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Rusia: Propaganda de destrucción masiva

El Canal RT emite en cuatro idiomas y la agencia de noticias Sputnik lo hace en más de 30 lenguas: son sin duda el arma propagandística del exterior más potente del Kremlin

  • El presidente ruso, Vladimir Putin, que ganó el domingo las elecciones una vez más, durante una entrevista con la reportera de la NBC en Kaliningrado (Rusia)
    El presidente ruso, Vladimir Putin, que ganó el domingo las elecciones una vez más, durante una entrevista con la reportera de la NBC en Kaliningrado (Rusia)
Enviado especial a Moscú.

Tiempo de lectura 8 min.

22 de marzo de 2018. 11:49h

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Ángel N. Lorasque Enviado especial a Moscú. 21/3/2018

En la era Vladimir Putin, el Kremlin ha ido sigilosamente tomando el control de todos los medios de comunicación. Los críticos tuvieron que salir de Rusia ,y desde el exilio, como ocurre con el popular “Meduza”, informan y mantienen alerta a los rusos les cuesta encontrar vías alternativas al discurso oficial. Así, las agencias al servicio del Estado (Tass, Interfax y Rossiya Segodnya) controlan la opinión publica del país mientras que otros dos medios, Rusia Today (que alumbró Putin en 2005) y Sputnik (desde 2014) difunden las bondades del presidente en el resto del planeta.

El Canal RT emite en cuatro idiomas (seis en la web) y la agencia de noticias Sputnik lo hace en más de 30 lenguas. Son sin duda el arma propagandística del exterior más potente del Kremlin, a través del cuál “venden” el discurso del presidente e, incluso, forman parte de esas “fake news” que desde que llegó a la presidencia Trump se han convertido en el padrenuestro de los procesos democráticos de las democracias occidentales. El bombardeo de informaciones sesgadas y en más ocasiones de las deseadas, falseadas, han sido clave en la interferencia exterior por parte de Rusia en países como EE UU, en las elecciones presidenciales; en Francia, donde se apoyo con rotundidad a Marine Le Pen frente a Emmanuel Macron (a quien se difamó), así como en el Brexit o el referéndum ilegal de Cataluña, donde la mano de Putin a través de sus medios de información ejecutores habrían tenido un claro interés de influir a favor de los independentistas. De hecho, el presidente galo acusó directamente a RT de desestabilizar los comicios presidenciales y en enero presentó una ley con la que se pretende combatir estas noticias falsas y que podría tener como consecuencia la retirada de licencia para emitir en ese país. Una iniciativa a la que también se ha sumado Reino Unido.

LA RAZÓN se adentra en los acorazados de RT y Sputnik en Moscú para conocer de cerca cómo gestionan la información en estos laboratorios de noticias en donde posan la mirada desde Occidente con preocupación. Desde la sede moscovita de RT, Anna Belkina, subdirectora del canal desmiente a este diario cualquier tipo de difusión de bulos. “Lo utilizan para desacreditar informaciones que no gustan Es lamentable que en el entorno geopolítico actual se vean este tipo de ataques que traicionan los valores más importantes de la sociedad europea, incluido el de la libertad de expresión”, asegura. Es más, dice tanto en Europa como en EE UU van en mala dirección con estas acusaciones ya que son una forma que utilizan los mandatarios “para lidiar con preguntas difíciles”. “Diciendo que todo son noticias falsas y que Rusia es culpable lo quieren solucionar”, dice.

La audiencia de este canal, según Ipsos, es muy significativa: más de 70 millones de espectadores lo siguen en 38 de los más de las 100 naciones donde emiten. Su presupuesto, unos 19.200 millones de rublos (unos 273 millones de euros) para las operaciones globales, según explica Belkina, que justifica que su canal reciba subvenciones del Kremlin argumentando que también lo hace la BBC. “El periodismo que hacemos está basado en la alta calidad y ha sido muy galardonado”, defiende. Una periodista que trabaja para una de estas dos plataformas internacionales asegura que “no es que se inventen noticias, sino que se hace una selección de lo que se considera informativo que es diferente a los que en Occidente consideran que es significativo. Si, por ejemplo, Merkel dice que las relaciones con Rusia progresan pero que se necesita más compromiso por parte de Europa, aquí nos quedaríamos con la primera parte y en EE UU o la UE con la segunda”. En la agencia Sputnik el ritmo es frenético, hordas de traductores recogen los textos que le llegan de la agencia que los ampara, Rossiya Segodnya y los traducen a infinitas lenguas. Chinos, españoles, árabes... teclean a la velocidad de la luz para lanzar noticias. No importa la temática, la clave está en ser rápido para llegar lo antes posible a todos los rincones del mundo. “Nadie nos alecciona, simplemente trabajamos con textos que nos facilitan y se traducen tal cual”, apuntan desde la macrorredacción. A pocos les gusta dar su nombre, pues saben que están bajo el radar de Europa y no quieren ser señalados.

Precisamente Rusia vuelve a estar en el punto de mira después de que “The New York Times” y “The observer” publicaran que Facebook habría filtrado la identidad de más de 50 millones de usuarios a la consultora Cambridge Analitics para influir en la campaña de Trump, por su puesto a favor del magnate. Y ahí está el rusoestadounidense Alexandr Kogan que habría sido quien manejó los datos filtrados por Facebook. Y es que las “fake news” son tan solo la punta del iceberg del plan del Kremlin para ciberintervenir en las democracias occidentales. Lo que no se ve es lo más peligroso. “El riesgo de seguridad cibernética más visible que Rusia plantea en este momento es el lanzamiento de operaciones de influencia estratégica contra las democracias liberales. Sin embargo, Rusia ha llevado a cabo ataques cibernéticos destructivos contra Ucrania en los últimos años y muchos expertos en seguridad advierten de que las pruebas de las capacidades cibernéticas en Ucrania indican que se prepara para lanzar ataques similares contra Occidente en el futuro. Los servicios de seguridad rusos y la inteligencia militar han llevado a cabo exitosas operaciones de ciberespionaje de alto nivel contra muchos países de la UE y la OTAN”, asegura a este diario Piret Pernik, investigadora en el Centro Internacional de Seguridad y Defense (ICDS).

La ciberguerra se ha convertido en el arma del siglo XXI, no derrama sangre y es mucho más difícil de identificar y, por lo tanto, de prevenir. El juguete predilecto del Kremlin que se mueve con soltura en esta zona gris entre la guerra y la paz se ha desarrollado en los últimos 10 años a un ritmo exponencial dejando muy atrás a los responsables de seguridad occidentales. “Los ciberataques contra procesos electorales e infraestructuras críticas en Europa y EE UU demuestran públicamente algunas de las herramientas cibernéticas ofensivas que Rusia ha puesto en servicio, así como la eficiencia de sus servicios de seguridad (ciberdelincuentes), medios de comunicación y empresas privadas que coordinan las actividades de influencia patrocinadas por el Estado” puntualiza Pernik. La clave está ahora en saber si desde Occidente se está preparado para salir victorioso de estos ataques. Las predicciones de la experta del ICDS no son buenas. “Occidente debe responder a estos ataques de manera inmediata. Por una parte a nivel político y también en el económico. Medidas que tengan impacto en sus sistema a financiero, las élites gobernantes clave y también en la población. Desafortunadamente, de momento, no hay nada que frene los cálculo de Rusia y continuará librando una guerra política contra Occidente en múltiples dominios, incluido el ciberespacio y información”, concluye.

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