Política

Trump y Xi planean reunirse en la cumbre del G20 en busca de un acuerdo

Sectores republicanos le avisan del riesgo de los aranceles para la economía de EE UU.

Donald Trump, seguido por el vicepresidente Mike Pence, el pasado viernes en la Casa Blanca
Donald Trump, seguido por el vicepresidente Mike Pence, el pasado viernes en la Casa Blanca

Sectores republicanos le avisan del riesgo de los aranceles para la economía de EE UU.

Habrá nuevo round entre EEUU y China, el duodécimo. Los presidentes de los dos países, Donald Trump y Xi Jinping, planean reunirse durante la próxima cumbre del G20, que tendrá lugar en Japón a principios del verano. En la agenda, frenar la guerra comercial, después de que el pasado viernes EE UU suibera del 10% al 25% los impuestos a las importaciones chinas por un monto de 200.000 millones de dólares. El asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, explicaba a Chris Wallace, de la cadena Fox, que su país está dispuesto a incrementar las ayudas a los agricultores, los más perjudicados. Al mismo tiempo ha minimizado los riesgos para la economía estadounidense. Fue Kudlow quien anunció la fecha probable del próximo encuentro. También confirmó que el Gobierno chino a invitado al representante de Comercio de EE UU, Robert Lighthizer, y al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, a viajar a Pekín. Durante una entrevista en la Fox, el periodista insistió en que «China no es quien paga las tarifas. Son los importadores estadounidenses, las compañías estadounidenses las que pagan lo que, en efecto, es un aumento de impuestos y muchas veces se lo transfieren a los consumidores».

Contrariamente a lo que sostiene Trump, Kudlow admitió que la subida arancelaria corre a cuenta de los importadores. Eso sí, las dos partes sufrirán, y los importadores de EE UU, enfrentados al súbito encarecimiento de los productos chinos, hace meses que empezaron a buscar alternativas menos onerosas. Sea como fuere, el presidente Trump insistió durante el fin de semana en su fórmula negociadora. Tachó de constructivas las conversaciones y escribió en Twitter que «China se ha sentido tan derrotada tras las últimas conversaciones que podrían esperar a las próximas elecciones de 2020 para ver si tienen suerte y obtienen una victoria demócrata, en cuyo caso continuarán estafando a Estados Unidos por 500.000 millones de dólares al año». «El único problema», añadió, es que saben quevoy a ganar (las mejores cifras de economía y empleo en la historia de EE UU, y mucho más), y será mucho más difícil lograr un acuerdo si tiene que ser negociado durante mi segundo mandato. Sería prudente que actuasen ahora, pero les encanta coleccionar grandes aranceles».

En realidad no todos en Washington muestran tanto optimismo. Rand Paul, senador republicano por Kentucky, ha declarado a la cadena ABC que la subida de los aranceles podría anular los beneficios de la gran rebaja fiscal. «Una gran empresa de Kentucky ha señalado que los recortes de impuestos fueron una gran ayuda, pero que las tarifas suponen un castigo similar. Los grandes beneficios de la reducción de impuestos, que ayudaron a las bajas cifras de paro e impulsaron un increíble crecimiento podrían ser eliminados». En opinión del senador, Trump libra una batalla y «en este momento no puede dar marcha atrás... pero también le he aconsejado a la Administración que acabe este trabajo, porque cuanto más tiempo estemos en una batalla arancelaria o una guerra comercial, más probable será que entremos en recesión».

Su preocupación es compartida por analistas como Neil Thomas, del Paul Institute de Chicago, que en las páginas de «The Hill» advierte del riesgo de una depresión económica y explica que jalear «las sanciones unilaterales contra Pekín podría ayudar a los políticos estadounidenses (y a los expertos) de ambos lados a ganar gracias a parecer «duros» con China. Pero el dolor económico y la inseguridad global son las únicas cosas seguras si la guerra comercial continúa». Para Thomas existe el riesgo cierto de que en caso de una guerra comercial a gran escala todos los productos entre China y EE UU sufran unos aranceles del 25%, lo que «reduciría un 2,6% el PIB de EE UU»: «Costaría tres millones de empleo, provocaría una recesión en los próximos meses». El precio, sería una «recesión global».