Internacional

«Los tiranos de Bruselas nos quieren asustar»

En una semana crucial marcada por el rechazo del Parlamento al Acuerdo de Salida de Theresa May, LA RAZÓN se trasladó ayer a la localidad de Romford, en el distrito de Havering, uno de los más euroescépticos de Reino Unido, para testar el estado de ánimo de una población que votó mayoritariamente a favor de la retirada de la UE. No se percibe ningún temor ante una salida «a las bravas» e incluso, insisten, mejor: «Así no pagaremos nada».

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«No somos europeos, somos ingleses», clama orgulloso Steve, de 52 años, mientras filetea un trozo de carne. «No tenemos miedo, saldremos adelante pase lo que pase; aunque los tiranos de Bruselas nos quieren asustar», asevera Steve, que prefiere no revelar su apellido. Es la hora punta en la carnicería de Romford, una ciudad del distrito de Havering, uno de los más euroescépticos de Reino Unido. Steve hace una pausa, para entregar su pedido. Y sigue: «Mira, te aseguro que no podemos estar peor de lo que ya estamos», sostiene, mientras a su alrededor se forma un corrillo.

Es precisamente esa, la sensación de que está todo por ganar, la que parece mantener vivo el sentimiento separatista en esta localidad a tan solo 25 minutos del centro financiero de Londres, donde el 69,7% de la población votó a favor de abandonar la Unión Europea el 23 de junio de 2016. Algunos espontáneos se acercan al corrillo y gritan: «Out!» (fuera). «Nos están invadiendo», dice otro de ellos, esta vez muy bajito, entre susurros.

Ni las medias verdades de la campaña del «Leave» (Salida) ni la incertidumbre sobre el futuro de Reino Unido parecen hacer mella entre los habitantes de Romford. Aunque hastiados de su clase política, quieren, en su mayoría, seguir adelante con su voto, y con todas las consecuencias. «Es cierto que hubo ciertas mentiras, como que la promesa de que 350 millones de libras (430 millones de euros) de aportación semanal a la Unión Europea, irían a parar a la sanidad pública, pero aun así, cuanto más tiempo pasa, y más me informo, más me alegro de haber votado Brexit», confiesa Steve.

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Para este carnicero los británicos dan más a la UE de lo que reciben. Un lenguaje similar se repite en otros puestos del mercado. Para Kim, un pescadero local, los europeos se benefician de la pesca en las aguas británicas. «Pescan más de lo que dan», indica Kim desde su puesto. Y añade que siente lástima por su primera ministra, Theresa May, a la que no se lo están poniendo «nada fácil». En caso de que hubiera elecciones anticipadas, «votaría de nuevo por los conservadores», augura.

Una de las razones que más repiten para argumentar su respaldo a la salida de la UE, aunque sea a las «bravas», es el abuso del sistema de salud público (NHS). Elisabeth Newman, enfermera en la NHS, cuenta, mientras camina por la calle con su madre, que es la principal razón de su voto a favor del divorcio. «Si salimos de la Unión Europea tendremos más recursos para los británicos», destaca. Ante la pregunta de qué pasará con los 63.000 profesionales de la salud provenientes de otros países de la Unión Europea, responde que muchos de ellos podrán quedarse, y que ya hay un proceso para ello. «En el hospital en el que trabajo casi todos opinan igual», añade para reafirmarse en sus ideas.

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Cherry O’Neill, que vive en la ciudad de al lado y ha venido a pasear con su hija, también piensa que el sistema público de salud está sobrecargado y se amenaza su sostenibilidad. «Somos demasiados en esta isla, a mis nietos no les va a quedar nada», lamenta. Para Cherry la mejor forma de salir del bloque comunitario es sin ningún tipo de trato, un Brexit «a las bravas». «Así no pagaremos nada», añade en referencia a la factura de 39.000 millones de libras (43.680 millones de euros) que Reino Unido deberá abonar a la UE en concepto de los compromisos adquiridos con los Veintisiete. Dicho esto, reconoce que la posibilidad de quedarse sin medicinas en caso de un divorcio sin acuerdo, le inquieta. Recientemente se ha revelado que uno de cada seis británicos ha comenzado o considera almacenar alimentos y fármacos debido a la posibilidad de que Reino Unido abandone la Unión Europea el 29 marzo sin un acuerdo.

La otra razón recurrente entre los votantes «brexiters» sigue siendo la inmigración. Así lo confiesa Ray, fontanero, mientras apura su cigarro a las afueras de un pub. En este caso son los europeos del Este, en concreto los polacos, la mayor razón de su voto por la salida. «No me malinterpretes, no tengo nada en contra de ellos, trabajan muy bien, pero nos están quitando el empleo, no queda nada para nosotros», se lamenta. «Además, no invierten en este país, porque todo el dinero que ganan lo mandan a sus familias, a sus países de origen y no generan riqueza», añade a modo de justificación.

Curiosamente, en Romford el número de inmigrantes está descendiendo paulatinamente. Según datos del Departamento de Trabajo y Pensiones, en 2017, 1.801 ciudadanos de la UE se inscribieron para obtener números de seguros nacionales en Havering, frente a los 2.240 del año anterior. De ellos, 1.151 eran rumanos y búlgaros, 212 menos que en los registros del año anterior.

Lo que sí aumenta es la desafección política. «Los políticos se han olvidado de nosotros», concluye. Este sentimiento de abandono es más notable entre los jóvenes. Algunos de ellos reconocen no haber votado, como Steven Griffin, un inglés de 32 años. «No voté, porque veo cosas buenas y malas en ambas posiciones», confiesa «y si pudiera volver atrás, tampoco votaría», añade.

Algunos, no tienen ninguna esperanza en un sistema, que dicen, les ha fallado. «A nosotros nos da igual», confiesan Sarah y John, una pareja de 25 y 26 años respectivamente «No nos metemos en política», insisten. No se arrepienten. Aún sabiendo lo que ahora saben, no votarían porque creen que no serviría de nada, dicen. «[Los políticos] hubieran hecho lo que hubieran querido de todas formas», concluye Sarah.