Política

Los expatriados del frío y el hambre

Las bajas temperaturas y la falta de suministros elevan la preocupación en los campos de refugiados sirios. La ONU alerta de que alcanzarán los cuatro millones en 2014

Un campamento de refugiados sirios en Líbano
Un campamento de refugiados sirios en Líbano

A pesar de los esfuerzos diplomáticos para alcanzar un acuerdo que ponga fin a casi tres años de guerra en Siria, la comunidad internacional es consciente de que la paz no está a la vuelta de la esquina. Ante la ola de refugiados que siguen llegando a los países vecinos, la ONU prevé que en 2014 se doblará el número de desplazados que huyen de la violencia. Actualmente, hay más de 2, 2 millones de refugiados y se espera que en 2014 lleguen a los cuatro millones. A esta alarmante cifra se suman las difíciles condiciones en las que viven los sirios en los campamentos de refugiados de Turquía, Jordania, Líbano, Irak y Egipto. Para atajar el problema, las agencias internacionales están redoblando los esfuerzos para impedir una catástrofe humanitaria.

La ONU calcula que se necesitarán unos 5.000 millones de euros para desarrollar su programa de ayuda humanitaria para 2014 en Siria y los cinco países vecinos que acogen refugiados. Se trata de una suma sin precedentes para responder a una sola crisis. Para atender a los más de 9 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria «de manera crítica», la ONU destinará unos 1.750 millones de euros para los 122 proyectos dentro de Siria. A los países vecinos se donarán unos 3.250 millones de euros para asistir a 4,1 millones de refugiados que sumarán en 2014 y que viven en una situación de «extrema necesidad», puntualiza la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

Pero el problema principal es que la ayuda internacional no está llegando a las áreas bajo control de los rebeldes. Por ese motivo, varias organizaciones humanitarias urgen a aumentar de forma significativa la asistencia a través de las fronteras. «Si el Gobierno de Siria sigue siendo el único canal de distribución para la ayuda internacional, millones de sirios continuarán desprovistos de la asistencia adecuada, en particular de los servicios médicos esenciales, ha denunciado recientemente Médicos Sin Fronteras (MSF).

Este invierno, la situación está siendo especialmente grave tras el paso de la tormenta «Alexa», que ha dejado importantes nevadas y temperaturas muy bajas en toda la región. Para mitigar la dramática situación que atraviesan los desplazados en el norte de Siria, el Programa Mundial de Alimentos (PMA), ACNUR y UNICEF han enviado varios cargamentos de ayuda humanitaria urgente para los 188.000 desplazados que se encuentran en la región de Al Hassakeh y Qamishly, al noreste del país. El temporal ha elevado las alarmas sobre la precaria situación de los refugiados, sobre todo en Líbano, que alberga a 838.000 sirios. Las bajas temperaturas han provocado la muerte de menores en la localidad fronteriza de Arsal, en el Valle de la Bekaa, donde se refugian la mayoría de desplazados. Ante la negativa de las autoridades libanesas a levantar campamentos, muchas familias sirias que han huido de la guerra viven en chabolas fabricadas con plásticos sin estar acondicionadas para las bajas temperaturas. Los refugiados pasarán las Navidades con hambre y frío.

Malika llegó con su familia a Líbano, escapando de los combates entre las fuerzas islamistas y las tropas del régimen en Qalamoun. «Nos resistimos a abandonar Siria. Somos de Homs y nos marchamos a Qara porque era más seguro. Pero ahora la situación allí es muy peligrosa y tuvimos que marcharnos a Arsal», lamenta Malika mientras calienta agua en un pequeño hornillo de gas para preparar el té. «No sé cómo vamos a hacerlo. Hace mucho frío», implora desde un precaria refugio, construido con lonas de plástico.

Es tan elevado el número de sirios que ha llegado a Arsal que han comenzado las disputas entre los refugiados por la falta de plazas libres. «¿Dónde vamos a ir? No quieren darnos refugio en la mezquita porque somos de Al Qusair», denuncia Mohamed, que, como otras 30 familias de esta localidad fronteriza de Homs, ha tenido que abandonar la mezquita de Al Mashrik para cederle el espacio a los recién llegados de Qalamoun. Junto a la mezquita se ha levantado un campamento ilegal, cuyas tiendas han sido donadas por sirios de Qalamoun que viven en el extranjero. «Estas tiendas son para nosotros. No podemos admitir a más gente aquí. Sentimos mucho lo que ha pasado con las familias de Homs, pero no podemos acogerlos», justifica Khaled, el cabecilla del campamento.

Las autoridades libanesas, desbordaras por la situación, han impuesto el toque de queda en Arsal para frenar una avalancha a otras localidades del norte de Líbano. Sin embargo, la frágil situación de los refugiados sirios no es la mayor preocupación, sino el impacto de la crisis en el país. La violencia sectaria y los últimos atentados en Beirut han elevando la alerta en país de los cedros.

La UE ha mostrado su creciente preocupación por el posible contagio de la guerra siria y los Veintiocho han acordado incrementar su apoyo al Ejército libanés para frenar un posible aumento de la violencia, que podría romper la frágil estabilidad del país. Entre las opciones que se estudian está la de apoyar la formación y adiestramiento de las fuerzas libanesas, ayudar al país en el control de las fronteras externas o incluso «desplegar» una misión de apoyo militar. La última de estas opciones es la más sensible, ya que para ello habría que implicar a todos las facciones libanesas, incluyendo a Hizbulá, que está combatiendo en Siria a favor de Bachar al Asad.

La crisis política derivada por las divisiones entre las formaciones libanesas llevó a la dimisión del Gobierno y la postergación de la elecciones generales para noviembre de 2014. Este clima de tensión podría conducir a una nueva división del país, que vivió 30 años de cruenta guerra civil.