad, a la sombra, y sus prácticas son cada vez más sofisticadas. Putin lo hace de manera más descarada, el régimen chino es silencioso, se esconden a tu espalda y se aseguran de que te des cuenta de que están siempre ahí», asegura a LA RAZÓN Hsu Siu Chien, presidente de la Fundación para la democracia de Taiwán.

«Se está reclutando a personas, se intenta aislar al Gobierno. Además, tras el último Congreso del Partido Comunista de China hemos comprobado que desde Pekín son cada vez más asertivos en su relación con Taiwán», subrayan desde el Ministerio de Asuntos Continentales, que gestiona las relaciones con la otra orilla del estrecho. «Utilizan a formaciones políticas para hacer presión. Por ejemplo, el Nuevo Partido, que en esta legislatura no ha obtenido ningún escaño, «sirve a los intereses de China y juega a generar polémicas, desinformaciones y daño al Gobierno», asevera un diplomático taiwanés a este diario.

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Otro de los focos de atención de Pekín son los medios de comunicación, los cuales intentan manejar a su antojo para dejar su impronta y enviar mensajes claros. Desde colaboradores pro-China a sueldo del régimen comunista que se prodigan de tertulia en tertulia a chantajes que obligan a cerrar periódicos por falta de ingresos publicitarios. «Al final, la mayoría de los canales prefieren emitir noticias internacionales para así no explicar la realidad de lo que ocurre aquí y evitar ser sancionados», apunta Ray Lai, periodista de «The Epoch Times». Hace años hubo numerosas protestas en las calles después de que un conglomerado chino tratara de hacerse con un periódico secesionista. Desde entonces, lo que hacen es invertir en publicidad y marcar la línea ideológica de ciertos medios. «Un movimiento más sibilino y a su vez muy efectivo», añade Lai.

Para China, manipular y asfixiar a un país con una población de 23 millones de habitantes y poco más de 36.000 kilómetros cuadrados –que le convierte con 654 habitantes por km2 en uno de los países más poblados del mundo–, es una tarea sencilla. Basta con limitar sus importaciones o con atascar el turismo. Con mover un solo hilo, Pekín puede arruinar el estado soberano de Taiwán. El 40% de las exportaciones de la isla hermosa van a para a China, siendo su primer socio comercial (73.900 millones de dólares en 2016) seguido por Hong Kong cuyo intercambio se sitúa en los 38.400 millones. Para Pekín, Taipéi supone solo el 1,9 % de sus exportaciones. «Nosotros apostamos por una relación constructiva con Pekín, es necesaria una confianza mutua, pero aún así somos conscientes de que debemos diversificar nuestra dependencia económica. De ahí nace nuestro plan de expansión hacia el sureste asiático y esperamos que nuestra colaboración y relación con países como Vietnam, Corea del Sur o Filipinas aumente», explican desde el Ministerio de Asuntos Continentales.

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Sin embargo, desde que la presidenta taiwanesa pro independencia, Tsai Ing Wen, asumió el poder en 2016, Xi ha intentado hacerse notar en la isla. Tanto es así que el turismo continental se ha reducido hasta un 40% en un sólo año. Varios hoteles de los principales destinos turísticos se han visto obligados a cerrar y otros trabajan a medio gas. Este es el caso de Sun Moon Lake que según el periodista Ray Lai ha sido boicoteado por Pekín. «No es que prohiban viajar a la isla, pero dejan de promocionarlo así como de organizar viajes de grupos, lo cual es un modo de chantajearnos. Aquí antes venían miles de chinos continenales, calculo que desde el año pasado las visitas han caído más del 20%», explica.

Tampoco es visto con buenos ojos en Pekín la decisión de la presidenta Taiwán de aumentar el presupuesto militar un 2% anual. Aunque a nivel práctico resulta una cifra ridícula si se compara con el contingente chino, la iniciativa es vista en el continente como un desafío. «No queremos retar a nadie, sólo compensar las asimetrías. Nosotros apostamos por una nueva diplomacia y luchamos contra la intimidación militar de Pekín», indican fuentes del Gobierno taiwanés. Frente al gran proyecto de reforma del Ejército que está implementando Xi, su homóloga taiwanesa quiere seguir la misma senda, pero las diferencias son notorias. El presupueto militar chino del año pasado fue de 144.000 millones de dólares. El de Taiwán 10.000 millones. Taipéi aumentará su gasto militar un 2%, pero Pekín lo hará un 7%. «Realmente lo que estamos intentando hacer es que sea más barato para China comprar Taiwán que atacarla», apunta sorprendentemente un alto cargo del Gobierno taiwanés. Lo que está claro es que la comunidad internacional, consciente de la situación que vive Taiwán, no está dispuesta a sacrificar su relación con China por una isla de la que no es posible obtener un rédito económico tan elevado como tienen con Pekín.