Los yihadistas evitan el combate en Tombuctú

Las fuerzas franco-malienses controlan parcialmente la ciudad tras tomar los accesos. Los islamistas quemaron un edificio con más de 60.000 valiosos manuscritos

Apenas 48 horas han bastado para que los países aliados arrebataran prácticamente la emblemática Tombuctú, «la Perla del Desierto», a los rebeldes yihadistas. Como en Gao, las fuerzas franco-malienses conseguían retomar el control de la ciudad Patrimonio de la Humanidad tras una «ofensiva relámpago» en la madrugada del lunes, si bien a última hora de la tarde de ayer el ministro de Defensa francés precisó que aún quedaban focos en manos rebeldes. «Ha sido una operación terrestre combinada con apoyo aéreo y medios de inteligencia», explicaba desde París el coronel Thierry Burkhard, portavoz del Estado Mayor del Ejército francés, que cifró en un millar los militares involucrados en Tombuctú.

Al amanecer, los aliados se hacían con el control de los accesos a la localidad y el aeropuerto, en coordinación con soldados malienses. Simultáneamente, una brigada de paracaidistas se desplegaba para evitar la huida de los insurgentes hacia el norte. Si anoche Tombuctú, a 900 kilómetros al noreste de Bamako, quedaba en manos de la coalición, el siguiente paso consiste en recuperar el control administrativo y de la seguridad, tarea que compete a las fuerzas malienses. «Si hace falta les apoyaremos», precisó el portavoz galo. Sin embargo, los islamistas dejaron su impronta criminal antes de abandonar la que un día fue capital intelectual y espiritual del Islam en el África subsahariana. Además de saquear e incendiar varias casas, prendieron fuego al Instituto de Altos Estudios Islámicos Ahmed Baba, donde duermen entre 60.000 y 100.000 manuscritos. Algunos datan del siglo XIII y otros se remontarían incluso a la era preislámica. «Un verdadero crimen cultural», denunciaba el alcalde de la «ciudad de los 333 santos», Halley Ousmane, que aseguraba ignorar el alcance real de los daños.

Pero para Francia, todo transcurriría según los planes. «Las cosas están desarrollándose como estaba previsto y lo que es importante es que poco a poco Mali recobra su libertad», declaraba el ministro de Exteriores, Laurent Fabius, que rechazó de plano la posibilidad de que el conflicto se enquiste y el Ejército francés acabe «estancado» en el país africano.

Igualmente optimista, el presidente François Hollande proclamaba ufano que «Francia y sus socios africanos están ganando la batalla en Mali». Un triunfalismo inédito en el presidente francés, que hasta ahora se ha caracterizado por su prudencia. Sin embargo, Hollande no se aventuró a detallar un calendario concreto. Por ahora, la ofensiva contra las milicias rebeldes ha conseguido detener su avance y acorralarles hacia el noreste, pero sin «destruirlos», que es el objetivo que explícitamente reconocía el socialista galo hace unas semanas. Ayer, reiteró que Francia «no tiene por vocación quedarse en Mali» y que son las fuerzas africanas las que han de permitir al país «que recobre su integridad territorial». La toma de Tombuctú se produjo sin librar ningún combate, pues los terroristas parecen haber adoptado la estrategia de evitar al enemigo, replegándose hacia el noreste para encontrar refugio en las montañas de Kidal, la única gran ciudad aún bajo el yugo de los salafistas. Pero los militares franceses avanzan desconfiados en esta suerte de guerra de guerrillas. Temen toparse con artefactos explosivos, como el hallado ayer en las inmediaciones del aeropuerto, según fuentes de Defensa francesas. Esta posible victoria, además de una ser una conquista simbólica, marca un giro en el control del llamado «bucle del Níger» tras la liberación este fin de semana de Gao, principal ciudad del norte. Las miradas se concentran ahora en Kidal, próxima a la frontera argelina. Ayer, rebeldes tuareg del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) y un grupo de disidentes de la organización islamista armada Ansar Dine, integrados en el Movimiento Islámico del Azawad (MIA), afirmaron controlar dicha ciudad. «Juntos asumimos la seguridad de Kidal», señaló Mohamed Ag Aharib, ex portavoz de Ansar Dine. Los autonomistas tuareg aseguran no buscar la confrontación con las fuerzas francesas ni africanas, sino proteger a la población «contra los abusos del Ejército de Mali». Según los testimonios, la reconquista del norte del país estaría suscitando reacciones de venganza contra los islamistas por sus numerosos crímenes cometidos en aplicación de la «sharia», como amputaciones o lapidaciones.