Líbano aprueba el presupuesto más austero de su historia para hacer frente a la crisis

La economía sumida en deudas que arrastra el Líbano desde la postguerra, difícilmente restaurará la confianza de los inversores internacionales, cansados de la corruptela política.

La economía sumida en deudas que arrastra el Líbano desde la postguerra, difícilmente restaurará la confianza de los inversores internacionales, cansados de la corruptela política.

Tras meses de rifirrafes en el Gobierno y manifestaciones de los contribuyentes por las subidas de las tasas y la reducción de los sueldos de los funcionarios en el centro de Beirut, el ejecutivo libanés ha sacado de la chistera un plan de última hora para sacar a flote su hundida economía. La reforma pretende aliviar la deuda pública que alcanza el 150% del PIB, lo que equivale a 75.800 millones de euros. El Parlamento libanés tiene pendiente aprobar en estos días un presupuesto austero con el fin de controlar las finanzas públicas.

El objetivo es reducir el déficit al 7,6% del PIB del 11,5% en 2018. Para ello, será necesario realizar algunos movimientos políticamente difíciles como la congelación de la contratación estatal de tres años, los bonos de limitación y un impuesto sobre las pensiones estatales. Otros asuntos han sido eludidos como las propuestas para un recorte salarial temporal del sector público.

Sin embargo, la economía sumida en deudas que arrastra el Líbano desde la postguerra, difícilmente restaurará la confianza de los inversores internacionales, cansados de la corruptela política.

Analistas opinan que hace falta más que apretarse el cinturón para evitar una crisis. La agencia de calificación crediticia S&P Global dijo que el anuncio del presupuesto podría no ser suficiente para restaurar la confianza dañada entre los depositantes e inversores.

El Líbano ocupa el puesto 138 de 180 en la lista de corrupción de Transparencia Internacional.

Durante años el país del Cedro ha maquillando sus dificultades financieras “con un bajo crecimiento económico y una desaceleración en el crecimiento de depósitos en el sector bancario”, explica a LA RAZÓN el economista Kamal Handam. “Esto ha sido vital para satisfacer las necesidades financieras del Líbano, ayudar a una economía que produce muy poco e importa mucho para mantenerse a flote”, sostiene el economista.

El primer ministro, Saad al-Hariri, señaló que la aprobación del presupuesto es el inicio de “un largo camino hacia la conducción de la economía hacia la seguridad” y muestra que el Líbano está decidido a “enfrentar los desechos del sector público”.

Mientras la economía del Líbano está sumida en deudas y luchando por crecer, la guerra civil en la vecina Siria, que se extiende a su octavo año, ha llevado a más de un millón de refugiados al país del Cedro colapsando las infraestructuras y servicios públicos.

En estos días, Beirut espera que el petróleo y el gas traigan efectivo a las arcas del Estado. Se trata de los proyectos de extracción de estos bendecidos recursos naturales que aguardan bajo las aguas del Mediterráneo oriental.

La reciente visita del secretario de Estado de Estados Unidos adjunto en funciones, David Satterfield, a Beirut, ha traído esperanzas en cuanto a la mediación de EEUU en disputa fronteriza marítima entre el Líbano e Israel.

Se espera que en el plazo de dos semanas habrá una postura unificada por las partes en conflicto y se defina la demarcación de la frontera marítima y la zona económica especial con Israel. Se trata de un trozo de mar de unos 860 kilómetros cuadrados (330 millas cuadradas) que reclaman los dos países, que están técnicamente en un estado de conflicto.

El gabinete libanés aprobó en 2017 licencias para tres compañías internacionales para realizar perforaciones exploratorias en la costa libanesa. Las licencias permitirán a la italiana Eni, la francesa Total y la rusa Novatek perforar petróleo y gas a fines de este año en el Bloque 4, frente a la costa al norte de Beirut, y en el bloque 9, ubicado en zona de disputa con Israel en enero de 2020.