Política

Macron, blanco de las críticas del Ejecutivo antisistema italiano

El presidente Sergio Mattarella insta a "defender y preservar la amistad con Francia"

El vicepresidente italiano Luigi di Maio posa con representantes de los «chalecos amarillos» tras reunirse con ellos en París
El vicepresidente italiano Luigi di Maio posa con representantes de los «chalecos amarillos» tras reunirse con ellos en París

El presidente Sergio Mattarella insta a "defender y preservar la amistad con Francia".

Tradicionalmente, italianos y franceses se miran mutuamente con desconfianza. Por eso, cuando el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga formaron en Roma su Gobierno populista, no había un mejor enemigo al que atacar. En su discurso, Emmanuel Macron encarnaba además el liberalismo, las élites y el «establishment» y ellos, al pueblo. Han sido ocho meses en los que las relaciones se han ido deteriorando hasta que ayer terminaron de explotar.

Los primeros roces se arrastraban ya del anterior Ejecutivo socialdemócrata, primero con Matteo Renzi y después con Paolo Gentiloni. Cuando Italia pedía colaboración a la UE en la gestión de la inmigración jamás obtuvo un gesto desde París. Y mientras, en la frontera común que ambos comparten en el noroeste, en el municipio de Bardonecchia, los gendarmes franceses devolvían a los migrantes a territorio italiano. Esto ya provocó malestar en Roma, pero la llegada del ultraderechista Matteo Salvini a Interior lo convirtió en un argumento constante para los reproches.

En su agresiva retórica, se enfangaron sobre todo en las formas. Salvini llamó a Macron «charlatán», «señorito» y tantas otras cosas. Hasta que llegó la negociación de los presupuestos, cuando Italia presentó unas cuentas que estaban encaminadas a ser las primeras tumbadas por la UE por exceso de déficit. Al presidente francés le estalló el problema de los «chalecos amarillos», por lo que se vio obligado a tomar medidas que disparaban el gasto. Fue un verdadero regalo para los italianos, que rápidamente denunciaron en Bruselas que Francia era la primera en derrochar.

Entre medias ha habido un litigio con la construcción de un tren de alta velocidad entre ambos países, que el M5E no quiere construir; la extradición desde Brasil de un antiguo terrorista que gozó de protección en la Francia de François Mitterrand; e incluso la disputa por el préstamo de obras de arte en el 500º aniversario de la muerte de Leonardo Da Vinci. Pero la irrupción de los «chalecos amarillos», un movimiento que recuerda al surgimiento del M5E, terminó por trasladar el enfrentamiento también a este partido, que un día quiso pactar con la República en Marcha de Macron y no lo logró. En ese momento, los grillini comenzaron a acusar a Francia de «colonialista».

Ayer, el líder del M5E, Luigi Di Maio, justificó que su reunión con los «chalecos amarillos» fue algo «legítimo». E inusualmente Salvini actuó de moderado al decir que no quiere «pelear con nadie» y pidió un encuentro con el líder francés. Pero si a alguien le irrita esta polémica es al presidente Sergio Mattarella, que ayer llamó a «defender y preservar la amistad con Francia».