Incertidumbre en Líbano tras la dimisión de Hariri

El presidente Michel Aoun le encarga que dirija el Gobierno en funciones hasta que designe a un sustituto

Protestan antigubernamentales hoy en Beirut, la capital de Líbano
Protestan antigubernamentales hoy en Beirut, la capital de Líbano

El presidente Michel Aoun le encarga que dirija el Gobierno en funciones hasta que designe a un sustituto

Beirut regresó ayer tímidamente a su actividad normal, pero se podía respirar un aire de escepticismo. Para los manifestantes la dimisión del primer ministro, Saad Hariri, y su Gobierno no trae la solución a la crisis económica y social ni restaura la confianza de los libaneses en sus gobernantes. El vacío de poder que ha dejado la dimisión del Ejecutivo abre un sinfín de interrogantes sobre el futuro de Líbano.

De momento, no se ha encontrado un sucesor de Hariri. Las desavenencias entre los bloques políticos podrían ralentizar el nombramiento del primer ministro como ya ha sucedido con las dimisiones de anteriores Gobiernos que no han logrado ser reemplazados. El propio Hariri ya había dimitido dos veces antes. Fue reelegido primer ministro en funciones para poder desbloquear la crisis política en diciembre de 2016, y encaminar al país a unas elecciones después de nueve años sin Gobierno. Y en 2017 dimitió otra vez por presión de Arabia Saudí. De momento, que Hariri vuelva a ser repuesto en su cargo es la única posibilidad que se baraja, según publicaron ayer los medios libaneses.

“Hariri lo tira todo para negociar mejor su regreso”, escribió el periódico en francés “L’Orient-Le Jour”. “El presidente Michel Aoun le ha pedido a Hariri que sea él el que encabece el Gobierno en funciones hasta consensuar un nuevo Gabinete”, publicó el diario online “Naharnet”. Pero, difícilmente, los cientos de miles de libaneses que se echaron a la calle en estas dos últimas semanas apoyarán su renombramiento.

La movilización sin precedentes se convirtió en un pulso popular para acabar con una élite política que desde hace 30 años, desde final de la guerra civil, se ha mantenido anclada, si apenas cambios. Las protestas han experimentado un raro momento de unidad nacional, en donde los manifestantes han ridiculizado a los políticos de todos los partidos, han exigido mejores servicios públicos, el fin de la corrupción y una revisión completa de la política sectaria.

La renuncia de Hariri se produjo después del fracaso de días de consultas con su gabinete para acordar una reorganización y satisfacer algunas de las demandas de los manifestantes de un Gobierno formado por tecnócratas. La presión de los socios del Gobierno de salvación retrasó la salida del primer ministro, quien ya había insinuado la opción de dimitir desde el principio de las protestas. Tanto el poderoso movimiento chií Hizbulá como la Corriente Patriótica Libre, del presidente Aoun, le advirtieron de que su dimisión traería un vacío político que podría conducir al caos.

Formar un gobierno en Líbano puede llevar meses, y cada líder sectario y partido busca proteger sus propios intereses comunales.

Aunque, para Heiko Wimmen, directora de International Crisis Group en Líbano, “la presión de la calle y, quizás aún más, el temor al colapso económico dictará una formación acelerada del Gobierno”.

Un nombre que suena en ascenso entre la comunidad suní, a la que se le reserva el puesto de primer ministro del país, es la ministra de Interior saliente, Raya al Hasan, que recibido elogios por su manejo de las protestas.

La economía de Líbano, paralizada por la creciente deuda pública, se ha deslizado al borde del colapso en los últimos meses. Por eso, es necesario, poner en marcha el paquete de reformas anunciado por Hariri para desbloquear los 11.000 millones de dólares del gran programa de asistencia extranjera. Sin embargo, los manifestantes piden nuevas elecciones, una medida que retrasaría aún más la implementación de esas reformas