Internacional

Los mártires de Chernigiv

Sin comida, ni agua, ni electricidad, la joven Katy resiste junto a su familia después de más de un mes de bombardeos rusos

Un soldado entierra a dos compañeros fallecidos durante el asedio de las tropas rusas a Chernigiv
Un soldado entierra a dos compañeros fallecidos durante el asedio de las tropas rusas a Chernigiv FOTO: NATALIIA DUBROVSKA EFE

Chernigiv es una ciudad importante en la ruta norte desde Bielorrusia y Rusia a Kiev. Desde hace más de un mes, ha estado bajo el asedio y el bombardeo por las tropas rusas. Durante el tiempo que pasó tratando desesperadamente de encontrar algo de calma, Katya llegó a una conclusión. La muerte en sí misma no es terrible. En fin, si un proyectil la golpea, todo terminará rápidamente.

Una joven dentista de Chernigiv, Katya Nakonechna, pasó 25 días en la ciudad sitiada. Durante mucho tiempo no quiso dejar a su familia: sus padres, tío, abuelos y abuelas. Decidió irse solo cuando sintió que podría ayudar mejor a su familia desde el exterior. Unos días después, las bombas rusas destruyeron un puente clave entre Chernigiv y Kiev. La última ruta de evacuación y entrega de ayuda humanitaria ha sido bloqueada.

Guerra Ucrania
Guerra Ucrania FOTO: Antonio Cruz

Katya habla un idioma ucraniano muy correcto aunque con su familia habla ruso. Alrededor del 12% de la población de la ciudad son de etnia rusa y bielorrusa, incluidas las familias de ex militares rusos. Pocos imaginaban que Rusia bombardeara la ciudad.

Dice que los primeros días fueron los más difíciles. Su corazón latía con fuerza, tenía que obligarse a comer, solo para seguir funcionando. Durante uno de los ataques, cuando se refugiaron en el corredor de su apartamento, Katya contó 80 explosiones. Había pensado que el tiempo bajo el bombardeo duraría para siempre. Pero fue lo contrario, una hora y media de bombardeo pasó volando como unos minutos. Los proyectiles impactaron en una casa vecina, matando a algunos vecinos. En el bloque residencial de Katya, una onda explosiva destrozó el vidrio de algunas ventanas.

No hay ni luz ni agua corriente en la ciudad. Como el gas aparece solo esporádicamente, la gente cocina en un fuego afuera. Las alegrías simples de los residentes de Chernigiv a menudo están relacionadas con la comida. A veces, se encuentra un nuevo pozo más cerca de casa. A veces, un vecino comparte algunos peces que atrapó en el río vecino. Cuando se cortó la luz y las neveras dejaron de funcionar, empezaron a compartir delicias como el caviar y el pescado rojo, lo que hizo que algunas personas dijeran que nunca habían comido tan bien en su vida.

Katya junto a su abuela
Katya junto a su abuela FOTO: La Razón LA RAZÓN

Sin embargo, sin suministros de alimentos, la gente se ve obligada a salir y hacer cola durante horas al son de los bombardeos. Estos esfuerzos no siempre valen la pena: un día la madre de Katya fue recompensada por su paciencia con seis bolsitas de té. El precio puede ser la muerte o lesiones. Varias colas han sido alcanzadas por minas y bombas rusas. Ahora que las tropas rusas se han retirado parcialmente, han dejado un campo minado.

Las colas cerca de los pocos generadores de electricidad son incluso más largas que para el pan. La voluntaria Olena, que había ayudado a llevar los suministros más necesarios a la ciudad, cuenta que los residentes de Chernigiv hacen fila para cargar sus teléfonos y poder comunicarse con sus familiares. No ha habido contacto con algunas personas durante semanas. Otros residentes están abrumados con solicitudes para comprobar si esta o aquella persona está viva. El padre de Olena fue herido durante un bombardeo de una cola de pan que mató a 15 personas. Fue otra voluntaria, Natalia, quien ayudó a encontrarlo. Natalia publica noticias de la ciudad en su página de Facebook.

Según Natalia, la situación aún no es tan mala. En raras ocasiones cuando aparece agua corriente durante una o dos horas, repone las «reservas estratégicas» en el baño. Asegura que un balde de 10 litros es suficiente para lavarse y lavar algunas cosas también. De mentalidad ecológica, está acostumbrada a utilizar sus recursos con moderación.

El bombardeo constante es lo peor. Algunos barrios de la primera línea están arrasados, y toda la ciudad tiene huellas de daños. La universidad, el estadio, los mercados y las escuelas, muchos edificios residenciales han sido alcanzados por las bombas rusas, que ya han matado a unas 400 personas, muchos de ellas niños.

Uno de los niños asesinados fue Dmytryk, de 10 años, hijo del ultramaratonista local Maxim. La familia vivía en el último piso de un edificio de apartamentos. Cuando empezó el bombardeo fatal, bajaron al vestíbulo porque pensaron que allí era más seguro. El proyectil explotó a pocos metros del edificio y la onda expansiva destrozó la puerta metálica. Dmytryk y su madre Yevgeniya resultaron gravemente heridos. Los vecinos tuvieron miedo de salir de los refugios cercanos para ayudarles. Solo más tarde los heridos fueron trasladados a un refugio, y una ambulancia los recogió aún más tarde. Una semana después, Dmitry murió. Yevheniya corre el riesgo de perder su pierna, ya que es necesario sacarla de la ciudad para que reciba el tratamiento necesario.

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A pesar del riesgo, el periodista local Vladyslav Savenok se ha quedado en la ciudad. En un vídeo, muestra a un hombre mayor quien dice que su mujer es ciega y no sale de casa. Hace varias semanas que no puede recibir una pensión para ella. Se requiere permiso notarial. Pero ya no encuentra notario en la ciudad, que ha sido abandonada por más de la mitad de sus 285.000 habitantes.

El sótano como refugio a las bombas
El sótano como refugio a las bombas FOTO: La Razón LA RAZÓN

En otro, muestra un apartamento destruido en un bloque residencial. Su dueña estaba gravemente enferma y no se levantaba de la cama. Murió allí tras un impacto directo de un proyectil ruso. La vecina que muestra el apartamento parece tranquila, pero cuando le preguntan si piensa irse, empieza a llorar: «¿Adónde debo ir? ¡Esta es mi casa!».

A Katya le ayuda el hecho de que todavía tiene conexión telefónica con su familia y puede hablar con ellos todos los días. Las preguntas son siempre similares: ¿Dónde están bombardeando? ¿Estáis a salvo? Katya explica que a veces son los lugareños quienes tienen que tranquilizarla y no al revés. Una amiga suya asegura que cree que todo terminará pronto.

Una noticia reciente también le da fuerza: un conocido de su padre, que está «al corriente», le ha dicho que «nuestros muchachos» en el ejército son muy hábiles y todo saldrá bien. Si antes casi no había informes de éxitos de las tropas ucranianas en la área, los últimos días dan esperanza de que el cerco por las tropas rusas pueda ser roto. El jueves, las autoridades locales anunciaron que habían logrado derrotar a los rusos en un pueblo desde donde habían bombardeado el último convoy humanitario a la ciudad. Hay esperanza de que Chernigiv pueda evitar convertirse en otro Mariupol. Siempre hay esperanza.