Entrevista

Giuliano Amato: «El populismo crece porque el ascensor social ya no funciona»

El ex “premier” italiano subraya a LA RAZÓN que «existe una conexión entre un buen crecimiento económico y la reducción de los movimientos populistas, que se alimentan de la insatisfacción social»

El ex primer ministro italiano Giuliano Amato, durante la entrevista con LA RAZÓN
El ex primer ministro italiano Giuliano Amato, durante la entrevista con LA RAZÓNJesús G. FeriaLa Razon

Hablar de Giuliano Amato (Turín, 1938) es hablar de un político y jurista que ha dedicado su vida al servicio público como primer ministro en dos ocasiones (1992-1993 y 2000-2001), al frente de numerosas carteras ministeriales desde mediados de los ochenta y como presidente del Tribunal Constitucional hasta hace unas semanas. Amato es la figura de consenso a la que Italia acude como salvavidas en momentos de crisis. A comienzos de año su nombre sonó otra vez para suceder a Sergio Mattarella como presidente de la República. El político socialdemócrata atendió este jueves a LA RAZÓN minutos antes de pronunciar su discurso de ingreso como académico de honor de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

¿La guerra de Ucrania y sus consecuencias económicas alientan a los movimientos populistas en los países europeos?

-En estos momentos de incertidumbre, la negociación es imposible porque Putin confía en que en debido a invierno frío reacción de algunos sectores de la opinión pública aumente la presión sobre nuestros Gobiernos para digamos a Ucrania que acepte las condiciones que sean precisas para acabar con la guerra. Esto es lo que se ha escrito, no es mi punto de vista personal, pero lo comparto. Tiendo a pensar que cuanto antes mejor. Pero la clave son las condiciones para el final de la guerra. Porque para acabar la guerra ahora, Rusia pediría a Ucrania que Donetsk y las otras tres provincias pasen a ser territorios rusos y el control de las centrales nucleares. Y entiendo que estas condiciones son inaceptables para Kyiv. Por ello, nos encontramos antes una difícil situación porque cuanto más dure la guerra más crecerá el populismo en nuestros países. Al mismo tiempo, no tenemos una solución para acabar el conflicto antes de que comience el invierno. La única solución sería que los das potencias más fuerte del mundo, EE UU y China, convenzan al presidente de Rusia de que acabe con esto y abandone sus demandas. Pero, ¿lo harán? ¿Son lo suficientemente fuertes para hacerlo?

¿Cómo debe hacer frente a la UE al deterioro del Estado de derecho en dos de sus Estados miembros, Polonia y Hungría?

Son problemas diferentes porque podemos desde España o Italia cómo Polonia y Hungría son dos partes de un problema para la Unión Europea. Por ejemplo, han adoptado posiciones diferentes en relación a la guerra de Ucrania. El populismo doméstico proviene de diferentes orígenes. Sin embargo, tienen algo en común. Tanto Varsovia como Budapest mantienen un fuerte conflicto con la Comisión Europea a cuenta de la justicia, en concreto sobre el imperio de la ley y el Estado de derecho. Si un país desea ingresar en la Unión Europea tiene que demostrar que tu sistema judicial es independiente del sistema judicial. Punto. Si no puedes demostrarlo, no puedes entrar en la UE. Pero una vez que ingresas como Estado miembro no puedes adoptar unas medidas que no te habrían permitido ingresar en la Unión Europea. Y eso es, precisamente, lo que han hecho Polonia y Hungría durante estos últimos años. Y esto es populismo. Porque uno de los los elementos de los populistas es proclamar que ellos no representan a una parte de la sociedad, sino a la sociedad entera. Por consiguiente, ellos se atribuyen la “voluntad general” de la que hablaba Jean-Jacques Rousseau. En opinión de los populistas, cualquiera que suponga un obstáculo a esta “voluntad general” es un enemigo de la gente. Y este es ahora el principal problema sin resolver en los casos de Hungría y Polonia. Ahora la UE condiciona la entrega a los Estados miembros de los fondos del programa New Generation al respeto al Estado de derecho. Es decir, que si no se cumple esta condición, se pierde el dinero. Polonia ya ha obtenido los fondos, pero no es el caso de Hungría por su diferente posición sobre la guerra de Ucrania.

¿Cómo debemos responder al populismo que crece elección tras elección en Europa? ¿Debemos integrar a esos partidos en las instituciones y negociar con ellos como un grupo más o aislarlos con un fuerte “cordón sanitario”?

En cada país los grupos populistas son diferentes y responden a motivaciones diferentes. Pero, en términos generales. hay una conexión entre un buen crecimiento económico y la reducción del populismo porque el principal apoyo a los movimientos populistas es la insatisfacción sobre qué va a pasar con mi salario, con mi futuro, lo que les espera a mis hijos, la educación necesaria y cuánto me va a costar, por el sistema sanitario es más benévolo con los más ricos que conmigo, etc. El populismo ha llegado a ser un movimiento político relevante en los primeros años de este siglo porque el ascensor social ya no funciona, los salarios han bajado por la competencia global, y se pierden empleos por las innovaciones tecnológicas. Como resultado, varios sectores de la sociedad se sienten insatisfechos. Con todo, este no es el caso de Polonia, donde durante los últimos años ha disfrutado de un fuerte crecimiento. El problema viene de que su sociedad católica tradicional contrasta con una sociedad europea donde se reconocen los derechos individuales y existen diferentes tipos de familia. Polonia defiende sus tradiciones frente a Europa.