David Cameron: «Ha sido corrosivo que otros evitaran el referéndum»

Apostó por la permanencia tras conseguir concesiones de Bruselas, pero la polarización social y las rivalidades políticas han convertido el referéndum del próximo jueves en una cita clave para el futuro de Reino Unido y para el porvenir del «premier». En esta entrevista realizada el pasado día 11 por el diario «The Guardian», Cameron quema sus últimos cartuchos para esquivar el Brexit

El primer ministro británico, David Cameron
El primer ministro británico, David Cameron

Apostó por la permanencia tras conseguir concesiones de Bruselas, pero la polarización social y las rivalidades políticas han convertido el referéndum del próximo jueves en una cita clave para el futuro de Reino Unido y para el porvenir del «premier».

La entrevista que se presenta a continuación fue elaborada por los periodistas Andrew Rawnsley y Toby Helm para el diario británico «The Guardian» el 11 de junio, fecha anterior al asesinato de la diputada laborista Jo Cox, por lo que no se encontrará ninguna referencia a ella. La muerte de la parlamentaria británica obligó al «premier» a cancelar su mitin en Gibraltar y, posteriormente, las campañas, tanto de permanencia como de salida de la UE, fueron suspendidas hasta mañana.

De una forma u otra, David Cameron se convertirá pronto en un hombre que hará historia. Bien porque en cuatro días haya cumplido su gran apuesta y prevalecido en una de las contiendas políticas más salvajes y significativas en la vida de su país alzándose con la victoria en el referéndum del próximo jueves o bien, por todo lo contrario, porque la consulta haya acabado tanto con su figura política al igual que con Reino Unido como miembro de la Unión Europea, dejando, en ese caso, el debate a los futuros historiadores de por qué un líder flexible y cualificado cometió un fallo tan catastrófico.

La campaña sobre el plebiscito no se ha desarrollado tal y como Cameron la imaginaba cuando dio el pistoletazo de salida. No previó que Boris Johnson y Michael Gove serían quienes iban a liderar la campaña a favor del Brexit; tampoco que la relación entre los miembros del Partido Conservador se tornaría tan tóxica; ni que realmente sería una contienda tan dura. En la recta final esperaba contar con una cómoda ventaja a favor de mantener a Reino Unido dentro de la UE y no enfrentarse a una competición tan ajustada que incluso sus partidarios han definido con el término deportivo «squeaky bum time», que indica una final muy reñida entre dos equipos rivales.

Cameron muestra su lado más político cuando intuye que no está todo ganado: «Evidentemente es un referéndum muy competitivo, no hay duda de que está muy reñido». También su forma de expresarse sugiere que «su bando» necesita acentuar sus argumentos positivos para reforzar la postura de la permanencia en el bloque comunitario: «Tenemos un argumento increíblemente fuerte: mire, si nos quedamos en una Unión Europea reformada, tendremos un futuro brillante. Muchos negocios e inversores verán que Reino Unido ha decidido que su futuro está en Europa y que cuenta con una gran cantidad de oportunidades alrededor del mundo. Veremos más inversión. Veremos más trabajos». «Todo esto muestra un futuro apasionante y necesitamos que eso se entienda, de igual modo que se comprenda que la salida de Reino Unido de la UE conllevaría grandes riesgos».

Dicho esto, Cameron no dejará de jugar la carta del riesgo que supone el argumento clave para explicar por qué sería una locura para los británicos dar «este salto al vacío» saliendo de la UE: «A la gente que dice que hay demasiado alarmismo, demasiados discursos sobre los peligros que esto supondría para la economía, les digo que sí, que eso es lo que yo creo que ocurriría».

A sus ya conocidas advertencias sobre los peligros que entraña el Brexit, añade una nueva al mencionar al Instituto de Estudios Fiscales y otros órganos especializados que apoyan su afirmación de que salir de la UE sería tan dañino para la economía que provocaría un «agujero negro» en las finanzas públicas que implicaría recortes del gasto «por valor de unos 40.000 millones de libras (alrededor de 51.000 millones de euros)». Eso, dice Cameron, significaría que no podría garantizarse que el Servicio Nacional de Salud (NHS) y las pensiones quedaran fuera de los recortes: «Todo eso está también en la papeleta del referéndum y son aspectos que están en peligro».

Durante la entrevista le recordamos a Cameron que Gove (ministro de Justicia y, por lo tanto, miembro de su gabinete) ha ignorado las numerosas advertencias de órganos especializados sobre los peligros del Brexit basándose en que «la gente en este país ya ha tenido que escuchar a bastantes expertos». Cameron nos responde con un desprecio fulminante que sugiere que su antiguo amigo ha ido demasiado lejos. «Pensé que se trataba de una afirmación curiosa porque, aunque determinada gente puede encontrar la opinión de los expertos frustrante, realmente nadie compraría una casa sin escuchar su opinión ni construiría un puente sin atenderles. La idea de dejar de lado todas estas advertencias es absurda».

