13.000 parias en el corazón de Europa

Una mujer camina con su hijo en brazos bajo la lluvia mientras en la frontera entre Croacia y Eslovenia en Trnovec (Croacia)
Una mujer camina con su hijo en brazos bajo la lluvia mientras en la frontera entre Croacia y Eslovenia en Trnovec (Croacia)

Los refugiados recorren los Balcanes en medio del frío y la lluvia mientras se les cierran las puertas de Croacia, Eslovenia, Serbia y Hungría. Ayer, Zagreb abrió temporalmente un puesto fronterizo ante el riesgo de una catástrofe humanitaria

Europa ha vuelto a paralizarse ante el bloqueo que sufren miles de personas que piden refugio en la Unión Europea. El invierno se ha instalado en el norte de Europa y las condiciones a las que se enfrentan los refugiados a su llegada a territorio europeo son aún más duras que hace unos meses. Reciben la negativa a entrar, con pasos fronterizos cerrados o muros que antes no estaban, que les obligan a una espera indefinida a la intemperie, bajo el frío y la lluvia, agotados y hambrientos. Dentro de esa parálisis, ayer hubo al menos un movimiento. Croacia decidió abrir a última hora de la tarde, y de forma temporal, su frontera con Serbia, en el paso de Bapska, donde se encontraban más de 3.000 personas bloqueadas en la frontera, aparte de otras 10.000 en el interior del país, en condiciones que ponen incluso en peligro sus vidas. La decisión croata fue como un parche precipitado ante una situación insostenible, con miles de personas de un lado a otro en el corazón de Europa. Por su parte, Eslovenia permitió el paso por Trnovec-Sredisce a unos 300 inmigrantes, lo que provocó que miles de refugiados que esperaban en la frontera intentasen llegar hasta allí.

Cruce de acusaciones

El Ejecutivo croata fue hace meses de los primeros en lanzar un mensaje de bienvenida a los refugiados, hasta que vio que no podía asumir tantas llegadas. Su anuncio y posterior decisión de no aceptar más provocó las críticas de sus vecinos. Eslovenia y Hungría han atacado a Zagreb porque ha permitido el paso de refugiados a otros países sin registrarlos previamente como exigen los acuerdos de Dublín, y fuentes europeas han llegado a reconocer que Croacia ha fletado autobuses escoltados por la Policía para enviar a refugiados sin registrar hacia naciones vecinas.

El juego de acusaciones pasa de país a país, mientras desde la Comisión Europea se lanzó ayer un nuevo mensaje para que se cumplan las reglas comunitarias. Sin embargo, los mensajes de Bruselas poco parecen afectar a los Estados a este respecto. No gustan las vallas, pero siguen levantándolas para proteger las fronteras, y aunque hay amenazas de sanciones para quienes no cumplan los acuerdos de Dublín, todavía no se ha visto un paso más firme que pase de la retórica. La Comisión pidió ayer a los tres países –Hungría, Eslovenia y Croacia– que cooperen para gestionar sus fronteras de forma que permitan una gestión correcta de la crisis. «Intentamos comprobar hasta qué punto estas medidas promovidas en los tres países son compatibles con nuestras normas y son proporcionales para cumplir el espíritu de las mismas», dijo la portavoz de la CE, Natasha Bertraud.

Hungría ha cerrado su frontera con Croacia con el levantamiento de otra valla, esta vez para separarse de un Estado miembro. Las vallas o los muros son criticados por la Comisión, pero ésta tiene las manos atadas. Sólo los países pueden decidir cómo protegen sus fronteras. Para Viktor Orban es la única forma de reducir la llegada de refugiados y nadie en Europa se atreve a contradecirle. Bertraud reconoció que Budapest había informado a Bruselas a través de una carta sobre el aumento de controles con Croacia, «aunque no tenía por qué hacerlo, dado que no es miembro de la zona Schengen». «Los Estados miembros son quienes tienen que gestionar las fronteras como crean. Seguimos de cerca la situación y trabajamos con los países para que se cumpla la ley europea y hacemos lo mejor para trabajar con todos», agregó.

Límites en Austria y Eslovenia

Este muro húngaro ha provocado que el flujo de refugiados se haya ido hacia Eslovenia, un país que ha impuesto un límite a las llegadas a su país, con 2.500 inmigrantes al día. Tampoco hay reacción en Bruselas sobre la decisión de imponer esta cifra. Austria, por su parte, acepta diariamente a 1.500. El Ejecutivo esloveno ha denunciado a Croacia por tratar de enviar más refugiados de los que el país está dispuesto a aceptar. «Es inaceptable», declaraba la ministra del Interior, Vesna Györkös Znidar. Eslovenia ha puesto un límite por razones de espacio. Es un país pequeño y el Gobierno considera que aquellos que lleguen se quedarán en su mayoría, por la dificultad de continuar su camino hacia otro país europeo.

El portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, aseguró en rueda de prensa que desde Bruselas no se quiere «señalar o culpar a nadie». «Estamos convencidos de que necesitamos una solución europea donde todos los Estados puedan responder como una unión. Nuestra propuesta ya está encima de la mesa y trabajamos duro para que el tema se solucione», agregó.

Por ahora, la única estrategia en Europa es que Turquía gestione la crisis de refugiados a cambio de dinero. El objetivo es que los refugiados se queden en Turquía y no lleguen a Europa. Una idea que a medio plazo podría resolver parte del problema, pero ciertamente no la totalidad, siempre y cuando se encontrara la financiación necesaria, en un momento en el que la mayoría de los Estados no quiere oír hablar de compromisos financieros cuando Bruselas está apretando para cumplir el déficit de forma rigurosa y son muchos los que no llegan.