El Brasil de Temer se echa en brazos de China

El nuevo presidente llega a Pekín en busca de inversiones millonarias para un ambicioso plan de privatizaciones que reactive el país

La Policía interviene en las calles de Sao Paulo para reducir las protestas contra el nuevo presidente de Brasil
La Policía interviene en las calles de Sao Paulo para reducir las protestas contra el nuevo presidente de Brasil

El nuevo presidente llega a Pekín en busca de inversiones millonarias para un ambicioso plan de privatizaciones que reactive el país

Michel Temer (de centroderecha) ya se estrena como presidente en China, adonde viajó nada más jurar el cargo para asistir a la cumbre del G-20 de este fin de semana, en la que intentará devolver el brillo a Brasil. Su llegada a la presidencia no fue gloriosa, asumió el cargo en una ceremonia en el mismo Senado que este miércoles condenó a Dilma Rousseff, y puso fin a los gobiernos de la izquierda en el gigante suramericano. Poco le durarán las ganas de celebrar.

Con el desempleo en niveles récord (más de once millones de personas), la inflación galopante y un gigantesco déficit fiscal, la economía brasileña se contraerá un 3,16% este año. «Cuando Brasil quiere, Brasil cambia», anunció ante el Senado, antes de pasar a enumerar su objetivos: «Techo de gastos para el Gobierno, eficacia administrativa, vuelta del crecimiento económico, generación de empleo, seguridad jurídica, ampliación de los programas sociales y la pacificación del país», expresó Temer.

Con este horizonte nublado, el presidente brasileño tiene previsto buscar inversiones en China con el objetivo de atraer capital extranjero para su programa de privatizaciones, que alcanzará los sectores de aeropuertos, puertos, carreteras, ferrocarriles, distribución de electricidad y saneamiento básico. También está prevista la firma de once acuerdos comerciales en Shanghái, entre los que figura una operación de crédito por valor de mil millones de dólares entre Petrobras y China Eximbank y la venta de 50 aviones, además de un acuerdo para una gran terminal con el fin de aumentar la capacidad de carga de los productos agroalimentarios brasileños, especialmente los relativos a la industria de la carne. Ambos países están muy interesados en aumentar el comercio bilateral y Temer se reunirá con empresarios chinos y políticos para tender nuevos puentes.

Antes de reunirse con los dirigentes chinos, Temer participará en la cumbre del G-20, donde presentará a los líderes de las mayores potencias del planeta sus planes para sacar a Brasil del abismo económico en que se ha sumergido en los últimos años, que incluyen desde un duro recorte del gasto público y un plan de privatizaciones aún no detallado oficialmente. El nuevo presidente de Brasil está dispuesto a privatizar «todo lo que sea posible». La privatización se convirtió en una palabra prohibida tras la victoria del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que llegó al poder en 2003 con Lula da Silva y se mantuvo en él hasta el pasado mayo.

El paquete privatizador, que podría anunciarse a mediados de mes, prevé transferir a la iniciativa particular en un primer momento los aeropuertos de Florianópolis, Porto Alegre, Salvador y Fortaleza y al menos dos terminales portuarias. El presidente ha reiterado que no incluirá, ni a corto ni a largo plazo, la privatización de la petrolera estatal Petrobras, la joya de la corona de Brasil y protagonista del mayor escándalo de corrupción de la historia del país. Pero los aliados de Temer han impulsado un proyecto de ley, que avanza en el Congreso, para aflojar el control del Estado sobre el régimen petrolero de Brasil y limitar los privilegios de Petrobras como operadora única en los yacimientos más ricos del país. Una vez aprobada esa reforma legal, la intención del Gobierno es abrir las puertas a grandes empresas petroleras del mundo, interesadas en esos yacimientos pero que los veían con cierta desconfianza por la obligatoriedad de asociarse a Petrobras, sumergida en una grave crisis.

Los recursos de las privatizaciones serán fundamentales para que el Ejecutivo consiga alcanzar la meta de déficit fiscal propuesta para el próximo año de 44.234 millones de dólares, un grave agujero que Temer atribuye a Rousseff.

Rousseff recurre su destitución

La ex presidenta Dilma Rousseff presentó ayer un recurso ante el Tribunal Supremo en el que solicita que se anule el juicio político celebrado en su contra, alegando que el proceso de «impeachment» ha estado plagado de irregularidades. También ha pedido que se celebre un nuevo juicio político porque considera que los argumentos que dieron lugar al mismo son inconstitucionales.