Final de sangre para el secuestro de Argelia

El asalto del Ejército argelino pone fin a tres días de chantaje yihadista y deja un balance de 23 rehenes y 32 terroristas muertos

Imagen satélite d ela planta de gas
Imagen satélite d ela planta de gas

No cabía esperar otro final. Tras un primer asalto el jueves que permitió liberar a varios centenares de trabajadores locales de la planta de gas de In Amenas, en el sureste de Argelia, y algunos rehenes occidentales, la segunda fase de la operación concluyó ayer con un dramático balance humano. Siete de los extranjeros secuestrados fueron ejecutados por el grupo de islamistas que desde el viernes permanecía atrincherado en una fábrica de la zona de producción y que ayer amenazaba con inmolarse si las fuerzas especiales argelinas trataban de acercarse. Sus nacionalidades no han sido, de momento, confirmadas.

Durante el asalto final, once terroristas fueron abatidos por los militares, sin poder llegar a hacer explotar las instalaciones gasísticas como tenían planeado. Lo que sí consiguieron fue iniciar un incendio que hubiera podido provocar una mayor tragedia pero que, al parecer, pudo ser extinguido con la ayuda de empleados locales que aún permanecían en la base.

También se hallaron los restos de quince cuerpos carbonizados en cuya identificación se comenzó ya ayer a trabajar según las agencias argelinas de información. A falta de un balance definitivo, las cifras provisionales del Gobierno argelino elevaban a 23 los rehenes que habrían perdido la vida en un agónico secuestro de más de 72 horas. Entre ellos varios británicos, japoneses y un francés, Yann Desjeux, de 52 años, y ex militar de las fuerzas especiales. Según un comunicado oficial, el Ejército consiguió liberar a 685 empleados locales y 107 foráneos.

Los salafistas muertos ascenderían a 32 de un total de cuarenta guerrilleros yihadistas que, se cree, podían formar el comando. Algunos de sus hombres, liderados presumiblemente por Abdoul Rahman al Nigeri, un nigeriano allegado de Mojtar Belmojtar, alias «el tuerto» y cerebro del ataque, habrían sido capturados con vida por agentes argelinos. Los servicios secretos esperan obtener de los interrogatorios información sobre Belmojtar, cabecilla de «Los que firman con sangre», una célula disidente de AQMI, y que muy probablemente no integraba el comando autor de la toma de rehenes.

Afortunadamente, dieciséis occidentales –dos norteamericanos, dos alemanes y un portugués entre otros– lograron ser rescatados ayer, aunque se desconocen las circunstancias exactas. Probablemente, al igual que hicieron otros rehenes, permanecieron escondidos y encubiertos con ayuda de los empleados argelinos para evitar ser atrapados por los islamistas que habían hecho de los extranjeros su principal y único objetivo. De hecho, según varias fuentes, pretendían huir con el mayor número posible hacia el impenetrable desierto del Sahel, refugio y santuario de los yihadistas secuaces de Al Qaeda, para utilizarlos como «moneda de cambio» en su cruzada contra Occidente. Entre sus reivindicaciones figuraba el fin de la intervención francesa en Mali, que habría servido de desencadenante. Expertos franceses y americanos aseguran, sin embargo, que la elaboración de un ataque como éste necesita mucho tiempo de preparación para ser improvisado en sólo unos días.

El Ministerio del Interior argelino emitió ayer un comunicado en el que se destacó que tras la operación, el Ejército se incautó de distintos tipos de fusiles, dos morteros, seis misiles tipo C5 de 60 milímetros con lanzaderas, dos lanzagranadas con ocho proyectiles y diez granadas dispuestas en cinturones explosivos. «Argelia acaba de hacer frente a una agresión terrorista de gran amplitud, que ha puesto en peligro cientos de vidas e infraestructuras económicas estratégicas», reza el comunicado.

El testimonio de algunos rescatados ilustra el calvario en que se ha convertido uno de los secuestros más largos y espectaculares de las últimas décadas. Además de obligarles a llevar collares explosivos en torno al cuello, hubo quienes fueron embarcados en todoterrenos-bomba con los que, finalmente, los terroristas no lograron esquivar la fuerte presencia militar. Sin embargo, los bombardeos del Ejército argelino provocaron víctimas mortales entre los secuestradores y sus cautivos. La gestión de la crisis le ha valido numerosas críticas al Gobierno argelino, que por su parte aduce haber hecho frente a condiciones «extremadamente complejas» y «evitado un verdadero desastre», por la opacidad con la que éste ha actuado.

Pero pese a ello y al sangriento desenlace, François Hollande seguía siendo ayer casi el único mandatario indulgente con las autoridades de ese país magrebí, a las que debe la reciente apertura de su espacio aéreo a los aviones galos implicados en la guerra de Mali. «No podía haber negociación», dijo el presidente francés estimando que durante el secuestro Argel había tomado «las respuestas más adaptadas». Desde el inicio, el socialista galo dijo «confiar» en las decisiones que tomaran sus responsables. Hollande condenó la muerte de varios rehenes «cobardemente asesinados» y, una vez más, esta crisis le sirvió al francés para reafirmar su decisión de intervenir en Mali. «Es un argumento suplementario, por si fuera necesaria justificar nuestra acción contra el terrorismo», explicó.

La moderación de Hollande responde también al proceso de acercamiento y mejora de las relaciones franco-argelinas. Además, confía en que, tras el ataque en su propio territorio, el presidente Abdelaziz Bouteflika se involucre más en la lucha contra el terrorismo islamista en el Sahel, donde es un actor fundamental. El Gobierno británico, que deploró ayer la desaparición de al menos cinco de sus nacionales, continúa pidiendo más explicaciones a las autoridades de Argelia, aunque su ministro de Defensa, Philip Hammond, quiso dejar claro que «son los terroristas los que tienen toda la responsabilidad», aseveró en una comparecencia junto a su homólogo estadounidense, Leon Panetta. Horas antes, Panetta aseguró en la BBC que Estados Unidos «tomará todas las medidas necesarias» para proteger a sus compatriotas de la amenaza de Al Qaeda en el Magreb. Sin descartar su participación en operaciones militares con sus aliados, aunque la cuestión «ha de ser discutida». «Nuestro objetivo es asegurarnos de que allá donde Al Qaeda trate de esconderse le impediremos que establezca una base y cometa acciones terroristas», recalcó.