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Pompeo y Trump cargan contra el espía de la CIA

El secretario de Estado admite en Roma que estuvo presente en la llamada a Zelenski.

El secretario de Estado admite en Roma que estuvo presente en la llamada a Zelenski.

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Tenía que llegar. El enfrentamiento directo entre el secretario de Estado, Mike Pompeo, y Adam Schiff, presidente del Comité de Inteligencia del Congreso. El primero, desde Roma, admitió ayer que estuvo presente en la conversación del 25 de julio entre Donald Trump y el presidente de Ucrania, Vladimir Zelenski, investigada por la sospecha de que el presidente de EE UU presionara a un mandatario extrajero para facilitarle munición política contra su principal rival de cara a 2020, Joe Biden. Desafiante y sobrio, Pompeo advierte que no tolerará que los hombres a su cargo sean obligados a declarar y cuestionó los fundamentos del «impeachment». Hasta ahora, el secretario de Estado se había limitado a responder con evasivas.

Entretanto, desde el otro lado del Atlántico, Shiff concedió una rueda de prensa junto a la presidente del Congreso, Nancy Pelosi. Los principales arietes del «impeachment», que saben bien que el tiempo juega en contra, subrayaron su compromiso para acelerar los trámites y anunciaron que han requerido diversos materiales al Departamento de Estado y a la Casa Blanca.

De paso, adelantaron las próximas fechas en el calendario de comparecencias de testigos clave, entre los que destaca Marie Yovanovitch, embajadora en Ucrania hasta el pasado mayo. Preguntado por los ataques de Trump contra el confidente que dio la voz de alarma, Schiff reiteró que «haremos todo lo que esté a nuestro alcance para asegurarnos de protegerlo». Añadió que «el presidente quiere que todo gire en torno al denunciante. Ha sugerido que las personas que han presentado evidencias de su mal proceder son, de alguna forma, traidores, y que deberían de ser tratados como traidores y espías».

Para Schiff se trata de una «una clara incitación a la violencia». Y eso que no había leído los últimos tuits del Despacho Oval, con un Trump convencido de que «debería renunciar tras inventarse de forma fraudulenta una supuesta declaración del presidente y leerla al Congreso como si fuera mía! ¡Es un enfermo!».

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También Pelosi, entre tanto, ha acusado a Trump de asaltar la Constitución, reiteró su confianza en la comunidad de inteligencia y expresó su tristeza por el «impeachment». Habló de la necesidad de estar a la altura de unos tiempos que calificó de oscuros e insistió en la urgencia de preservar la separación de poderes y los controles que garantizan la salud del sistema. Para Trump, Pelosi es incapaz de trabajar para el beneficio del país y todo se reduce a una operación cosmética, obscena, para tratar de ganar lo que perdieron en las urnas.