Gas lacrimógeno contra la desesperación

La Policía macedonia dispersa a centenares de refugiados de Idomeni tras saltar el rumor de que se iba a abrir la frontera

Los refugiados tratan de protegerse de los gases lacrimógenos en Idomeni
Los refugiados tratan de protegerse de los gases lacrimógenos en Idomeni

La Policía macedonia dispersa a centenares de refugiados de Idomeni tras saltar el rumor de que se iba a abrir la frontera

La tensión y la frustración crecen diariamente entre los más de 50 mil refugiados varados en Grecia que desde el cierre a cal y canto de la frontera balcánica se niegan a aceptar que su camino hacia el norte de Europa permanecerá cerrado a tiempo indefinido. Desde hace semanas, los rumores sobre una eventual apertura de fronteras corren como la pólvora en los diferentes campos de refugiados que se levantan sobre suelo griego.

Auspiciados por uno de estos rumores, ayer centenares de refugiados del campo de Domen, algunos con la mochila a cuestas, se congregaron frente al paso fronterizo con Macedonia exigiendo su apertura. Movidos por la desesperación comenzaron a tirar piedras contra los agentes macedonios quienes respondieron lanzándoles bombas lacrimógenas, hiriendo a decenas de refugiados, entre los que también se encontraban niños.

Un coctel de desinformación, incertidumbre y la esperanza de poder arribar pronto a un país del centro y norte europeo hace que los refugiados que viven en tiendas de campaña en Idomeni o el del puerto ateniense de El Pireo, se nieguen a abandonar estos campos improvisados, a pesar de que sus condiciones de vida sean cada vez más críticas.

Con la llegada inminente de la pascua ortodoxa (el próximo 1 de mayo) y el incremento de transito de navíos y pasajeros que experimentara el puerto ateniense, el gobierno griego se ha propuesto evacuar cuanto antes el campo de El Pireo. Funcionarios de la Marina Mercante llevan días repartiendo folletos entre los más de 4700 refugiados que acampan en puerto, invitándolos a subirse en uno de los autobuses que les llevaran a un centro de acogida donde poder registrar sus solicitudes de asilo. Aunque los folletos dejan claro que las fronteras no se abrirán y que el desalojo es necesario, la mayoría sigue negándose a irse y cuando la tensión aprieta, también se suceden las protestas.

“No queremos ir a ningún centro. Llevamos más de un mes aquí al que hay que sumarle el mes que pasamos en Turquía. No aguantamos más” manifiesta con enfado Ghinwa, y añade, “cuando decidimos venir a la UE las fronteras estaban abiertas para los sirios y al llegar a Grecia, Macedonia decidió cerrarlas para todos. Somos refugiadas de guerra y la UE tiene la obligación de dejarnos pasar” denuncia la joven, quien ejerció como abogada durante 12 años en un bufete de Alepo antes de que la guerra le obligara a convertirse en refugiada.

Quedarse en Grecia más tiempo tampoco es una opción para Nour, de 25 años, quien también acampa en El Pireo junto a sus dos gemelas de apenas 2 años y un hijo de 6 a la espera de poder ir a Alemania, donde desde hace meses le aguarda su marido. “No quiero quedarme en Grecia y volver a Siria es inviable. El distrito de Alepo en el que vivía fue tomado hace meses por guerreros del ISIS. No podía salir de mi casa. Un día me amenazaron con que si me volvían a ver caminando sin mi marido, me castigarían”, relata Nour.

El hecho de ser sirias y haber alcanzado suelo griego antes de la entrada en vigor del acuerdo entre la UE y Turquía les otorgan muchos puntos para que sean admitidas en un país de la UE y eventualmente en Alemania. El problema está en el cuándo y en el cómo vivir en Grecia mientras tanto.

Los refugiados de El Pireo pasan su día a día entre los muelles E1, E2 y E3 desde donde parten y donde llegan los ferris procedentes de Mitilene, Chíos o Creta. Frente a los grandes navíos y la mirada pasmada de turistas y viandantes se extiende un improvisado poblado conformado por centenares de tiendas de campaña donde los niños corretean y juegan esquivando el paso constante de camiones de mercancías. Tres veces al día se originan largas colas para recibir una porción de comida que suministran militares griegos. Algunos contenedores del puerto son hoy almacenes improvisados desde donde diariamente voluntarios y ONG reparten ropa, mantas o utensilios de higiene personal. También reciben asistencia legal y medica por parte de profesionales que, cuando pueden, ofrecen altruistamente sus servicios. Como es el caso de Lila, una ginecóloga que tras terminar su jornada laboral en una clínica privada de Atenas, ofrece sus servicios a las mujeres del campo, muchas en estado de gestación. “Hoy me han visitado tres embarazadas, una de ellas tenía una hemorragia. Y el otro día acompañamos a una mujer al hospital porque se puso de parto y por suerte, todo salió bien”, declara con una sonrisa.

La llegada de las altas temperaturas sumada al cansancio y la frustración de no saber qué les deparará el futuro, hacen que cada jornada en el puerto se haga más dura de sobrellevar. Aunque miembros de ACNUR les aconsejen diariamente subirse a los autobuses para su traslado a los centros de acogida, la mayoría sigue negándose a irse. El pasado jueves solo se marcharon setenta.

Andreas, un policía portuario de El Pireo confiesa que ve difícil desalojar el puerto en 15 días tal como se ha propuesto el gobierno griego. “Es una situación muy delicada. Hay muchas mujeres y hay más de 1000 niños. No puedes obligarles a irse a la fuerza y me temo que no es algo que se consiga en una o dos semanas. Como mínimo necesitaremos un mes”.

“El problema es la falta de información”, apunta una voluntaria que ofrece servicio legal en El Pireo y que prefiere mantenerse en el anonimato, “muchos creen que si se van a los centros, tendrán que quedarse en Grecia y ninguno quiere eso”. Estamos aquí para informarles de todos sus derechos y del proceso que deberán seguir para realizar sus peticiones de asilo y de las posibilidades que tienen de ser reubicados en un país de la UE”.

Una resolución con la que sueña Sohaib, estudiante de ingeniería electrónica de 26 años de la provincia iraquí del Saladino y que hoy duerme en unas instalaciones abandonadas de la autoridad portuaria de El Pireo: “La reubicación es la única solución que veo para todos los que como yo queremos seguir con nuestras carreras o desarrollarnos profesionalmente” pero matiza, “la UE debería elegir bien a las personas que tienen esas motivaciones y que huyen realmente de la guerra”.

Grecia sigue esperando la llegada de nuevos funcionarios de la UE que se unan a los 1000 de Frontex y 100 de EASO (Oficina Europea de Apoyo al Asilo) que ya están en el terreno para agilizar el procesamiento de las solicitudes de asilo de los más de 53 mil refugiados y migrantes que hoy se encuentran sobre suelo griego. Trámites que parecen alargarse en el tiempo. Al respecto, el joven sirio Hassan, licenciado en historia de Alepo apunta: “llevo 3 semanas intentando acordar la primera cita para registrar mi petición de asilo por Skype –tal como aconseja el gobierno griego- pero nadie ha respondido todavía a mis llamadas”.