Hiroshima conmemora el 68 aniversario del bombardeo atómico

El primer ministro nipón defiende un mundo sin armas nucleares

Una niña coloca una linterna de papel en el río Motoyasu en memoria de las víctimas de Hiroshima
Una niña coloca una linterna de papel en el río Motoyasu en memoria de las víctimas de Hiroshima

Osaka (Japón)- Hiroshima guardó ayer un minuto de silencio a las 8:15 de la mañana, la misma hora a la que hace 68 años se lanzó sobre la ciudad japonesa la primera bomba atómica de la historia. El primer ministro japonés, Shizo Abe, que presidió la ceremonia del aniversario en el parque de la Paz, se comprometió a hacer todo lo posible para lograr un mundo sin armas nucleares.

Frente a unas 50.000 personas, muchos de ellos supervivientes o «hibakusha», que rondan los 80 años y aún sufren las secuelas de la radiación. Abe certificó que su país mantendrá sus tres principios nucleares de no producir, poseer o permitir la entrada de las armas nucleares en su territorio.

Sin embargo, entre los principales ejes electorales del partido de Abe, reciente ganador de los comicios al Senado, el Partido Liberal Democrático (PLD), está reiniciar las plantas de energía nuclear, vender tecnología nuclear en el extranjero y cambiar la Constitución pacifista nipona.

A la ceremonia acudieron representantes de 70 países, incluido el embajador norteamericano en Tokio, John Ross. Durante el acto, el alcalde de la ciudad, Kazumi Matsui, destacó que Hiroshima «encarna el gran pacifismo de la Constitución japonesa» y pidió aplicar una política energética responsable que dé prioridad a la seguridad. También tuvo una mención para las víctimas del desastre de la central nuclear de Fukushima ocurrido en marzo de 2011. Desde esta fecha casi todos los 50 reactores comerciales de Japón permanecen sin conexión.

La bomba lanzada por el Enola Gay de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos sobre Hiroshima tuvo una intensidad de 16 kilotones y fue arrojada a 600 metros de altura. Dejó 140.000 víctimas directas y muchas más que fallecieron en los años siguientes por las secuelas de la radiación.

El 9 de agosto, una segunda bomba nuclear sobre la ciudad de Nagasaky forzó seis días después la capitulación de Japón y marcó el fin de la II Guerra Mundial.