May blindará la frontera con Irlanda para frenar la inmigración

Un Brexit duro obligaría a romper la zona de libre movimiento entre ambos países

Theresa May saluda al primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen, ayer, a las afueras de Copenhague
Theresa May saluda al primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen, ayer, a las afueras de Copenhague

Un Brexit duro obligaría a romper la zona de libre movimiento entre ambos países

El Ejecutivo de Theresa May quiere que la República de Irlanda refuerce los controles fronterizos en sus puntos de entrada internacionales para combatir la inmigración a Reino Unido una vez que el país salga de la Unión Europea (UE). Según el ministro para Irlanda del Norte, James Brokenshire, Londres y Dublín trabajan ya «conjuntamente» en la elaboración de un plan de acción tras el Brexit encaminado a evitar la entrada de inmigrantes ilegales en Reino Unido a través de puertos y aeropuertos irlandeses.

Tal y como especificaba ayer en «The Guardian», la colaboración entre ambos países evitaría el establecimiento de una «frontera estricta» entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, y mantendría la libre circulación de bienes y personas entre el norte y el sur, en vigor desde la creación en la década de 1920 de la llamada Área de Circulación Común (CTA). «Entre otras medidas, queremos aumentar el intercambio de datos para valorar la toma de decisiones fronterizas y la política de inmigración; aplicar un sistema de datos que permita procesar información de pasajeros con antelación, y armonizar los procesos de tramitación de visados», detalló Brokenshire.

Las relaciones con Dublín se plantean como uno de los asuntos más delicados durante las negociaciones para abandonar el bloque. Un «Brexit estricto» obligaría a romper la zona de libre desplazamiento entre ambos países y esto no sólo supondría un duro golpe a la economía norirlandesa –un tercio de sus exportaciones en 2015 fueron a la República– sino que además pondría en peligro uno de los principios esenciales del proceso de paz que puso fin a tres sangrientas décadas de enfrentamientos entre católicos y protestantes. Algunos observadores sostienen que una vuelta de «las fronteras del pasado» podría contravenir las condiciones del Acuerdo del Viernes Santo de 1998 y afectar al proceso de paz en la región.

En torno al 56% de los votantes norirlandeses apoyó la permanencia en la Unión Europea en el referéndum del pasado 23 de junio, aunque algunas zonas de dominio unionista prefirieron la salida. El ministro irlandés de Asuntos Exteriores, Charlie Flanagan, confirmó ayer que se mantienen contactos para mejorar el intercambio de información en materia de inmigración, a pesar de que la decisión de endurecer los controles en aeropuertos o puertos de la República podría ser altamente controvertida.

«No obstante, he advertido de que estas medidas no serían adoptadas sólo por los Gobiernos británico e irlandés, sino por todos los 27 estados miembros de la UE. He trasladado a mis colegas comunitarios la importancia que tiene el mantenimiento de una frontera invisible [entre el sur y el norte de la isla]», precisó.

El Ejecutivo de Dublín ha expresado repetidamente el deseo de que la UE permita que Reino Unido, el principal socio comercial, siga teniendo acceso al mercado único europeo una vez completado el periodo de dos años de negociaciones estipulado en el artículo 50 del Tratado de Lisboa sobre la salida de un país comunitario del bloque.

A cambio, Londres debería aceptar la libre circulación de ciudadanos de la UE en su territorio. Esto mantendría abierta la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, pero invalidaría los argumentos planteados por los partidarios del Brexit, que prometieron que el divorcio con Bruselas les devolvería el control sobre la inmigración.

La «premier» Theresa May viajó ayer a Dinamarca y Países Bajos como parte de la gira europea con la que pretende reunirse con los máximos dirigentes posibles antes de finales de marzo de 2017, fecha en la que solicitará formalmente el artículo 50 del Tratado de Lisboa para dar comienzo a los trámites de divorcio con Bruselas. El jueves, la líder tory se reunirá con el presidente en funciones del Gobierno, Mariano Rajoy, en la Moncloa, ya que España es clave para Reino Unido.