El Vaticano se suma a los países que piden retirar la Constituyente

Asegura que «fomenta el enfrentamiento e hipoteca el futuro» del país y muestra su preocupación por «el aumento de muertos y heridos»

Asegura que «fomenta el enfrentamiento e hipoteca el futuro» del país y muestra su preocupación por «el aumento de muertos y heridos».

Aunque consciente de que todo intento de hacer entrar en razón a Nicolás Maduro ha sido hasta la fecha inútil, el Vaticano lanzó ayer un nuevo llamamiento urgente para que el Gobierno venezolano suspenda la Constituyente y desista de una vez por todas en su intento de cercenar los derechos y libertades fundamentales de su pueblo. Una petición que, como se pudo comprobar poco después, fue desoída de de nuevo por el presidente del país.

En un texto hecho público, la Iglesia manifestó de nuevo su «profunda preocupación por la radicalización y el agravamiento de la crisis en la República Bolivariana de Venezuela», así como «por el aumento de los muertos, de los heridos y de los detenidos». «El Santo Padre, directamente y a través de la Secretaría de Estado, sigue de cerca dicha situación y sus implicaciones humanitarias, sociales, políticas, económicas e incluso espirituales», añadía el comunicado.

Por ello, haciendo uso de su diplomacia, la Santa Sede reclamó además «a todos los actores políticos, y en particular al Gobierno, que se asegure el pleno respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, como también de la vigente Constitución». La petición fue todavía mucho más allá al exigir que «se eviten o se suspendan las iniciativas en curso como la nueva Constituyente que, más que favorecer la reconciliación y la paz, fomentan un clima de tensión y enfrentamiento e hipotecan el futuro». También insistió en que «se creen las condiciones para una solución negociada», según directrices dadas anteriormente por el Vaticano, «teniendo en cuenta el grave sufrimiento del pueblo a causa de las dificultades para obtener alimentos y medicamentos, y por la falta de seguridad».

Por último, la Santa Sede también dirigió «un apremiante llamamiento» a la sociedad «para que sea evitada toda forma de violencia, invitando, en particular, a las Fuerzas de seguridad a abstenerse del uso excesivo y desproporcionado de la fuerza».

Hace poco más de un mes, el Papa Francisco se reunió en privado con miembros de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana y recibió amplios informes sobre la dramática crisis por la que atraviesa el país americano. En varias ocasiones, el obispo de Roma ha pedido al Gobierno de Maduro un cambio de política y ha exhortado a la comunidad internacional a buscar una solución urgente, pero todo intento ha sido en vano. La última reseñable, el pasado 2 de julio, días antes de la conmemoración de la independencia venezolana.

Por otro lado, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, se unió a la ofensiva de la Iglesia y pidió «dar respuestas viables» a la crisis, poniendo las necesidades de la población por encima de todo. En una entrevista al diario «Avvenire», afirmó que «en el caso de Venezuela pueden existir opiniones diversas, pero lo importante es intentar dar respuestas viables con base en la situación, sobre todo teniendo en cuenta las condiciones reales de la población y del bien común que debe estar antes que todo». «Los muertos son demasiados y creo que no existan otros criterios para seguir que no sea el bien común de la gente», insistió.

En ese sentido, añadió que «es preciso hallar una manera pacífica y democrática para salir de esta situación, y el único camino es siempre el mismo: nos debemos encontrar, hablar, pero seriamente, para que hallemos un camino de solución».

Los obispos venezolanos tampoco callan y denuncian a diario la situación. Por ejemplo, el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Diego Padrón, ha llegado a decir que en el país existe una lucha entre «un Gobierno convertido en dictadura» contra un pueblo que clama libertad, alimentos y elecciones justas. En privado, Padrón explicó a Francisco «que hoy en Venezuela ya no hay propiamente un conflicto ideológico entre derecha e izquierda, entre patriotas y escuálidos, todo eso paso a un segundo o tercer plano, sino una lucha entre un Gobierno convertido en dictadura y todo un pueblo que clama libertad».