Túnez busca un tercer yihadista

Una imagen facilitada por el Ministerio tunecino de Interior muestra a tres hombres armados en el Museo del Bardo
Una imagen facilitada por el Ministerio tunecino de Interior muestra a tres hombres armados en el Museo del Bardo

El terrorista identificado como Maher Bin Moudli Kaidi permanece huido desde el atentado del Museo del Bardo.

El presidente tunecino ha vuelto a declarar la guerra al terrorismo después del brutal atentado que acabó con la vida de 21 personas –de las cuales 17 eran turistas extranjeros– el pasado miércoles. Beyi Caid Essebsi depositó ayer una ofrenda floral en el lugar de la tragedia, el Museo Bardo de la capital tunecina, mostrando de nuevo voluntad política y firmeza para hacer frente a la amenaza yihadista. Aun así, las promesas reiteradas del jefe de Estado tunecino, que está dando la cara por todo su Gobierno y liderándolo en esta crisis, no disipan las dudas ni cierta desconfianza a medida que se conocen detalles del ataque y de la gestión de las Fuerzas de Seguridad.

Essebsi informó ayer a una nación todavía en estado de shock que un tercer implicado en el asalto al museo consiguió huir y está en busca y captura. «No irá muy lejos», aseguró desafiante el mandatario, mientras aumentan las críticas por los posibles fallos de seguridad, que el propio Essebsi admitió en una entrevista con el semanario francés «París Match». Las autoridades revelaron este fin de semana las primeras imágenes de las cámaras internas del museo, en las que se puede ver a ese tercer sospechoso, que habría actuado o sido testigo del ataque perpetrado por Yasin Laabidi y Hatem Hashnawy, ambos abatidos por la Policía. En la cinta de vídeo se ve a los dos asaltantes armados con fusiles y a un tercer hombre que aparentemente no lleva armas: éste se cruza con los dos terroristas e intercambia con ellos alguna palabra en las escaleras del museo, y luego sale corriendo, mientras que los otros dos entran a la sala donde llevaron a cabo la masacre. El Ministerio del Interior ha identificado al tercer sospechoso como Maher Bin Moudli Kaidi, pero no ha ofrecido más detalles sobre quién es y qué papel podría haber jugado, ni mucho menos ha ofrecido explicaciones de cómo pudo salir del museo cuando el edificio estaba rodeado por las Fuerzas de Seguridad. Por otra parte, en las imágenes se puede apreciar que los dos terroristas iban vestidos con ropa deportiva, de color oscuro, y no llevaban uniformes militares, tal y como informaron las autoridades en un primer momento. Los dos jóvenes tienen la cabeza tapada, uno con la capucha de su sudadera y otro con una gorra, y portan dos mochilas.

El Ministerio del Interior también mostró imágenes poco claras de sus cadáveres, sin mostrar su rostro, mientras que del tercer sospechoso ha sido distribuida una fotografía, en la que aparece con una barba copiosa y el tradicional gorrito blanco que distingue a los musulmanes más coservadores; los salafistas. Esta corriente tiene seguidores en Túnez y en el pasado no han dudado en usar la violencia para tratar de imponer su voluntad, por ejemplo, cuando asaltaron salas de cine y teatro porque consideran que estas actividades culturales son contrarias al islam. Las autoridades han descrito a Kaidi como un «peligroso elemento terrorista» pero no han dicho si estaba fichado anteriormente o si habría tomado parte en alguna otra acción violenta. Los medios locales han apuntado que los autores del ataque –así como otros 10 sospechosos arrestados por estar supuestamente involucrados en el mismo– tendrían vínculos con el grupo yihadista «Kitabat Uqba Bin Nafi», que suele actuar en la región montañosa cercana a la frontera con Argelia, en el oeste del país. El grupo responde a la ideología de Al Qaeda y hasta el momento sólo habría actuado contra las Fuerzas de Seguridad. Todavía quedan muchos interrogantes sobre quién planeó el ataque y cómo fue organizado, aunque los dos terroristas se muestran inexpertos y un poco desorientados ante las cámaras de seguridad del museo, en el que penetraron sin dificultad, después de haber intentado asaltar el parlamento. El complejo monumental en el que se encuentran ambos edificios permanece fuertemente custodiado por soldados, tanques y alambradas de espino, mientras está previsto que el Museo del Bardo reabra al público esta misma semana, como muestra de normalidad y desafío frente a la violencia. «Esta semana iremos todos al museo, yo llevaré a mi familia», asegura a LA RAZÓN un trabajador del sector turístico, el más afectado por el ataque, que aún así se cree que tenía como objetivo la cámara de los diputados.

Los miembros y partidos presentes en el Parlamento se han mostrado convencidos en los pasados días que el ataque era político, pero improvisaron y se dirigieron contra los turistas. En ambos casos, según la ideología yihadista, está justificado matar a políticos que no siguen una agenda islamista, así como a extranjeros considerados «infieles». Essebsi prometió ayer que la ley antiterrorista, que estaba siendo discutida en el parlamento cuando se produjo el asalto, será aprobada a la mayor brevedad posible, aunque una nueva legislación no será suficiente para desactivar la amenaza.