Lo cierto es que el «premier» se llevó una gran decepción con la decisión de Gove de unirse al bando del Brexit, pero por lo menos le elogia por actuar en base a sus principios, ya que «tenía desde hace tiempo un punto de vista distinto al suyo, a favor de la salida de Europa». Sin embargo, sólo hay rabia hacia Boris Johnson (ex alcalde de Londres) en la sede del número 10 de Downing Street. No está reconocido oficialmente, pero se asume universalmente que el primer ministro ha tenido que autorizar el ataque frontal de la ministra Amber Rudd a Johnson, cuando ésta le dijo ante la audiencia de un debate televisivo: «Tenemos que mirar los números, y temo que el único número en el que Boris está interesado en este momento es el número 10». Fue una buena frase, ¿verdad? Cameron se ríe, se toma un tiempo para responder y entonces, de manera efectiva, apoya la descripción de su ministra sobre Johnson al asegurar que el ex alcalde es un hombre impulsado sólo por su ambición desmedida: «Fue un debate muy bueno. Ella se mostró muy fuerte, creo que Rudd es realmente una estrella. Ella dice lo que piensa y lo dice con mucha fuerza».

Pero el primer ministro lanza su ataque más feroz a los miembros del Partido Conservador (el suyo) que defienden el Brexit al asegurar que han perdido ampliamente la discusión sobre economía y sostiene que, como resultado, han rebajado sus argumentos a los de antiinmigración utilizados por Nigel Farage (líder del euroescéptico UKIP). «Cuando escuchas los argumentos de la campaña a favor del Brexit, te das cuenta de que están empezando a sonar muy similares a los de Farage. Han caído en su argumento de que todo es desastroso. Cuando dicen que les devuelvan el país, pienso que en ocasiones se refieren a la siguiente afirmación: ‘‘Haz que Reino Unido vuelva hacia atrás, a cuando era el enfermo de Europa’’. Farage ha demonizado la inmigración como si éstos fueran violadores».

¿Todo eso le repugna? «Sí, como muchas cosas que dice. He estado observando a este hombre durante toda una década. Miro hacia atrás y voy sumando todo lo que ha dicho, que si los chinos son ‘‘Chinks’’ (una manera despectiva de designar a los ciudadanos chinos); que ‘‘los gays son maricones’’, que ‘‘las mujeres deberían dar el pecho a oscuras en la esquina de una habitación’’...».

«El historial de Farage es muy largo y lo que ocurre es que existe el peligro de que la campaña a favor del Brexit mute hacia la que esta llevando a cabo Farage. Yo diría que todo esto que él defiende no define lo que realmente es Reino Unido. No es lo que nuestro país quiere ser. No es el país que quiero para mis hijos. Así que no voten el próximo 23 de junio por la visión de Reino Unido que quiere Nigel Farage».

Sin embargo, es evidente que los que apoyan el Brexit están prestando tanta atención a la inmigración porque es un tema que llama la atención de una parte significativa de los votantes. Cameron no objeta realmente cuando le sugerimos que él y la campaña por la permanencia han tenido serios problemas para responder a los partidarios del Brexit en el tema migratorio: «Es difícil en la cultura de los eslóganes en la que vivimos elaborar un argumento complejo, pero en relación con este tema, el argumento real es que Reino Unido se beneficia de la inmigración, lo ha hecho en el pasado y lo hará en el futuro. Esto se puede comprobar en nuestros servicios públicos, en la gente que viene y trabaja duro en nuestro país». «Es un argumento equilibrado y matizado, que constituye una mezcla de no querer más algo a cambio de nada, con un control de la inmigración que viene de fuera de la UE, pero también evidenciando los beneficios que puede traer dicha inmigración».

Desde el principio de la campaña sobre el referéndum, una pregunta se ha cernido sobre Cameron, una pregunta que incluso también le han realizado algunos de sus aliados y que es la siguiente. Si el Brexit supone un riesgo tan enorme: ¿qué demonios le ha llevado a arriesgarse a realizar esta consulta? Incluso, existe la creencia generalizada en Westmister de que su canciller y colaborador más próximo, George Osborne, pensó que era una idea demasiado descabellada para poder prometerla. «Ya era hora de que los ciudadanos británicos tomasen esta decisión otra vez», insiste Cameron. «Esta situación ha perseguido a nuestra política durante décadas». De hecho, no cabe duda de que este contexto ha dividido a su partido durante décadas. «El hecho de que los políticos hayan prometido referendos y no los hayan llevado a cabo ha sido corrosivo y ya era hora de lidiar con ello», afirma.

Cameron no puede asegurar el voto a favor de la permanencia en la UE sin el apoyo de los sectores más reacios a sus políticas, por ejemplo, los que apoyan al Partido Laborista, los nacionalistas, los liberal-demócratas y otros grupos no conservadores. Algunos de ellos, normalmente, habrían preferido que les clavasen agujas ardiendo en los ojos antes que seguir la recomendación de un primer ministro «tory». Entonces, ¿cómo ganarse la confianza de este perfil de votante para sumar apoyos? «Yo les diría que no se trata de un político, de un Gobierno o de protestar sobre problemas que puedan generarles preocupación. Esto es algo mucho más grande. Creo que saben que están votando por una generación, por toda una vida», advierte.

