Un decálogo a propósito de la visita del presidente Sánchez a La Habana

Miguel Díaz-Canel con Pedro Sánchez en las calles de La Habana/EFE
Miguel Díaz-Canel con Pedro Sánchez en las calles de La Habana/EFE

La última vez que un presidente de gobierno español, entonces Felipe González, visitó Cuba, fue en 1986. No sirvió de nada. Han pasado 32 años y Cuba, la última dictadura de la guerra fría en occidente apenas ha cambiado. Ni en lo económico, ni en lo social, ni en lo tecnológico, ni mucho menos en lo político. Las estructuras del régimen castrista se mantienen inalteradas, e incluso las autoridades proponen una sucesión controlada por el partido único, el comunista, básicamente para ganar apoyos internacionales, en un momento especialmente complicado.

Y es en este contexto donde se produce la visita del presidente Sánchez, que según informaciones oficiales, aceptó la invitación de Díaz-Canel en una reunión celebrada entre ambos, en Naciones Unidas hace unos meses. La premura de los acontecimientos, la escasez de informaciones que se han publicado hasta la fecha y la poca transparencia que caracteriza al régimen castrista en sus relaciones internacionales, plantean numerosas cuestiones en relación con este viaje.

¿Es acertada la visita? ¿Tiene lugar en el mejor momento? ¿Defiende de manera adecuada los intereses económicos españoles en la isla? ¿Va a tener continuidad, y en su caso, responde al desarrollo de una estrategia concreta de la diplomacia española?

Tiempo habrá de responder a estas preguntas, y a muchas más que se van a plantear. Desde la perspectiva de la defensa de la democracia, de los derechos humanos, las libertades, el pluralismo político ideológico y las condiciones de vida y prosperidad de los cubanos, cabe realizar una valoración de qué es lo que va a ocurrir y, en concreto, cuál debería ser la posición del presidente Sánchez.

Lo que va a ocurrir

El régimen va a monopolizar la visita en todo momento, desplegando sus armas de propaganda sin ningún límite. Hará comunicados conjuntos tramposos contra el bloqueo y EE UU; planteará la una vez más, y hasta el aburrimiento, la reivindicación de logros de la revolución que no son tales; contribuirá a la difusión internacional de la propaganda castrista, atacará al parlamento europeo por su resolución a favor del respeto a la democracia y los derechos humanos en Cuba; aislará al visitante de la realidad auténtica del pueblo cubano y le obligará a escuchar solo a una parte de la sociedad, la que comparte proyecto político con el régimen; e intentará deslumbrarlo en términos económicos, con una indescifrable cartera de proyectos de inversión, y unas expectativas falsas sobre el futuro de la economía. ¿Vale la pena ir para todo esto?

Lo que se debe hacer:

Por el contrario, esta visita a Cuba puede tener un valor destacado, si se siguen los siguientes pasos. No resultará fácil, pero es la única forma de dejar claro y ante la opinión pública mundial, de qué lado está la democracia española, que igualmente surgió de un régimen político de partido y liderazgo único, con instituciones y prácticas muy similares a las del castrismo.

Nuestras recomendaciones son:

1.- Constatar ante las autoridades que en Cuba no se está produciendo transición alguna a la democracia, como en su momento fue la española, ni se respetan los derechos humanos democráticos ni tampoco las garantías de pluralidad política.

2.- Trasladar a las autoridades que la vía emprendida no lleva a ningún sitio, que carece de legitimidad democrática, y que mientras Cuba no se oriente hacia un estado democrático de derecho, plural, su posición en el mundo será cuando menos, controvertida.

3.- Reivindicar la posición del parlamento europeo ante el régimen castrista, empeñada en lograr garantía de respeto a la población que sufre represión por sus ideas políticas.

4.- Reforzar una posición de entendimiento con otros países de América Latina, y por supuesto con Estados Unidos, que aspiran a que Cuba recupere sus instituciones democráticas por medio de una actitud exigente de cambios hacia el régimen comunista.

5.- Dar un trato de igual a los grupos opositores y disidentes de la isla, para que sientan que la democracia española está de su lado y que cuenta con ellos en cualquier proceso de cambio real en Cuba.

6.- Exigir a las autoridades un espacio de actividad económica para las empresas españolas que operan en la isla, defendiendo sus derechos de propiedad, la capacidad para tomar decisiones libres e independientes del estado a la hora de implementar sus negocios, y asegurar una pronta repatriación de beneficios, sin esperas ni dilaciones en los pagos.

7.- Acercarse a la gente de la calle, visitar negocios de cuenta propistas, agricultores independientes con tierras arrendadas, transportistas privados, salas de arte y exposiciones independientes, y demás espacios de libertad civil de los cubanos para reivindicar con ellos sus derechos y ponerlos en valor a nivel internacional.

8.- Trasladar al pueblo de Cuba el mensaje de que no están solos, que tendrán todo el apoyo de las democracias del mundo si apuestan por la plena consolidación de las libertades plurales y los derechos humanos.

9.- Trasladar a los españoles residentes en Cuba la solidaridad de sus compatriotas y recordar, aunque solo por un instante, a los miles de españoles que fueron expropiados por el régimen sin recibir pago alguno por sus propiedades.

10.- Interesarse por la lista de los presos políticos que están en las cárceles cubanas y por los actos de represión (una media de 200 al mes) que se vienen realizando en el país por la seguridad del estado.

Ir a Cuba para no plantear alguno, o todos los puntos anteriores, es perder el tiempo. Mejor quedarse en casa.