La política migratoria de la UE naufraga en el Mediterráneo

Los naufragios de barcazas con inmigrantes a bordo se suceden frente a las costas de Grecia.
Los naufragios de barcazas con inmigrantes a bordo se suceden frente a las costas de Grecia.

Al menos 43 inmigrantes, entre ellos 17 niños, mueren ahogados junto a las costas de Grecia ante la indiferencia de los socios europeos.

La brecha se acentúa cada vez más entre las propuestas de la Comisión Europea y la política de los Estados miembros. La crisis de los refugiados divide cada día que pasa más al Ejecutivo comunitario sobre cómo afrontar uno de los mayores desafíos de la historia de la Unión Europea. Y entre encuentros y desencuentros diplomáticos, ayer fallecieron al menos 43 personas en el Egeo, cerca de las islas griegas de Farmakonisi y Kalolimnos, entre los que se contabilizaron 17 niños. Porque, a pesar de las bajas temperaturas, los refugiados e inmigrantes siguen arriesgando su vida en el mar en su intento por alcanzar Europa.

«Una vez más, los despiadados traficantes de personas en la costa turca amontonaron a decenas de refugiados e inmigrantes en embarcaciones no aptas para navegar y llevaron a personas inocentes, incluidos niños pequeños, a la muerte», explicaba ayer el Ministerio de Marina griego en un comunicado. En Farmakonisi una embarcación con 48 personas se estrelló contra las rocas y se hundió. Los guardacostas y una nave de Frontex recuperaron los cuerpos de seis niños y dos mujeres. Los otros 40 pudieron salvarse. En Kalolimnos, la operación de rescate se mantenía al cierre de esta edición. Aquí 26 personas fueron rescatadas, además de los cadáveres de otras 35, entre ellos los de 11 niños. Todavía hay un número incierto de desaparecidos, ya que se desconoce cuántos ocupantes viajaban en la embarcación.

Los supervivientes y pescadores que ayudaron en las labores de rescate contaban historias desgarradoras. Personas que no sabían nadar, muchas de ellas que ni siquiera llevaban chaleco salvavidas... que han perdido familiares, mujeres, esposos, hijos, hermanos... y muchos de los que han podido sobrevivir al naufragio han muerto camino del hospital.

Según cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), en lo que va de año más de 35.000 refugiados han llegado a Grecia, precisamente desde Turquía. Es una cifra seis veces mayor de las que se han ido registrando en el mismo mes de los años anteriores, ya que en el mes de enero se suelen reducir las llegadas precisamente por el frío.

Los fallecidos en los 20 primeros días de enero se acercan ya a la centena, pero Europa sigue sin ofrecer una respuesta conjunta y coordinada a la crisis. En una entrevista a la BBC, el primer ministro francés, Manuel Valls, dijo que Europa no puede acoger a todos los refugiados. «No podemos decir que vayan a ser bienvenidos», sentenció. Y fue más allá: «Si Europa no es capaz de proteger sus fronteras, se cuestionará la idea de Europa».

Desde los últimos atentados de París, Francia está preocupada por defender su territorio y a sus nacionales porque considera que sigue «en guerra». Decretó el estado de emergencia, con el consiguiente control en todas sus fronteras y continuará así «el tiempo necesario». «Francia está en guerra... Es una guerra total y global contra el terrorismo», declaraba Valls. En esa lucha contra el terrorismo, el mensaje de Francia hacia los refugiados no es ya de apertura sino todo lo contrario. «El primer mensaje que tenemos que mandar ahora y con la mayor firmeza posible es que no recibiremos a todos los refugiados en Europa», aseguraba.

Una particular solución la daba ayer el primer ministro de Hungría, Viktor Orban: más muros para contener la llegada de refugiados e inmigrantes. Esta vez en las fronteras de Macedonia y Bulgaria con Grecia. Macedonia cerró ayer a los refugiados sus fronteras después de una breve apertura. Según los medios locales, algunos demandantes de asilo procedentes de Irak, Siria y Afganistán pudieron continuar su viaje, mientras que otros mil quedaron atrapados en territorio griego, a la espera de continuar su viaje. En el campamento de residencia temporal de Idomenei esperan 400 refugiados, mientras en una estación de servicio cercana había anoche 14 autobuses parados con 700 pasajeros.

«Si no podemos asegurar la seguridad de la frontera exterior de la UE, independientemente de lo costoso que sea, vamos a acabar con Schengen nosotros mismos», declaró Orban en visita oficial a Eslovenia. El primer ministro esloveno, Miro Cerar, pedía una solución conjunta para evitar conflictos entre los socios europeos. A su juicio, es imposible esperar a la primavera para encontrar una solución. «La situación migratoria está fuera de control y ya no tiene que ver con el humanismo, la integración o la ayuda», dijo.

Desde Suiza, el secretario de Estado de EE UU, John Kerry, se comprometió a involucrarse en la ayuda a los refugiados sirios. Buscará el apoyo de diez nuevos países en el fondo para los refugiados y llegar a crear un fondo de 30.000 millones de dólares.