Cameron también invita a estos grupos a mirar a la gran cantidad de partidos que comparten su postura de continuar dentro de la UE: «Es una coalición muy, muy grande de gente diferente». En este sentido, el «premier» considera que tener de su lado a las uniones sindicales más importantes del país –teniendo en cuenta que es un primer ministro «tory»– debería resultar un factor muy persuasivo para la población. Sin embargo, está preocupado porque este aspecto parece no estar calando en los votantes debido a la gran concentración mediática en torno a conflictos de personalidades entre los conservadores «senior». «Otros partidos y grandes sindicatos están trabajando muy duro. A veces se pueden quedar fuera de juego porque, sabe, a los medios les encanta el tipo de show que ofrecen Dave y Boris. Y que eso suceda es un problema», señala.

En este aspecto, el «premier» refleja cierta ansiedad porque cree que «ha habido demasiada competencia dentro del Partido Conservador que no ha beneficiado a la campaña» global por la permanencia. El hecho de que la atención se haya centrado tanto en las rencillas internas «tories» aumenta la preocupación entre los estrategas favorables a un Reino Unido dentro del bloque comunitario, ya que creen que en este escenario los votantes no conservadores han quedado relegados a un segundo plano. Por esta razón, ahora el líder británico busca «salir un poco de la línea de fuego para que las figuras del Partido Laborista y otros (partidos) puedan opinar; soy parte de una gran coalición y necesito dar a esas otras partes la posibilidad de hablar porque no debo acaparar esto por ser primer ministro».

No queda duda de que su meta es que los medios de comunicación presten más atención a otros defensores de la permanencia, especialmente a las principales voces del Partido Laborista, ya que sus votos son imprescindibles para ganar el referéndum del día 23. «Incluso si no estáis de acuerdo conmigo, escuchad a los sindicatos, escuchad a los Verdes, escuchad a Jeremy Corbyn. No te pueden acusar de ‘‘establishment’’ si estás diciendo que se debería escuchar a Corbyn y a los Verdes», ironiza. Seguro que el líder conservador nunca pensó que terminaría profiriendo una frase como ésta: «Escuchad a Jeremy Corbyn».

La discusión sobre Europa ha iluminado con una luz muy intensa las profundas fisuras que existen en el seno del Partido Conservador, pero también ha puesto en relieve algo aún más profundo e inquietante: las fracturas vívidas y viscerales que atraviesan todo el Reino Unido contemporáneo. Las fisuras entre el Reino Unido metropolitano y el no metropolitano, entre la población joven y los mayores británicos, entre un país que siente que avanza con el ritmo correcto y otro que siente que se está quedando atrás. Y también la división que existe entre un país que se encuentra cómodo en el mundo de la globalización y otro que percibe una aguda sensación de que está perdiendo su verdadera identidad.

El «premier» no concuerda por completo con nuestra radiografía del país: «De verdad necesitamos explicar que estas oportunidades no son simplemente para la gente que ya tiene ventajas: estas oportunidades son para todo el mundo», responde Cameron. Ocurra lo que ocurra el día de la consulta más decisiva que ha afrontado Reino Unido en los últimos tiempos, insistimos al primer ministro en esa fractura que en la actualidad divide al país y le sugerimos que dichas grietas sociales entre los británicos no desaparecerán el 24 de junio, un día después de la consulta, y que quedarán ahí como otro nuevo reto a abordar. En cambio, Cameron mantiene su postura, difiere de este pensamiento e insiste en la imparable voluntad del pueblo británico de mantenerse unido a pesar de las diferencias que puedan evidenciarse en el referéndum: «Creo que el electorado británico es muy imparcial. Si la decisión es que nos quedemos en la UE, tanto los partidarios a favor de marcharse como los que abogan por quedarse, dirán: ‘‘Gracias a Dios que se ha acabado’’. Y también afirmarán: ‘‘Ha sido una competición justa, un voto justo, hemos decidido, vayamos adelante con ello’’. Yo pienso que nos sorprenderá la rapidez con la que la gente volverá a unirse de nuevo», asegura convencido el líder «tory».

Esto muestra que algunos de nosotros somos demasiado despreocupados en cuanto a las enormes pasiones y profundas divisiones expuestas en este referéndum. O, quizá, estemos pidiendo demasiado a David Cameron, intentando que reflexione ahora sobre los remedios que podríamos necesitar los británicos después de la votación. Le quedan muy pocos días para afrontar la campaña política más importante de su vida, la que pone en juego tanto el futuro de su país como su reputación política y personal, y Cameron sólo tiene espacio en su mente para concentrar todos sus esfuerzos en pensar qué mensaje le enviarán las urnas británicas la próxima semana.