Mali, epicentro de la amenaza yihadista

España sufrió su última baja en el extranjero en Malí tras el fallecimiento en mayo del soldado Antonio Carrero. En 2012, una rebelión tuareg, a la que se sumaron grupos yihadistas fuertemente armados, puso al Estado maliense contra las cuerdas

Los soldados españoles instruyen a las Fuerzas Armadas de Mali en artillería, morteros, control aéreo conducción, tiro de precisión, topografía... / Foto: Miguel Temprano
Los soldados españoles instruyen a las Fuerzas Armadas de Mali en artillería, morteros, control aéreo conducción, tiro de precisión, topografía... / Foto: Miguel Temprano

España sufrió su última baja en el extranjero en Malí tras el fallecimiento en mayo del soldado Antonio Carrero. En 2012, una rebelión tuareg, a la que se sumaron grupos yihadistas fuertemente armados, puso al Estado maliense contra las cuerdas.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitó por primera vez a las tropas españolas desplegadas en el exterior. De los más de 3.000 soldados en 16 misiones en el extranjero, Sánchez eligió Mali como su estreno «militar» desde que llegó a La Moncloa. En la base «Boubacar Sada Sy» de Koulikoro unos 250 soldados forman parte de la misión de entrenamiento europea EUTM-Mali. España es, de los 25 países que componen el destacamento, la nación que más contribuye a este operativo.

El propio Pedro Sánchez reconoció el jueves a los militares españoles que él mismo quiso que su primera visita al exterior «fuera en Mali», pues la presencia del Ejército «no solo ayuda a la estabilidad de la región sino a la seguridad de España y de la UE».

También en Mali, España sufrió su última baja en el extranjero. El soldado Antonio Carrero falleció en Somadougou en mayo. «Soy muy consciente de los riesgos que corréis en el ejercicio de vuestras misiones cuando os desplazáis a otros puntos como Gao o Tombuctú», indicó el presidente del Gobierno a las tropas. Pero, ¿qué ocurre en Mali para todo este despliegue y esfuerzo militar? En 2012, el mundo vio cómo una rebelión tuareg, a la que se sumaron grupos yihadistas fuertemente armados tras las primaveras árabes, puso al Estado maliense contra las cuerdas. Llegaron a tomar el norte del país y a constituir una especie de «califato».

Al preguntar a David Nievas, investigador del Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos (TEIM), donde desarrolla la línea de investigación sobre el Sahel, si se ha logrado expulsar a estas milicias, Nievas responde que «la intervención internacional en Mali de 2013 logró dispersar a los grupos autodenominados yihadistas que controlaron durante más de 10 meses la mitad norte del territorio del país. Desde entonces, una fuerte intervención militar y policial internacional se ha establecido allí para combatir la inseguridad y rehabilitar el Estado maliense. No obstante, esta fuerza internacional, integrada por más de 12.000 cascos azules de Naciones Unidas, la fuerza antiterrorista francesa Barkhane y recientemente las tropas del grupo G-5 Sahel no ha logrado impedir que las actividades y ataques de estos grupos terroristas sigan siendo una amenaza para las poblaciones locales y para la seguridad internacional. Seis años después, la situación de seguridad ha empeorado en Mali por la progresión de los grupos yihadistas».

Es más, el investigador explica que actualmente «Mali es el epicentro de la amenaza yihadista en el Sahel occidental». Y es que, en su opinión, «varios grupos convergen en el país y tienen su principal foco de actuación en las regiones del norte y centro, si bien la porosidad de las fronteras les permite tener una alta movilidad transfronteriza con el norte de Burkina Faso y el este de Níger». «Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Al Murabitún, Ansar Din y Ansar Din Macina se unieron de forma pública en marzo de 2017 y se autodenominaron Grupo de Apoyo del islam y de los Musulmanes (Jammaat Nasr al Islam wa Muslimin), con el antiguo líder tuareg Iyad Ag Ghali a la cabeza. Sus líderes juraron lealtad a Al Zawahiri, líder de Al Qaeda central». Por si esto fuera poco, «Daesh (el Estado Islámico) también tiene presencia en la zona tras la aceptación por parte de la organización de Al Bagdadi del juramento de lealtad de un grupo vinculado a otro tradicional líder yihadista de la zona: Abu Walid al Saharaui, pasándose a autodenominar Estado Islámico en el Gran Sáhara», expone Nievas.

En suma, «estos son los dos principales grupos yihadistas en el territorio maliense, si bien, estos a su vez se suelen descentralizar en pequeños grupos móviles y con arraigo sobre el terreno. Las alianzas y desencuentros temporales entre estos suelen ser habituales». Los soldados españoles en Koulikoro y Bamako realizan diversas tareas de entrenamiento al Ejército de Mali, no de choque directo con los yihadistas. Los militares consultados por este periódico en «Boubacar Sada Sy» valoran positivamente su misión. Asimismo, reconocen que los efectivos malienses responden muy bien al adiestramiento y «tienen muchas ganas de aprender».

La EUTM-Mali –que ya ha formado a cerca de 13.000 soldados– se ha prorrogado hasta mayo de 2020. Al igual que España, la comunidad internacional se juega mucho en Mali y se ha volcado con el octavo país más extenso de África. En opinión del experto, «desde los países europeos se considera que la región del Sahel occidental es la primera frontera de Europa, debido a las amenazas que allí discurren. Además de la instalación del yihadismo, los flujos migratorios y los tráficos ilícitos que pasan por esta región son considerados desde algunos sectores europeos como elementos que hay que contener en el origen antes de que sus consecuencias lleguen a las fronteras europeas». Mali se ha convertido «en un nuevo frente en la “lucha contra el terrorismo” en el que cada vez más países están involucrados».

De hecho, el presidente Sánchez reconoció que las amenazas a nuestra seguridad, «el terrorismo, los tráficos ilegales, la delincuencia organizada, no pueden combatirse únicamente en nuestros países. Necesitan un enfoque global que sólo se consigue atajando el problema de raíz».