Política

Netanyahu, a por el quinto mandato

Pese a las acusaciones de corrupción y la posibilidad de ser procesado, es el claro favorito en los sondeos

Benjamin Netanyahu durante una reunión de su Gabinete en Jerusalén / Reuters
Benjamin Netanyahu durante una reunión de su Gabinete en Jerusalén / Reuters

Pese a las acusaciones de corrupción y la posibilidad de ser procesado, es el claro favorito en los sondeos.

Con la disolución del Parlamento (Kneset), Israel ha comenzado la cuenta atrás hacia las elecciones del 9 de abril. Y parece claro ahora que a pesar de los temas candentes de seguridad que siempre dominan la agenda nacional, esta vez lo que está en juego es el «sí» o «no» al primer ministro, Benjamin Netanyahu, tanto por sus políticas como por las sospechas de corrupción por las que ha sido investigado.

Con cada convocatoria a las urnas se pone en juego el futuro del candidato que pide reelección, es evidente, pero la determinación de Netanyahu por continuar postulándose –por sexta vez– aún cuando pende sobre él la posibilidad de un juicio, es lo que impone una singular agenda en estas elecciones. Es más: precisamente la probabilidad de que ese juicio se abra es lo que ha determinado, según estiman diversos expertos, el adelanto de las elecciones, originalmente previstas para el mes de noviembre del año próximo.

Para comprenderlo, es necesario recordar el proceso. La Policía investigó varios casos en los que había sospechas de corrupción en torno al primer ministro. En dos de ellos recomendó que se le inculpe y la Fiscalía dio a entender que está en la misma línea. Ahora resta el paso final: la decisión del asesor jurídico del Gobierno, Avihai Mandelblit, que es quien debe decidir si aceptar dichas recomendaciones e inculpar a Netanyahu y mandarlo a juicio, o no. La autoridad es exclusivamente suya.

El analista Nahum Barnea, editorialista del diario «Yediot Ahronot», es categórico al respecto: «La decisión del primer ministro de adelantar las elecciones tiene como intención alterar a Mandelblit y transformar su decisión sobre si inculparlo o no en un tema político». El simple anuncio de la convocatoria electoral cuando estaba claro que Mandelblit debía anunciar en los próximos meses su decisión, ya se creó una situación imposible. No hay ningún escenario en el que el asesor del Gobierno pueda salir «ileso». Sea cual sea su decisión, será acusado de influir en el resultado electoral.

La paradoja que apuntan otros analistas es que la sombra de un posible juicio y las sospechas de corrupción no tienen por qué socavar las posibilidades de victoria de Netanyahu. A nivel popular, podrían ayudarle incluso, según Janan Krystal, de la radio pública israelí. El primer ministro ha logado desde hace años crear la imagen de ser una figura perseguida por los medios, a pesar de que ningún otro político ha estado tanto tiempo al frente.

Netanyahu es indudablemente el gran preferido en las encuestas. No le vaticinan una clara victoria, pero sí que podrá mantener el poder actual, y dado que lo que determinante en Israel es el resultado del bloque de mayoría, lo más probable es que vuelva a encabezar la coalición. En este momento, lo único que podría amenazarlo sería una unión de la oposición, hoy muy dividida. Si el partido La Unión Sionista (compuesto por el laborismo liderado por Avi Gabai y el movimiento Hatnua de la ex canciller Tzipi Livni), el partido opositor Yesh Atid del ex periodista Yair Lapid y alguna otra formación de centro logran unirse, ésa sería la auténtica revolución. Pero están muy desunidos y aunque Livni ya ha llamado a «dejar el ego al fondo, porque primero deben estar las consideraciones nacionales, el país, luego el partido y luego un mismo», no está claro que logre su objetivo.

Otro fenómeno interesante es el del ex jefe del Ejército Beni Gantz, que acaba de inscribir un nuevo partido y recibe importante cantidad de escaños en los sondeos sin haber anunciado siquiera su programa ni sus planes. «La izquierda, con el apoyo de los medios y otros sistemas, quiere derribarnos», advirtió Netanyahu esta semana, dejando claro que eso «pone en peligro la casa». La diputada laborista Shelly Yechimovitch le recordó: «Así es la democracia. Hay izquierda, centro y derecha, y la oposición trata de apartar al gobierno del poder».