Tarjeta roja al hombre con «dos corazones»

El centrocampista alemán de origen turco Mesut Özil comunicó el domingo que dejaba la selección nacional de su país por «racismo y falta de respeto», lo que ha provocado un debate nacional en Alemania.

«Tengo dos corazones, uno alemán y otro turco». El centrocampista alemán, hijo de migrantes turcos nacido en 1988 en Gelsenkirchen, en el Estado de Renania del Norte-Westfalia, anunció el domingo a través de Twitter su renuncia a jugar con la selección alemana porque se considera atacado debido a su origen migratorio. Con la marcha del número 10 de la selección, que desde 2013 juega para el Arsenal en Londres, la selección germana de fútbol pierde a uno de sus futbolistas más brillantes. Gracias a él, Alemania pudo consagrarse como campeona en 2014.

La decisión la tomaba, según sus explicaciones, después de que en mayo surgiera una gran polémica en torno a una foto que se realizó junto al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en Londres, que se tomó antes de las elecciones presidenciales, y en la que aparecía con una camiseta de los colores de la selección turca de fútbol. Numerosos medios y también políticos criticaron la instantánea como una estrategia para fortalecer la campaña electoral del criticado jefe de Estado turco. Junto a críticas sobrias y consecuentes hubo también tonos racistas en el debate. El entrenador de la selección alemana, Joachim Löw, y la Federación Alemana de Fútbol (DFB) apoyaron al jugador en aquel momento.

Meses más tarde, Özil volvía a sentirse atacado. En la Copa Mundial de Fútbol celebrada en Rusia, Alemania fue desclasificada en las rondas preliminares y muchos fans acusaron a Özil de ser el causante del desastre. «Soy alemán cuando ganamos, pero inmigrante cuando perdemos», escribía en el comunicado de tres páginas publicado en inglés. En el texto acusa a la Federación y en especial a su jefe, Reinhard Grindel, a los anunciantes y a los medios de haber llevado al centro de la discusión el ser hijo de inmigrantes y no sus cualidades deportivas. Según él, haberse retratado con Erdogan respondía a su «respeto por el mayor representante del país de mi familia» y no a cuestiones políticas. Özil asegura que en la sociedad alemana hay racismo y narra algunas experiencias personales xenófobas.

Ayer, la Federación rechazó las acusaciones. «Hay jugadores con pasado migratorio desde las terceras ligas hasta los equipos nacionales», se defiende el organismo, «jugamos y vivimos juntos con nuestras diferentes raíces familiares».

La política ha reaccionado dividida. El mejor ejemplo de ello es el Partido Socialdemócrata (SPD). Mientras el ministro de Exteriores, Heiko Maas, aseguraba que no cree que el caso «de un multimillonario que vive y trabaja en Londres pueda dar cuenta de la capacidad de integración de Alemania», la ministra de Justicia, Khatarina Barley, advertía de que la retirada es «una señal de alarma cuando un gran jugador como Özil a causa del racismo no se siente querido ni representado por la Federación».

La discusión sobre el racismo en Alemania es un tema recurrente desde hace décadas, pero en los últimos meses se ha exarcerbado, debido en parte al ascenso de la derecha populista de Alternativa por Alemania. Tahir Della, portavoz de la Asociación de Personas Negras en Alemania, explica a LA RAZÓN que Özil está en lo cierto cuando dice que en integración no se ha avanzado tanto en el país como se debería y entre los extranjeros existe ese sentimiento de formar parte de la comunidad siempre que uno tiene éxito y sentirse discriminado en el momento en que las cosas no marchan bien.