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Merkel cierra su sucesión en Berlín y en Bruselas

Annegret Kramp-Karrenbauer releva a Ursula von der Leyen, nueva presidenta de la Comisión Europea

  • Ursula von der Leyen entre Annegret Kramp-Karrenbauer y la canciller Angela Merkel permanecieron sentadas buena parte del acto de traspaso de cartera/Reuters
    Ursula von der Leyen entre Annegret Kramp-Karrenbauer y la canciller Angela Merkel permanecieron sentadas buena parte del acto de traspaso de cartera/Reuters
Berlín.

Tiempo de lectura 4 min.

18 de julio de 2019. 00:48h

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Rubén G. del Barrio Berlín. 17/7/2019

Un comentarista del «Frankfurter Allgemeine Zeitung» escribió ayer que «en política quien no se atreve, no gana». Junto a la cita, una foto de la recién nombrada ministra alemana de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer o AKK, como se la conoce en su país, quien además de asumir ayer esta cartera, lidera el partido de Angela Merkel y es su preferida para que la suceda en la Cancillería tras las próximas elecciones generales. Con todo, y tras leer apenas un par de líneas más, el lector averigua que la cita no se refiere a AKK, sino a la propia y todavía canciller que, frente a los rumores e incertidumbres, volvió ayer a dejar claro que solo ella es la que tiene el mando. Por lo menos, en Alemania. Un golpe de timón que fue definido por los medios de comunicación germanos en términos de asombro, pero que sin duda implica un golpe maestro por parte de la veterana política, quien, consciente de su propio ocaso, ha querido dejar todo bien atado, tanto dentro como fuera de casa, en Bruselas. Además, eligió para dar el paso el día de su 65 cumpleaños, sin esperar a que alguna sorpresa indeseada estropee sus planes.

Así, y en apenas dos semanas, la canciller ha logrado colocar a dos de sus más estrechas colaboradoras en puestos claves: la hasta ahora ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, como próxima presidenta de la Comisión Europea –lo que la convierte en la primera mujer que toma las riendas de Bruselas– y a AKK al frente de la cartera de Defensa. Son dos mujeres de su plena confianza. Con Von der Leyen logró un éxito para Alemania, que seguirá en el timón de la UE, y con AKK en el partido y más adelante –si se cumplen sus deseos– en el Gobierno. «Todo demasiado rápido», a juicio del periódico «Bild», que aprovechó ayer el nombramiento como ministra de la líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) para tirar de hemeroteca y recuperar una entrevista de hace apenas dos semanas en la que Kramp-Karrenbauer manifiesta su más que convencida negativa a ocupar una silla ministerial debido a su intención de modelar la CDU a su gusto.

Pero Merkel, que ya ha dado sonadas pruebas de ser toda una maestra de la improvisación, ha querido proyectar a su delfín en una de las carteras más controvertidas de la política germana para que, de una vez, pueda emanciparse de la larga sombra que todavía le proyecta. El camino no será fácil. Según la revista «Der Spiegel», el ministerio alemán de Defensa es la casa de los escándalos, pero la única posibilidad para que AKK demuestre que también es capaz de moverse con soltura en la política exterior y de seguridad y, llegado el caso, y siempre y cuando se cumpla el pragmatismo de la canciller, poner fin a los constantes problemas que encadena AKK para afianzarse como líder del partido ante las resistencias de ciertos núcleos conservadores. Asimismo corta las aspiraciones que aún conserva Friedrich Merz, el rival de AKK en las primarias del año pasado en la CDU.

De hecho, la jugada de Merkel llega en un momento en el que se empieza a cuestionar la valía de su sucesora en la Cancillería. De trasfondo, los pobres resultados de los conservadores alemanes en las pasadas elecciones europeas que le acarrearon un aluvión de críticas dentro del partido o su postura hacia distintos temas que despertaron la suspicacia de alguno de los barones de la CDU. La alfombra que en su momento desplegó Merkel para llevarla hacia el poder se transformó ayer en un alto trampolín por el que AKK estará obligada a saltar. La caída no será fácil por tratarse de una cartera maldita que ha acarreado más impopularidad que triunfos a sus antecesores, incluida Von der Leyen, y a tenor de la ardua tarea que se le avecina y que incluye renovar el Ejército, ampliarlo e incrementar su presupuesto. «Bild» también especuló que la entrada de AKK en el Consejo de Ministros podría también facilitar la sucesión en el caso de que el estado de salud de Merkel –cuestionado a raíz de los recientes temblores– empeorase y se viese forzada a dejar su cargo.

En la jornada de ayer, muchas voces criticaron el nombramiento de AKK. Alexander Graf Lambsdorf, del Partido Liberal lo calificó de «insulto a las tropas» y desde la bancada socialdemócrata, el diputado Johannes Kahrs llegó a dar su pésame a la Bundeswehr. Unos comentarios que seguramente enturbien el desarrollo de la legislatura y que seguramente abrirán una nueva fisura en el seno de la Gran Coalición. El Bundestag cerró ayer por vacaciones y el próximo curso no se espera ameno. Hasta entonces, Merkel ha vuelto a dejar todo bien atado, consciente de que ella sigue mandando en su casa pero también en la aceptación de que no obstante, comienza a perder asertividad en el escenario internacional.

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