Nicaragua en crisis

Todo parece indicar que el líder sandinista está decidido a no abandonar el poder por las buenas. Prefiere la confrontación antes que rendirse

Los nicaragüenses han despreciado el miedo y están decididos a «quedarse» en las calles hasta que el líder sandinista renuncie / Efe
Los nicaragüenses han despreciado el miedo y están decididos a «quedarse» en las calles hasta que el líder sandinista renuncie / Efe

Todo parece indicar que el líder sandinista está decidido a no abandonar el poder por las buenas. Prefiere la confrontación antes que rendirse.

Una película de terror, eso parece Nicaragua. Los relatos y las vivencias de un pueblo que decidió levantar su voz en contra de la dictadura parecen la historia de un cuento lleno de intrigas, injusticias, pero quizás esperanzas. Son gritos que claman la clausura de una sangrienta dictadura, la del actual presidente, Daniel Ortega. Todo parece indicar que el líder sandinista está decidido a no abandonar el poder por las buenas. Prefiere la confrontación antes que rendirse. Prefiere ver a un pueblo rendido antes que verlo libre.

Fue el 18 de abril, hace dos meses, cuando un grupo de estudiantes rebeldes y ávidos de libertad salieron a las calles de Nicaragua a protestar en contra de una medida de Ortega que preveía una reforma del Seguro Social, y en consecuencia, un recorte del 5% en las pensiones. ¡Qué paradoja! Los estudiantes saliendo en defensa de los jubilados y pensionistas. Todo parece indicar que la reforma del Gobierno fue simplemente el detonante. El problema es mucho más profundo. El silencio político que en apariencia reinaba en el país centroamericano terminó por romperse. Los ciudadanos han despreciado el miedo y están decididos a «quedarse» en las calles hasta que el líder sandinista renuncie.

A mediados del mes mayo, el país veía una luz de esperanza tras el inicio de un proceso de diálogo entre el Gobierno, los estudiantes y la Iglesia Católica de ese país. En pocos días las reuniones fueron suspendidas por falta de acuerdos. A partir de ese momento, y hasta nuestros días, el enfrentamiento entre la ciudadanía y las fuerzas del Estado han ido en aumento. La tensión convierte el conflicto en una situación insostenible y lo único que se espera es un gesto radicalmente esclarecedor desde el Gobierno y que abra la posibilidad de un cambio en el corto o mediano plazo.

Como era de esperar, la crisis política y social debía traer –tarde o temprano– malas noticias para el sector económico. «Ha llegado el momento de que se valoren gestiones ante organismos regionales y hemisféricos, como lo hemos planteado a la canciller (costarricense) Epsy Campbell», afirmó en un comunicado la Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR), socio comercial de primera línea de Nicaragua.

Sin embargo, para Ortega lo económico estará condicionado por lo político. Primero se trata de permanecer en el poder, el resto, ya lo verá.

El debate en la Nicaragua de hoy tiene rostro de fuerza. La palabra está ausente. Y se verá en los próximos días si puede más la vocación autoritaria e inescrupulosa del Gobierno, o el ansia y la vocación libertaria del pueblo nicaragüense. Lo que sí parece cierto es que el fin de la crisis no vislumbra una bajada de telón en el corto plazo. A esta batalla le quedan páginas por contar. Pero dependerá de ese mismo pueblo para que el orden y la verdadera paz guíen nuevos senderos democráticos.