Política

Los líos de faldas entierran la figura política de Hollande

El presidente galo posó por última vez junto a su pareja oficial, Valérie Trierweilier, estas Navidades en el Elíseo
El presidente galo posó por última vez junto a su pareja oficial, Valérie Trierweilier, estas Navidades en el Elíseo

No hay escándalo bienvenido, pero las revelaciones sobre su romance secreto no podían ser más inoportunas para François Hollande. El presidente francés atraviesa horas bajas. Su impopularidad no es novedosa. Apenas tardó tres meses en ponerse a (casi) todo un pueblo en contra cuando en mayo de 2012 resultaba elegido, para muchos, como un bálsamo contra los convulsos años Sarkozy. Desde entonces, el socialista ostenta el dudoso título de haber superado varias veces el récord como presidente peor apreciado, y el menos valorado, por los franceses a lo largo de esta Quinta República.

Confiaba ingenuo el presidente galo en ganar algunos enteros con una promesa que sólo él y algunos irreductibles de su entorno veían posible: invertir la ascendente curva del paro, que ha llegado a acumular hasta veintidós meses consecutivos de subidas, y que constituye la principal preocupación de los franceses. Como cabía trágicamente esperar, las cifras no le han dado razón. Salvo un leve repunte de esperanza en los datos de octubre, el mes de noviembre confirmó que Francia no es capaz de crear empleo.

De ahí que en su discurso a la nación del 31 de diciembre, el baqueteado Hollande colocara incipientemente los puntales de un giro a su política. Para darle un tinte socialdemócrata más abierto y marcado, o incluso o una tonalidad social-liberal asumida. Como un antídoto para un calamitoso cierre de año y un atisbo esperanzador de poder reflotar un Gobierno que en estos meses ha demostrado navegar a la deriva. François Hollande se había propuesto empezar 2014 mucho mejor de lo que acabó 2013. Con el firme propósito de «represidencializar» su imagen y desmentir a todos aquellos opositores que critican su bisoñez. De hecho, la rueda de prensa semestral que debía haberse celebrado en diciembre se pospuso al próximo martes 14 de enero y debía ser el escenario en el que el maltrecho presidente presentara su nueva estrategia, su nueva visión para Francia.

Objetivo fracasado. Los líos de alcoba que se le atribuyen le han restado los pocos centímetros de estatura presidencial que aspiraba a ganar en esta nueva etapa de su mandato. Quienes habitualmente le juzgan por su «amateurismo» tienen ahora un motivo más, y de peso, para seguir haciéndolo. Y la rueda de prensa del próximo martes tiene todos los visos de convertirse en un plató de programa del corazón. La pregunta será inevitable y la respuesta impredecible. Y forzosamente, para Hollande y para los centenares de periodistas invitados, la escena tendrá un aire de «déjà vu», aunque no parece claro que el socialista se quiera aventurar a emular en ese terreno a su antecesor.

En 2008 y en un ejercicio similar ante la Prensa, Nicolas Sarkozy se despachó con un: «Con Carla, la cosa va en serio». Cuesta imaginar a Hollande haciendo lo propio con su presunta amante, Julie Gayet. Sobre todo, porque a «Sarko» este arrebato le costó varios puntos de popularidad. Por eso, la revelación de su infidelidad no podía caer en peor momento. Y así opinan la mayoría de analistas franceses. «Esto va a contribuir a rebajar la imagen y el estatus del presidente de la República al de ese tipo de personalidades que normalmente están en el foco de los paparazzi», explica al diario «Le Figaro» Jérôme Fourquet, director de opinión del instituto Ifop.

Mucho tiempo para ligar

Y aunque los franceses, habituados a las relajadas costumbres de sus gobernantes en materia sentimental, asegura, «no harán seguramente un juicio moral», lo que no tolerarán es que se convierta en un «vodevil». Las elecciones municipales están a la vuelta, y si la ausencia de resultados tangibles en materia económica hace prever al Partido Socialista un duro revés, sus compatriotas podrían utilizarlas también para sancionar los escarceos del presidente.

Con más de tres millones de parados, los franceses creían a su gobernante concentrado en buscar soluciones a la sangría del empleo y en enderezar el país. «Pero lo que descubren es que el presidente de la República tiene tiempo para galantear con una actriz», deplora Laurent Bodin, editorialista del diario regional «L'Alsace», para quien este caso «es, se mire por donde se mire, catastrófico para François Hollande».

Menos crítica y prolija que la Prensa, la clase política dosifica sus reacciones con un mismo mensaje: «Respeto a la intimidad» del jefe del Estado. Siempre y cuando, la manutención de la supuesta amante no coste un euro a las arcas públicas.