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El asesor de Trump sobre Ucrania refuta la versión de la Casa Blanca

El teniente coronel Alexander Vindman, miembro del Consejo de Seguridad Nacional y experto destacado sobre Ucrania, testificó ayer en el Congreso de EE UU. En su testimonio, publicado por «The New York Times», el hombre que aconseja a la Casa Blanca en cuestiones geoestratégicas relacionadas con Ucrania y Rusia, explicó que la conversación entre Donald Trump y el presidente de Ucrania, Vladimir Zelenksi, le pareció muy preocupante. El militar habló de una reunión previa con el embajador de EE UU, Gordon Sondland, y miembros del Gobierno ucraniano, en la que éste habló sobre «investigaciones específicas que sirvieran para asegurar la reunión con el presidente». Para Vindman las palabras de Sondland fueron «inapropiadas», pues «la solicitud de investigar a Biden y su hijo no tenía que ver con la seguridad nacional».

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En cuanto a la llamada, no juzgó «apropiado exigir que un Gobierno extranjero investigara a un ciudadano estadounidense». Vindman certificó que estaba «preocupado por las implicaciones para el apoyo de EE UU a Ucrania». «Me di cuenta», dijo, «de que si Ucrania realizaba una investigación sobre Biden y Burisma, probablemente se interpretaría como una jugada partidista que indudablemente resultaría en que Ucrania pierda el apoyo bipartidista que hasta ahora ha mantenido. Todo esto socavaría la seguridad nacional de EE UU. Después de la llamada, denuncié nuevamente mis preocupaciones al abogado del Consejo de Seguridad Nacional».

A la salida, los congresistas demócratas denunciaron que sus colegas republicanos habían presionado a Vindman para que diese la identidad del testigo protegido, el confidente que denunció las conversaciones de Trump con el presidente Zelenski. En palabras de la congresista demócrata Debbie Wasserman Schultz, «lo que los republicanos están tratando de hacer allí es tratar de abrir o cerrar la puerta al teniente coronel Vindman para que revele quién es el denunciante, aunque en su testimonio dijo que no sabía. Están intentando lograrlo por la puerta de atrás y a través del proceso de eliminación por sus preguntas, están tratando de que lo revele, y no han tenido éxito».

Entre tanto Nancy Pelosi, presidenta del Congreso, una de las tres máximas autoridades del Estado y líder de la mayoría demócrata, acaba de anunciar que mañana está previsto votar y reconocer el procedimiento del «impeachment», incluida la posibilidad de desarrollar varios de los interrogatorios de los comités en abierto. Esto es, lo mismo vienen pidiendo senadores como el republicano Lindsey Graham desde hace semanas. Lejos de discutir el fondo del posible «impeachment», la teórica extralimitación de los poderes presidenciales para presionar a un mandatario extranjero y que investigase a un rival político, la Casa Blanca y sus aliados parlamentarios lo habían derivado todo a un debate puramente formal: el «impeachment» está viciado porque los comités, cumpliendo el reglamento, entrevistan a puerta cerrada. Hasta el punto de que la pasada semana una docena de congresistas republicanos practicaron un verdadero acto de filibusterismo cuando invadieron uno de los interrogatorios y obligó a suspenderlo mientras comían unas pizzas.

Todo cambiará cuando el congreso vote los pasos a seguir. En cuanto quede claro cómo operar, y al público y al común de los legisladores le sea dado escuchar los testimonios, será casi imposible no detenerse en la sustancia del escándalo. Como escribía Stephen Collinson en CNN, la votación, y la previsible aprobación del plan de Pelosi, «comenzará a erosionar el pilar central de la defensa de Trump hasta el momento», a saber, «que la investigación no es más que una farsa inconstitucional que lo está privando del debido proceso».

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