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Venezuela se hunde en el abismo

La población se salta la huelga general de la oposición en busca de los nuevos billetes con que comprar comida. La devaluación y la subida de impuestos amplían el caos

  • Ciudadanos y comerciantes tratan de adaptarse con resignación a la nueva moneda. Una mujer pasa junto a una pintada en Caracas / Efe
    Ciudadanos y comerciantes tratan de adaptarse con resignación a la nueva moneda. Una mujer pasa junto a una pintada en Caracas / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

22 de agosto de 2018. 12:13h

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Víctor Amaya.  22/8/2018

El segundo día con nueva moneda y aplicación del paquete económico se vivió en Venezuela con cierta lentitud y mucha incertidumbre. Ésa sigue siendo la palabra clave. Sectores de la oposición habían convocado una huelga nacional. Sin embargo, durante la mañana, y tras un día festivo impuesto por el Ejecutivo el lunes pasado, muchos sí salieron ayer a las calles. No fue una afluencia de personas «habitual», pero tampoco se vio el desierto que algunos hubiesen esperado. «Yo no fui a trabajar, pero sí a hacer gestiones. Los bancos están dando ya efectivo y yo lo necesito para poder moverme. Además, uno nunca deja de comprar comida porque los precios no dejan de crecer», se justificó Ligia Pulido, una contable de 43 años.

Venezuela se hunde en el abismo

Alfredo Castro sí se dirigía a su puesto de trabajo, con la velocidad que le permitía la crisis. «Llevo 20 minutos esperando un autobús y no pasan», detalló este mecánico de 38 años. La reducida flota de autobuses, que se estima opera apenas al 10%, ni siquiera sabe cuánto cobrar. El billete urbano es de 20.000 bolívares, por lo que con la reconversión quedó en 0,02 soberanos, la nueva moneda. Pero la divisa de mayor denominación ahora en circulación es de 0,5. Castro decidió acudir al trabajo «para que me paguen completa la última quincena del mes al menos, porque no sé si después me van a botar o no». Su miedo está justificado. El Gobierno aumentó el salario mínimo un 5.600%, pasando de cinco millones a 180 millones de bolívares (o 1.800 soberanos). «Se hace totalmente inmanejable para una economía que está sumergida en una grave depresión, no existe el nivel de actividad económica, ni el flujo de caja en las empresas para poder cumplir con este incremento», aseguró Carlos Larrazábal, presidente de Fedecámaras, la patronal empresarial. El Gobierno ha ofrecido cubrir 90 días la diferencia hasta llegar al salario mínimo, pero no las escalas superiores. Una promesa que creen «poco creíble por sus dificultades de aplicación, sin olvidar la necesidad de elevar el dinero inorgánico para cumplir con dicha oferta», agregó el empresario.

Venezuela se hunde en el abismo

Muchos locales de Caracas decidieron no abrir, pero no por plegarse a un paro, sino por no saber en cuánto evaluar su mercancía. «Yo vendo aparatos que son importados, me muevo como se mueve el dólar. Entonces yo no puedo salir a poner un precio que luego no me va a permitir ni pagar a mis empleados ni reponer», ilustró un comerciante de la capital venezolana en una tienda de electrodomésticos, pidiendo mantenerse en el anonimato. No quiere conflictos con las autoridades, especialmente después de escuchar a funcionarios del chavismo anunciar que quienes «se vuelvan locos con los precios» irán a la cárcel –el lunes hubo dos gerentes de supermercados detenidos, en Zulia y Carabobo respectivamente– o serán castigados quitándoles la licencia para operar, como prometió el gobernador zuliano Omar Prieto. «Aquí en Caracas eso no lo han dicho, pero es mejor evitarlo».

Rolando vende quesos en un mercado popular del centro de Caracas, Quinta Crespo. Él abrió después de ajustar sus precios. «Yo subí, pero no por el anuncio de Maduro, sino porque la inflación no juega. Subí lo que he subido cada semana desde hace tiempo. Uno va moviendo el precio porque me suben los que yo pago a los proveedores».

Venezuela se hunde en el abismo

El sector privado debe calcular cómo afrontar los nuevos impuestos. El IVA aumentó de 12 al 16% y el impuesto sobre la renta deberá ser pagado por adelantado al Estado, sin tomar en cuenta si hubo ganancias o pérdidas semana a semana. Además, ayer el Banco Central confirmó que la moneda nacional se ha devaluado ya un 96% respecto al dólar.

El economista Alejandro Grisanti critica que el Gobierno le ajuste el cinturón al pueblo, además de prometer que va a subir el precio de la gasolina, pero sin ajustarse el propio. «No se ha habla de reestructuración de gasto público, de disminuir el tamaño del Estado, de cómo parar el inmenso gasto fiscal que no muestra resultados». El plan de Maduro es alcanzar el «déficit cero», pero las previsiones apuntan a un 15% del PIB este año.

Luis Vicente León, director de Datanálisis, apunta que «para Maduro el riesgo social de las medidas puede ser importante en el futuro, pero no en este momento, y la oposición no es una amenaza creíble por ahora, desunida y sin líder. Así que su problema sigue siendo el mismo: los riesgos de implosión en sus propios grupos internos».

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