«Las autoridades locales condujeron a los filipinos a la muerte»

Patricia Garrido, responsable de proyectos de Manos Unidas en el Sureste Asiático
Patricia Garrido, responsable de proyectos de Manos Unidas en el Sureste Asiático

En Filipinas tardará en regresar la normalidad. Tras el paso del devastador tifón "Yolanda", el pasado 8 de noviembre, la ayuda humanitaria sigue llegando a cuentagotas ante la desesperación de los supervivientes. Las autoridades de las islas bisayas, donde más impacto tuvo el ciclón, cifran en más de 5.000 el número de fallecidos, sin embargo, todavía hay muchas localidades a las que no se ha podido acceder y en la que no se sabe si hay supervivientes. Por este motivo, varios aviones de diversas ONG lanzan bolsas de alimentos y botellas de agua desde el aire para que los que hayan resistido al tifón puedan aguantar hasta que les rescates. Así está la situación tres semanas después de la catástrofe. Rem Balucio, directora de operaciones de SEDP (Programa de desarrollo Socioeconómico), sociedad a través de la cual Manos Unidas canaliza su ayuda en Filipinas, acaba de visitar Madrid, después de haber participado en las primeras labores de ayuda de emergencia en la región de Bicol y cuenta a LA RAZÓN su experiencia. Junto a Patricia Garrido, responsable de proyectos de Manos Unidas en el Sureste Asiático, analiza los fallos de las autoridades filipinas en las labores de rescate, la situación de los que han sobrevivido y cómo se está gestionando el trabjaoe las diferentes organizaciones en un país donde la corrupción está a la orden del día.

-¿Por qué está tardando tanto tiempo en llegar la ayuda humanitaria a las poblaciones más afectadas, cuando pronto se cumplirá un mes de la catástrofe?

Rem Balucio: Las comunicaciones siguen siendo muy complicadas y más aún en las zonas que han recibido con más fuerza el impacto de "Yolanda". Nuestra organización ha tardado en alcanzar la zona más devastada casi 10 días. No encontrábamos la manera de hacerlo, pero al final, nuestro enviado conseguió coger un avión que lo ha traslado a Tacloban. A todo el mundo le está ocurriendo lo mismo. No llega la ayuda, la gente en filipinas se queja de esto constantemente. Pero el hecho no es que no llegue al país sino que no se distribuya bien. En estos momentos gran parte del esfuerzo nacional e internacional se sigue centrando en arreglar los accesos para llegar a los puntos que siguen aislados.

Patricia Garrido: El aeropuerto de Tacloban está a 11 km de la ciudad, pero se tarda en llegar seis horas. Esto es significativo de lo que está ocurriendo en Filipinas y es entendible si se conocen los medios con los que suelen trabajar las autoridades locales.

¿Se han cometido negligencias por parte del Estado filipino a la hora de prevenirse del ciclón?

R.B. Se utilizaron procedimientos de evacuación en función de lo que les dictó la experiencia y en función de cómo habían procedido en tifones anteriores, pero no fue acorde con la magnitud del tifón.

P.G. Es muy llamativo que, por ejemplo, en la isla de San Francisco, que estuvo en el epicentro del ciclón, no hubo ningún fallecido. ¿Por qué? Porque desde siempre las autoridades locales han invertido en sistemas de prevención, en simulacros y todo el mundo está muy bien preparado para este tipo de fenómenos naturales tan comunes en la zona. Sin embargo, en la provincia de Leyte, lo que se hizo fue desplazar a los ciudadanos a zonas de menor altitud de la que estaban, por lo que se les expuso a la muerte. Las autoridades les condujeron a ella. Lo que pasa es que en este aspecto existe un problema de base y es que las políticas de Seguridad no se realizan a nivel nacional sino en el ámbito local, por lo que cada gobierno elige la manera de gestionar los fondos en este aspecto y de igual manera los planes de prevención. Estas políticas deben ser nacionales como ocurre en la mayor parte de los países. Si se hubiera trabajado en esto ahora no estaríamos lamentando miles de muertes, porque lo más probable es que habría ocurrido lo mismo que en la isla de San Francisco: cero fallecidos.

¿Cuáles son las necesidades a corto y largo plazo?

P.G. Creo que lo fundamental es que los filipinos consigan poco a poco volver a su vida normal, es decir, al trabajo. Pero, como es lógico, aquellas personas que se dedican a la pesca (uno de las principales fuentes de ingresos del país) tardarán incluso años en poder volver a hacerlo. Es prioritario también reconstruir las viviendas, los colegios y todas las demás instalaciones que han sido destruidas por el ciclón. A corto plazo, lo que se necesita es seguir evacuando a la gente de las zonas afectadas (algunos están siendo trasladados a Dubai), facilitarles alimentos de primera necesidad y también tiendas de campaña para no dormir a la intemperie. Hay que destacar que han fallecido más de 4.000 personas sólo en Tacloban. Muchos niños siguen vagando solos por las calles, sin familia, sin casa, sin colegio, sin nada...

R.B. Se está viviendo un auténtico drama psicosocial y psicoespiritual en Filipinas. También nos preocupa mucho que no se restablezca con rapidez el sistema de depuración de agua. Hay que agilizar el sistema sanitario para que las enfermedades que ahora surjan no generen epidemias. También hay que enterrar a todos aquellos que han fallecido, pero antes, intentar identificarlos. Los cadáveres pueden generar importantes problemas de salubridad.

¿Sacarán provecho las autoridades locales de esta catástrofe?

P. G. Si se hubiera destinado la mitad de dinero que ahora necesitan para reconstruir el país, a medidas adecuadas de prevención, ahora no necesitarían esta ayuda extraordinaria que están recibiendo de todo el mundo. Pero es lo que hay y así funcionan. Pero en este momento no se puede mirar atrás y los primeros que lo saben son los filipinos. No pensemos que están sentados esperando a que las potencias internacionales sean las que les saquen de esta situación, sino que son los primeros que se han puesto manos a la obra en salir adelante.

¿Cómo está reaccionando el pueblo filipino ante esta tragedia?

R. B. Todo el mundo está dando lo mejor de sí. Por ejemplo, los actores nacionales están participando en actividades públicas para recaudar fondos, incluso, ahora que llegan las navidades, todas las celebraciones que se suelen hacer por esta festividad se van a anular y donarán el dinero que se invierte en ellas a los más necesitados. La sociedad filipina está muy concienciada con esta catástrofe porque lo están pasando muy mal. Por ejemplo, yo tengo amigos y compañeros de trabajo, cuyos familiares trabajan en Tacloban y ahora no saben cuál será su futuro económico, porque sus lugares de trabajo están destrozados. Todos quieren volver a la normalidad, pero es complicado. Eso sí, sus fuertes creencias les hacen ser positivos y estamos preparados para este tipo de reveses que da la vida.