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Ostia, la Roma más sangrienta

Las mafias se mueven con impunidad por la playa de la capital italiana y a diario se producen tiroteos, muertes y asaltos, en un aviso al nuevo Gobierno del Movimiento 5 Estrellas.

  • Un joven pasea por la playa de Ostia, donde residen 200.000 personas y uno de los destinos vacacionales favoritos de los urbanitas romanos
    Un joven pasea por la playa de Ostia, donde residen 200.000 personas y uno de los destinos vacacionales favoritos de los urbanitas romanos
Roma.

Tiempo de lectura 5 min.

24 de diciembre de 2017. 01:25h

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Roma. 25/12/2017

«Da pena ver cómo están estropeando un lugar que es perfecto para vivir. Ostia no es mafia y corrupción» explica a LA RAZÓN Francesca, profesora de latín, que lamenta la situación actual que vive el distrito X de Roma mientras espera un autobús que no llega. En los últimos días, los cadáveres en la playa, las operaciones de control casi a diario por parte de la Policía, los tiroteos en plena calle, los ajustes de cuentas y lucha entre clanes son los protagonistas de un escenario que preocupa a los vecinos y que los políticos parecen haber dejado olvidado. Este municipio de más de 200.000 habitantes pasó a estar, durante dos años, intervenido judicialmente por infiltración mafiosa tras investigaciones realizadas por la Fiscalía. Tres grandes clanes –los Spada, los Fasciani y los Triassi– llevaban décadas haciendo de esta localidad costera su base de operaciones: tráfico de drogas y armas, concesiones inmobiliarias, asignación de viviendas a dedo, control del ocio en la zona costera y extorsión. Estas han sido algunas de las actividades que han llevando a cabo con la ayuda de determinados brazos operativos del antiguo Ayuntamiento, que hoy están encarcelados.

«La mafia siempre ha existido en Ostia, es una realidad. Desgraciadamente estamos muy acostumbrados», explica con desafección Giulia, veterinaria de 32 años mientras fuma un cigarrillo. Piero es un padre de 36 años que camina por el paseo marítimo de la localidad, el Pontile di Ostia. Con su hijo sentado en el carrito, da las claves de cómo se tiene que vivir para no tener problemas con los tres clanes que se disputan el control de las calles: «Con no preguntar más de la cuenta y no molestar demasiado, podemos estar tranquilos», dice mientras disfruta de la agradable brisa, atípica en estas fechas invernales.

Algo de cierto hay en sus palabras. Por las céntricas Via Claudia y Via dei Misenati, pase lo que pase, la vida sigue adelante. Se respira ambiente navideño, las calles están adornadas y cada cual sigue con su rutina. Aquí poco parece alertar los titulares que ocupan las portadas de los periódicos o los tiroteos diarios. Nada parece indicar que a poca distancia del centro, a diario, se ajustan cuentas con pistolas en mano mientras los clanes continúan con sus extensas redes de extorsión.

Todo el revuelo mediático acerca de la mafia en Ostia comenzó cuando el periodista de la televisión pública, RAI2, Daniele Piervincenzi, recibió una brutal agresión por parte de Roberto Spada, hermano de uno de los tres capos mafiosos que controla Ostia, al ser preguntado por la supuesta vinculación de su familia con el partido filofascista CasaPound. Desde entonces, en este punto del litoral romano, los ánimos están muy caldeados. Muestra de ello, han sido los ataques y agresiones entre las bandas rivales. Todo ello, a base de «gambizzazioni», palabra italiana últimamente más presente en la Prensa del país para referirse a los ataques con pistola dirigidos a las piernas de las víctimas.

La situación ha obligado al Gobierno italiano a tomar cartas en el asunto. Marco Minniti, ministro del Interior, declaraba que el Ejecutivo respondería de un modo «duro e intransigente», como respuesta a la escalada de violencia. Desde entonces, numerosos agentes entre policías, carabinieri y guardias de finanza, apoyados por helicópteros, recorren a diario el barrio de Nueva Ostia, base operativa del crimen organizado romano. No es de extrañar entonces, que el lugar de retiro playero por excelencia de la Ciudad Eterna sea un foco mediático.

En las elecciones del pasado mes de noviembre en Ostia, la victoria recayó en Giuliana Di Pillo, la candidata del Movimiento 5 Estrellas, quien prometió durante su campaña «gobernar con reglas justas y sacar el crimen de las instituciones». Pero a estar alturas, pocos vecinos tienen esperanzas en que el resultado de las urnas vayan a acabar con esta oleada de violencia y lucha abierta entre clanes, y así lo hicieron patente en los comicios, cuyos datos de participación no superaron el 33%.

Muchos analistas han interpretado estos resultados como una demostración de que el Movimiento 5 Estrellas, como partido antisistema, va poco a poco ganando adeptos. Ya ocurrió con la alcaldesa de Roma, Virginia Raggi hace un año y medio, aunque Roma siga siendo hoy ingobernable. La nueva alcaldesa de Ostia se apresuró a pronunciar en su discurso de investidura palabras claves para la localidad como «legalidad» y «transparencia». Intentó así, a base de declaraciones efectistas, hacer un guiño a todos aquellos ciudadanos que la consideran una completa desconocida, alguien en quien no confían.

«Aquí todo el mundo conoce el problema. Los clanes no se esconden. Se mueven alrededor de Nueva Ostia, concretamente en la Piazza Gasparri», dice Paola que trabaja en una cafetería cerca de ese enclave. Mientras le sirve el café a un anciano, éste, con cierto hartazgo, asiente con la cabeza mientras escucha la conversación. Mario, un mecánico que da sorbos a su expreso toma parte en la conversación y apostilla: «Si dos años de intervención judicial no han mejorado nada, no lo va a hacer un nuevo gobierno».

Los vecinos de Ostia culpan a los medios de comunicación de ser parte de sus problemas, ya que consideran que están mostrando una visión de Ostia exagerada, que no refleja la realidad. «Es cierto que hay zonas descuidadas, es cierto que se podría mejorar, pero no todo es mafia, abandono y suciedad», argumenta Matteo, el quiosquero de 59 años que trabaja pegado a la playa: «No sólo aquí se dispara, hay otros barrios de Roma en los que los tiroteos son diarios y ni siquiera los periodistas se molestan en informar».

El que fue el puerto comercial más importante de la capital italiana, hoy, a pesar del incalculable valor histórico de su patrimonio, se ha convertido en el patio trasero de la Roma más corrupta, violenta y criminal. No es de extrañar entonces que la famosa plataforma Netflix haya apostado por una ficción donde mostrar los entresijos de la mafia romana y cuya carta de presentación es: «Roma no se gobierna, como mucho se administra». «Lo triste de series como “Suburra” o “Roma Criminal” es que, mientras en la ficción no deja de ser algo irreal, aquí, en una parte de Ostia, lo vivimos todos los días, y ya lo vemos normal», reflexiona Paola desde la barra del bar. La serie ha sido todo un éxito. De las desgracias también se saca rédito.

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