La falta de agua potable abre la puerta a las epidemias

Una niña herida es trasladada por un soldado nepalí en la localidad de Sindhupalchowk
Una niña herida es trasladada por un soldado nepalí en la localidad de Sindhupalchowk

Hospitales desbordados, falta de agua potable y escasez de alimentos se convierten en el mejor caldo de cultivo para la aparición de enfermedades. En catástrofes como el devastador terremoto que asoló Nepal el sábado 26 de abril, «el tipo de infecciones que se ven con mayor frecuencia son aquellas que derivan de la destrucción de los sistemas de distribución de agua potable», advierte el doctor José Antonio Pérez Molina, especialista en Microbiología y Parasitología Clínica del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. El instinto de supervivencia conlleva que la población acceda, según Pérez, «a fuentes de agua menos seguras que, debido a posibles roturas de las tuberías o a la alteración de los sistemas de conducción facilita que el agua se contamine con heces humanas o desechos, lo que abre la puerta a patologías transmitidas por el agua».

Propagación

Es ahí, en el agua, donde se puede producir una epidemia. En este sentido, la doctora María del Mar Lago, de la Unidad de Medicina Tropical y del Viajero del Hospital Carlos III de Madrid, afirma que «en situaciones de catástrofe como la de Nepal surgen enfermedades, y ahora que la población no dispone de agua potable puede haber epidemias de cólera, fiebre tifoidea o listeria, principalmente». En el caso del cólera, por ejemplo, ocurre porque «no hay un buen drenaje del agua y la bacteria se transmite mucho más fácilmente por el agua estancada», añade la experta. El principal síntoma que comparten las patologías producidas por el agua son «las diarreas. En el cólera –prosigue Lago– no son inmediatos, pero tal y como está la situación en Nepal, en los próximos días o semanas puede aparecer la enfermedad». Aunque las vacunas, unidas a unas condiciones de salubridad adecudas, se posicionan como la mejor arma frente a estas infecciones, Lago advierte de que «las vacunas necesitan un mínimo de tres semanas para administrarlas» con efecto.

Otra patología típica en este tipo de catástrofes es la rabia debido, según la experta, a que «hay muchos perros abandonados portadores de la enfermedad que tienen hambre y pueden morder a la gente. Si se produce un caso, hay que administrar de forma inmediata la gammaglobulina y la vacuna antirrábica».

El hacinamiento de la población en una catástrofe de este tipo también guarda relación con una posible epidemia. «De pronto, los habitantes se ven abocados a concentrarse en unas condiciones no ideales y con un soporte médico ínfimo que facilita epidemias comunes como puede ser un sarampión, sobre todo si no están vacunados, así como infecciones de tipo respiratorio», alerta Pérez. Incluso, cuando la situación se cronifica es posible ver otras infecciones «relacionadas con las malas condiciones higiénicas que son transmitidas por piojos cutáneos o garrapatas, entre otros», añade el especialista. La falta de suministro eléctrico conlleva un deterioro en la conservación de alimentos y, según Lago, «abren una vía de infección como el agua». Sin embargo, continúa, una ventaja añadida es que «la zona del seísmo, Katmandú, se encuentra a más de dos mil metros de altitud, por lo que al no haber mosquitos el riesgo de malaria desaparece».