Israel, al borde de las nuevas elecciones

La incapacidad de Netanyahu para formar gobierno abre las puertas a un nuevo plesbicito a unas horas de que finalice el plazo legal.

Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, en una rueda de prensa de ayer donde avanzó la convocatoria de nuevas elecciones parlamentarias
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, en una rueda de prensa de ayer donde avanzó la convocatoria de nuevas elecciones parlamentarias

La incapacidad de Netanyahu para formar gobierno abre las puertas a un nuevo plesbicito a unas horas de que finalice el plazo legal.

Los israelíes vez cada ves más cerca la posibilidad de celebrar unas segundas elecciones después de que ayer por la noche se aprobara en el Kneset (parlamento israelí) una ley para disolver la Cámara Legislativa, una vez comprobada la imposibilidad de Bejanmin Netanyahu de formar un gobierno.

Con 64 votos a favor, 44 en contra y una abstención, esta decisión da inicio a los procedimientos que se tienen que llevar a cabo para convocar otro plebiscito en el Estado, tras un mes y mes y medio de la última votación.

Una decisión que aumenta la tensión política israelí mientras que Netanyahu apura sus últimos momentos para intentar labrar un pacto de coalición entre los distintos partidos ultraortodoxos y del ala derecha.

El bloqueo político tiene su origen en la posición del ex ministro de Defensa y líder del partido secular y nacionalista Israel Nuestra Casa (5 escaños), Avigdor Lieberman, quien, como principal exigencia para unirse al Gobierno del Likud, exige pactar una nueva legislación sobre el servicio militar.

Su proyecto incluye en el reclutamiento forzoso de decenas de estudiantes provenientes de las escuelas rabínicas, quienes ahora están extensos de realizarlo al considerar que los estudios de la Torá son igual de importantes que su labor militar. Sin embargo, los partidos ultraortodoxos del Judaísmo Unido de la Torá y los Shas (que suman 16 escaños) se oponen firmemente a este proyecto de ley.

Liberman manifestó ayer que su partido apoyará la disolución de la Kneset y que no será socio de un Gobierno dirigido por la “Halajá” (Ley judía). “En el Likud están tratando de inventar la narrativa de una vendetta personal. Nuestra posición es de principios, y hemos vuelto a ella una y otra vez”, declaró el dirigente.

Ante un plazo que expira en la medianoche de este miércoles, día 29, las posibilidades de alcanzar un pacto son minúsculas. Si Netanyahu no notifica mañana de manera oficial al presidente israelí, Reuven Rivlin, su propuesta de gobierno, que sume una mayoría parlamentaria, Rivlin tendría la protestad de concederle un plazo extra de dos semanas para seguir con sus negociaciones, encargar dicha misión a otro dirigente o aceptar la disolución de la cámara y convocar unas nuevas consultas.

Eythan Gilboa, director del centro internacional de comunicación en la Universidad de Bar-Ilan en Israel, cree que el principal desafío que existe siempre existe en el Estado judío tras unos plebiscitos es la composición exacta de una nueva mayoría de Gobierno. “Las negociaciones con posibles socios de la coalición, que respondan a las demandas diversas, y en ocasiones conflictivas, la firma de un acuerdo sobre una agenda política, social y económica conjunta y las iniciativas legislativas suelen ser complicadas y llevan mucho tiempo. Solo después del establecimiento de la nueva coalición, sabremos hacia dónde se dirigirá Israel en los próximos años”, asegura.