Política

Israel y Hamas, vuelta al año cero

El Estado hebreo y la guerrilla retoman la lucha conscientes de que nadie ganará

Un palestino contempla la destrucción de la mezquita de Nuseirat,  ayer por los bombardeos israelíes. El Ejército hebreo acusa a Hamas de utilizar los centros religiosos y públicos como arsenales para ocultarlos al enemigo.
Un palestino contempla la destrucción de la mezquita de Nuseirat, ayer por los bombardeos israelíes. El Ejército hebreo acusa a Hamas de utilizar los centros religiosos y públicos como arsenales para ocultarlos al enemigo.

La escalada que están viviendo ahora israelíes y palestinos no comenzó con el operativo «Marco Protector» que Israel lanzó hace seis días en respuesta a la lluvia de misiles disparados desde la Franja de Gaza hacia territorio israelí. Al tomar Israel la decisión de atacar desde el aire numerosos blancos de Hamas en la Franja de Gaza, en el marco de la nueva ofensiva, estaba dando un nuevo título a la ya larga guerra contra la organización, pero la dinámica no era nueva. Tampoco las razones. Desde el comienzo de su camino, Hamas nació como una organización enraizada entre los opositores a la existencia misma del Estado de Israel. Diversos analistas, tanto del lado israelí como del palestino, estiman que los propios israelíes ayudaron en aquel entonces (1987) a la creación de Hamas, viéndolo como contrapeso a la OLP de Yasser Arafat que en aquel momento era visto como el gran enemigo de Israel. Pero independientemente de los errores que Israel puede haber cometido al respecto en aquel momento, desde un principio quedó claro que con Hamas la relación sería, en el mejor de los casos, compleja, si no de enfrentamiento total. En su Carta Constitutiva, Hamas proclamó que su intención era erigir un Estado islámico en Palestina, incluyendo el territorio, en el que se halla el Estado de Israel. Su discusión nunca fue con los territorios en disputa conquistados por Israel en 1967, Cisjordania y la Franja de Gaza, sino con la existencia misma de Israel, que para Hamas son «los territorios ocupados del 48», en referencia al año de la fundación del Estado de Israel. En diferentes ocasiones hubo figuras de Hamas que se manifestaron en favor de un Estado palestino «en las fronteras del 67», pero generalmente de fondo estaba siempre la aclaración que sigue vigente también hoy: Hamas no reconocerá nunca al Estado de Israel. Pero no se trató nunca sólo de un tema ideológico. Hamas tradujo su línea repetidamente en actos violentos, en atentados contra civiles y soldados israelíes. Ya a fines de los años 80 secuestró a soldados israelíes que fueron hallados asesinados. Hubo altibajos en la intensidad y asiduidad de la violencia, pero de fondo, el enfrentamiento era una línea constante. Y durante la segunda Intifada, el mayor distintivo de Hamas fueron los atentados suicidas, cometidos siempre en medio de la población civil en diferentes partes del país, en autobuses, paradas de transporte colectivo, cafés, restaurantes y muchos sitios más. Para Israel, Hamas es una organización terrorista que debe ser combatida, porque su línea es que la única forma de lidiar con Israel es mediante la violencia. Para Hamas, Israel es un país que comete crímenes de guerra , que ocupa ilegalmente el territorio de otro pueblo y que, por ende, debe ser combatido. El fenómeno de los morteros y cohetes disparados hacia territorio israelí, por parte de Hamas y otros grupos, comenzó en febrero de 2001, con los lanzamientos hacia la ciudad de Sderot, elegida como blanco principal. Pero cuando Israel se retiró en setiembre de 2005, al implementar el plan de desconexión ordenado por el entonces primer ministro Ariel Sharon , los disparos no cesaron, sino que por el contrario, se intensificaron. Desde entonces, nunca hubo calma absoluta. Las mejores épocas eran de algunas semanas de tranquilidad, de goteo espaciado, intenisficándose cada tanto el ritmo.

Cada vez que, por ejemplo, Israel desbarataba un ataque planeado en la frontera entre su territorio y Gaza, o mataba palestinos en diferentes incidentes violentos , en Cisjordania, solían llegar las «respuestas» desde Gaza. «Se equivocan los israelíes si creen que pueden separar entre las dos partes... somos todos un pueblo, y a los crímenes cometidos en Cisjordania, podemos responder desde Gaza». Ésta es una postura que repetidamente han defendido diferentes figuras de Hamas. Para la milicia, el lanzamiento de misiles hacia territorio israelí, es un arma legítima «contra la ocupación». Para Israel, es una constante provocación sin sentido, que el israelí promedio realmente no entiende, especialmente desde su retirada de Gaza. En estos momentos, la gran pregunta es si el operativo actual se agudizará con una incursión por tierra a Gaza o si por el contrario, se logrará negociar un alto el fuego que ponga fin a la violencia, tanto a los misiles disparados hacia Israel como a los intensos ataques de Israel hacia blancos palestinos en Gaza. Lo claro es que el Gobierno de Israel –no sin discusiones internas– hubiera preferido no tener que lanzar el operativo actual.

Las autoridades mostraron una evidente renuencia a pasar de las respuestas puntuales a las células que lanzaban cohetes, a un operativo de gran envergadura como el actual. Durante semanas hubo advertencias, se dio tiempo a Hamas, se aclaró reiteradamente que «a la calma se responderá con calma». Pero, en lugar de recuperar la calma y de poner fin a los disparos desde Gaza hacia territorio israelí, diferentes grupos radicales palestinos –no solamente Hamas– intensificaron los lanzamientos de misiles, llegando incluso más tierra adentro en Israel. Finalmente, Netanyahu dio la orden: «Marco Protector» emprendió su camino. El declarado objetivo de Israel es reinstaurar la tranquilidad, lograr que los palestinos dejen de disparar. Ahora se habla también de algo más amplio: debilitar militarmente a Hamas de modo que no pueda –o no quiera– volver a atacar a Israel con misiles dentro de corto periodo. Lo difícil, más allá de lo que vaya a pasar en estos días –incursión terrestre o alto el fuego–, está en el sufrimiento de la población civil. Ambas partes se sienten víctimas y sería imposible asegurar ahora que, en un futuro cercano, podrán verse como vecinos capaces de vivir en paz.