Política

Sergio Bitar: «El país no se va a radicalizar»

Fue ministro en gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet

Sergio Bitar
Sergio Bitar

Sergio Bitar fue ministro de Minería del Gobierno del presidente Allende y estuvo prisionero durante el golpe militar. Después se exilió y a su regreso a Chile se convirtió en ministro de Educación con el presidente Lagos y de Obras Públicas en el Gobierno de la presidenta Bachelet. Además, fue senador de la República y ha sido presidente del Partido por la Democracia, miembro de la coalición de Gobierno (1990-2010), en tres ocasiones.

-¿Por qué el voto se ha ido de forma abrumadora para la izquierda tras la gestión de un Gobierno conservador que ha tenido éxitos en materia económica?

-La primera razón tiene que ver con una limitación institucional -que viene de la dictadura- en un país cuya conciencia creció muy fuerte en los años de la transición. Y por otro lado, con una economía que ha ido bien, pero con una desigualdad que se mantiene entre las más altas de América Latina, y eso a pesar de haber conseguido un éxito en la reducción de la pobreza, que ha pasado de afectar del 40% de los chilenos al 12%.

-De todas las medidas anunciadas por Bachelet en la campaña, ¿la más sensible es la reforma de la Constitución?

-La Constitución chilena tiene la gran falla originaria de que es ilegítima, y los chilenos sabemos que los cambios introducidos en estos años de democracia no han tocado el origen de esta Constitución impuesta. El temor de la derecha a reabrir este debate nos parece altamente inaceptable para el futuro del país. Por tanto, podemos actuar sin temor y los chilenos tenemos que poder hacer por primera vez una Constitución en democracia.

-¿Por qué no se ha planteado antes este debate?

-Para hacer una reforma constitucional se requiere una mayoría de la que nunca ha dispuesto el centro izquierda en Chile. En esta ocasión es cuando tenemos la más amplia mayoría en la Cámara y en el Senado. Pero no basta. Hay que buscar el acuerdo político. Este es un tema central y ninguno de nosotros cree que pueda quedar resuelto en los próximos cuatro años. La clave está en dar una narrativa nueva al proceso de cambio en Chile.

-¿Este debate va a polarizar al país?

-Lo que hay que modificar en esa Constitución ya tiene un respaldo relativamente amplio. Y hemos procedido durante toda la transición chilena empujando reformas dentro del marco constitucional. Por tanto, no creo que las voces de temor ante cambios sociales y económicos abruptos tengan sustento. La reforma de la Constitución tiene cambios relacionados con los derechos ciudadanos, temas como el agua, el cambio climático, los derechos de los pueblos indígenas, el papel del Estado, no tan reducido como el que se estableció en la dictadura, y que podría dar más potencia al desarrollo económico y social en Chile.

-¿Las promesas de Bachelet apuntan a un giro marcadamente izquierdista?

-Las opciones planteadas, más que izquierdistas, han sido de innovación política hacia una economía más igualitaria y una democracia más seria, lo que, además, sería una importante señal para el resto de América Latina de que se puede avanzar. Lo que es extremista desde nuestra perspectiva es sostener el statu quo para mantener una Constitución que surgió de la dictadura y un Estado subsidiario mínimo.

-¿Bachelet está "secuestrada"por las aspiraciones de una parte de la izquierda más radical?

-En la primera vuelta de las elecciones hubo nueve candidatos, seis de los cuales tenían posiciones más a la izquierda que ella. Por tanto, las expresiones más radicales de la izquierda estuvieron representadas en otras candidaturas y no obtuvieron más del 5% de los votos. Chile no es un país de extremos y no se va a radicalizar, pero sí es un país que quiere mantener un cambio sostenido. Más que promesas de una candidata, son aspiraciones muy sustantivas de la sociedad chilena de 2014.

-¿Es Bachelet una líder más madura?

-Tiene una serie de cualidades que no hemos visto en la historia de Chile. Ningún presidente que haya terminado su mandato ha sido reelegido. Se trata, por tanto, de un fenómeno que nos habla de un gran liderazgo, muy empático con la ciudadanía y muy inteligente, y con una visión internacional que puede servir no sólo a los chilenos. Pero todos sabemos que los liderazgos sólidos tienen que ir acompañados de fuerzas políticas disciplinadas y de equipos capaces de materializar los cambios. Y en eso también hay en Chile una experiencia acumulada de Gobierno que me hace ser optimista de que podamos dar un paso serio.

-Es la primera vez que Chile admite el voto voluntario en unas elecciones. ¿Por este motivo la participación ha sido tan baja?

-Si uno analiza los votos en anteriores elecciones y toma como base el universo completo, también la participación en el pasado era del orden 50%, tal vez ahora es un poco más baja. Por tanto, el mecanismo del voto voluntario ya está siendo cuestionado. El restablecimiento del voto obligatorio va a ser un planteamiento creciente. Un ciudadano no puede exigir derechos si no pone al mismo tiempo deberes, y uno de ellos es la participación en la elección. En la segunda vuelta la participación habrá sido más baja porque la gente da por resuelta la elección. También puede haber un motivo más universal relativo a la desafección de la gente por la política en general.